Los días que preceden al 15 de mayo son frenéticos en D Pertiñez. Ubicada en el corazón del Madrid castizo, esta tienda vive su semana grande con las fiestas de San Isidro. Pero este año, están desbordados. El aluvión de clientes de última hora les ha obligado a tirar de las últimas existencias de su taller, que ya no dan abasto para confeccionar más trajes de chulapo y chulapa. Un boom que tiene una clara protagonista: la juventud madrileña. 

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“Hemos duplicado las ventas”, señala uno de los propietarios, Jorge Pertiñez. En sus años de trayectoria al frente del negocio no había visto una situación similar. La puerta del establecimiento no deja de abrirse para dar paso a todo tipo de peticiones. Claveles, pañoletas, gorras y vestidos, todos están apurando hasta el último minuto para sumarse a la moda de ir con el atuendo tradicional madrileño a la verbena, que no hace más que crecer estos días entre las nuevas generaciones.

Un movimiento que ha llevado a los jóvenes a las tiendas tradicionales, donde buscan hacerse con trajes regionales, y no disfraces. “La gente joven nunca ha dejado de ir a la pradera, pero iba como una fiesta más”, manifiesta. Ahora, han recuperado el sentido de San Isidro como una celebración de las fiestas y las tradiciones madrileñas. Eso sí, con un toque de renovación para una de las celebraciones más icónicas de la cultura castiza.

San Isidro triunfa en las redes

“Cuando vengas a Madrid pedazo de guapa, voy a comerte la boca en la Puerta del Sol”, dicen los primeros versos del chotis que compuso Pablito Tedeka hace un año, pero que ha triunfado en este San Isidro. El joven madrileño ha sabido captar tan bien el renovado interés de los jóvenes por la verbena que el Ayuntamiento ha escogido su canción para acompañar al anuncio en redes de las fiestas.

Un movimiento que ha crecido como la pólvora durante las últimas semanas, precisamente en las redes sociales. Varios creadores de contenido han comenzado a compartir vídeos donde animan a sus seguidores a abrazar la tradición de ir a la pradera vestidos con el atuendo más castizo. Ya sea por Tik Tok o Instagram, el mensaje ha calado entre los jóvenes. 

Es el caso de Irene y Nuria, dos hermanas que este año han decidido que ya es hora de reivindicar el traje regional de su ciudad. Después de la Feria de Sevilla, Irene ha visto “un montón” de vídeos que ponían en valor la vestimenta de chulapa: “Las valencianas tienen su traje, las sevillanas el suyo, ¿por qué yo no puedo tener el mío?”, se pregunta la mayor de las hermanas, de 28 años. 

Ha llegado tarde para San Isidro, porque la falda que le gusta le queda grande, y ya no quedan de su talla. Pero para ella ya no importa solo la fiesta concreta, sino celebrar las tradiciones de su ciudad. Además, quizás consiga una para la verbena de la Paloma en agosto. 

Su hermana pequeña tampoco ha conseguido un traje de chulapa a tiempo para estas fiestas, pero tanto ella como sus amigas tenían ganas de vestirse para este San Isidro. “En redes aparece contenido de la feria, las rosquillas y los trajes. Ya que vivo aquí también quiero disfrutarlo”, añade.

Jorge Pertiñez, copropietario de D Pertiñez | Israel Cánovas

Las verbenas ya no son solo para mayores

A sus 24 años, Nuria admite que en los últimos tiempos la gente joven iba a la pradera “de botellón”, como a unas fiestas de barrio más. Se había perdido la esencia de San Isidro, lamenta. 

Pero los tiempos han cambiado, y las nuevas generaciones vuelven a estar interesadas en mantener vivas las tradiciones de la capital. Los hermanos Pertíñez lo han visto comprobado en el último año: un 70% de sus clientes eran jóvenes. Un cambio que podría asegurar la pervivencia del negocio familiar, que en sus 35 años de vida no ha visto un momento tan bueno como éste. 

Las valencianas tienen su traje, las sevillanas el suyo, ¿por qué yo no puedo tener el mío?

IRENE, 28 AÑOS

Cuando Jorge comenzó a trabajar en la tienda hace cinco años (antes estaba a cargo del taller), lo primero que escuchó es que su futuro peligraba porque tenían un público muy mayor. Y no solo el negocio, sino que el mundo chulapo “iba cuesta abajo”. En las fiestas de la Paloma hace tres años, el propietario de Pertíñez solo vio a una persona menor de 50 años: “Que era la nieta de una que estaba allí”.

