El papa León XIV ha protagonizado su primer discurso en Barcelona hablado fluidamente en catalán para acercarse a los fieles, se ha referido expresamente a Cataluña como una "región". Ayer Nogueras aprovechó la presencia del Sumo Pontífice en el Congreso para pedirle que hablase en catalán y expresó sus deseos de que disfrutase de "Cataluña, mi nación".

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Este significativo mensaje se ha producido durante la homilía pronunciada tras el rezo de la hora sexta en la Catedral de Santa Cruz y Santa Eulalia. En su discurso, el pontífice estadounidense ha querido alternar de forma constante el uso del español y el catalán para dirigirse directamente a todos los "barceloneses y catalanes" congregados.

Durante su intervención, el pontífice ha animado a los presentes a proclamar ante la Iglesia que "esta ciudad y esta región" representan un amplio llamado a la fraternidad cristiana.

El núcleo central de su mensaje ha consistido en pedir a los ciudadanos que asuman el papel de "constructores de unidad". El papa ha recordado que Barcelona es llamada la 'Cap i Casal de Catalunya', una posición que, según ha destacado, otorga a esta comunidad una vocación y una responsabilidad muy especial para alcanzar dicha cohesión con la ayuda de Dios.

Ampliando su visión hacia un contexto global, León XIV ha lamentado que vivimos en un mundo desgarrado por las guerras y las divisiones, dentro de una sociedad cada vez más fragmentada e individualista. Frente a este escenario, ha incitado a los fieles a ser "testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz", incluso si este camino exige sacrificios y renuncias personales.

La petición de unión no se ha limitado únicamente al ámbito social o político, sino que también ha apelado directamente al seno de la propia Iglesia catalana. El pontífice ha rogado a la Virgen María que les ayude en esta misión y ha invitado a todos los fieles y pastores a renovar el propósito de caminar juntos tras las huellas de Cristo.

En su discurso, el papa también ha querido alabar de forma explícita la incansable labor de todas aquellas personas que, alejándose de cualquier tipo de polarización, se entregan diariamente para "construir armonía y comunión". En este sentido, ha animado a difundir en todos los ámbitos un clima de familia donde prime la solidaridad, la misericordia, la atención recíproca y el perdón.

Finalmente, el líder de la Iglesia católica ha concluido su intervención asegurando que el hecho de trabajar juntos "no es una elección de estilo, sino una necesidad fisiológica" fundamentada en la gracia divina. A modo de advertencia y cierre, ha pedido firmemente a los presentes no permitir que absolutamente nada destruya esa unidad esencial hacia cuya plenitud son conducidos día tras día.