Una impresión compartida por Irene y Nuria: “Había una imagen de que solo la gente de 60 años para arriba iba a la pradera”, comentan. Ahora, entre los chulapos de la tercera edad se cuelan también millennials y centennials

Una joven rebusca entre las prensas de ropa | Israel Cánovas

Entre los percheros con las últimas existencias de faldas, vestidos y chalecos, tres amigas discuten sobre estampados y colores. Han venido en el último momento a por un traje para Cameron, una estudiante de intercambio canadiense que ha cursado en España el último año de bachillerato. Está muy emocionada por sumarse a esta parte de nuestra cultura: “Creo que es hermosa”. 

Le acompaña Almudena, de 18 años. Cuando era niña, su madre confeccionaba su traje de chulapa, pero abandonó la tradición durante la adolescencia. Este año, le ha pedido que le vuelva a bordar un vestido. “Se puso muy feliz porque me volviese a interesar por ello”, comenta sonriente.

Nuevas tendencias para la moda chulapa

Traje, pañoleta blanca, claveles y mantón de manila para las chicas, y chaleco y boina para los chicos. El atuendo tradicional de los chulapos queda muy claro. Sin embargo, las nuevas generaciones están introduciendo alteraciones a la vestimenta clásica. “Los jóvenes son rompedores y hacen pequeñas modificaciones que a mí me encantan porque les ayudan a integrarse”, subraya Jorge Pertíñez. 

A lo mejor no son fiestas tan sofisticadas como la Feria de Sevilla, pero seguimos teniendo ese sentimiento de ser madrileños

JOSÉ, 29 AÑOS

Una de las novedades son los chalecos para las chicas. Muchas han descartado las faldas largas y han abrazado el traje típicamente masculino. Esta semana llegó una niña a la tienda pidiendo un chaleco “que le quedase corto y bien entallado” y una gorra de chulapo. “Y le quedaba espectacular”, añade el propietario. 

“Me parece genial”, señala José, que no ve ningún problema en que las chicas se vistan de chulapo si les apetece. A sus 29 años, ha decidido animarse por primera vez a portar el traje regional para este San Isidro. Él y su grupo de amigos se han puesto de acuerdo para ir todos conjuntados a la pradera. 

Al igual que otros, anhelan el mismo sentimiento de arraigo que existe en otras partes de España con sus fiestas regionales: “A lo mejor no son fiestas tan sofisticadas como la Feria de Sevilla, pero seguimos teniendo ese sentimiento de ser madrileños”. Le da la sensación de que Madrid ha perdido su identidad con el tiempo, así que apuesta por que los jóvenes la recuperen. 

Vestidos de chulapa Israel Cánovas
Vestidos de chulapa Vestidos de chulapa
Bordado de mantón Israel Cánovas
Bordado de mantón
Gorras de chulapo Israel Cánovas
Gorras de chulapo Gorras de chulapo
Faldas de chulapa Israel Cánovas
Faldas de chulapa Faldas de chulapa
Detalle de una falda Israel Cánovas
Detalle de una falda Detalle de una falda
Mantón de manila Israel Cánovas
Mantón de manila Mantón de manila
Chalecos de chulapo Israel Cánovas
Chalecos de chulapo Chalecos de chulapo

Un relevo en todos los niveles 

El gusto joven por la moda chulapa no se limita solo al público. También los sastres y modistas están dando el relevo a los más veteranos en la confección de los atuendos tradicionales. Alba Romero trabaja desde hace unos meses en D Pertiñez. 

“Una de las razones por las que me contrataron fue para poder atender al público de mi generación, porque ha sido una burrada la cantidad de gente que ha apostado por venir”, explica la joven modista de 24 años. Siempre tuvo claro que quería dedicarse a la moda, pero nunca imaginó que se especializaría en este tipo de vestidos. De hecho, confiesa que, cuando comenzó a trabajar en este mundo, no le gustaban los trajes de chulapa. Ahora le encantan.  

Alba Romero con una clienta | Israel Cánovas

Mientras despacha a los clientes de última hora, que llegan buscando sobre todo complementos como pañoletas, claveles o pendientes, se muestra feliz por el boom chulapo que están protagonizando los jóvenes madrileños. “Los adultos se quejan mucho de las redes sociales, pero también tienen sus efectos positivos como este”. Una celebración de las tradiciones madrileñas, olvidadas hasta hace poco: “No hay nada más bonito que la comunidad”.