El Real Jardín Botánico Alfonso XIII se quedó pequeño anoche cuando tocó Yerai Cortés. Ni un hueco libre en la grada, ni un hueco libre en la pista. A las 22.00 horas, cuando el guitarrista alicantino salió al escenario, ya no cabía nadie más. El termómetro rondaba los 32 grados, pero el jardín parecía un oasis: minutos antes del concierto todo el mundo estaba disfrutando de los food trucks, las sillas de playa y un gran ambiente. Ese calor no espantó a nadie y la gente esperaba en sus sitios, abanico en mano.
Antes de Cortés, el jardín recibió a Naïka. La cantante y compositora estadounidense, de origen franco-haitiano, abrió la noche con una propuesta muy distinta a la que vendría después: voz suave, ritmos que bebían del R&B y el soul, una puesta en escena mucho más desnuda. Temas como '6:45' templaron poco a poco al público. Fue el aperitivo perfecto, en otro registro, para lo que llegó después.
Cuando Cortés salió, lo hizo puntual y rodeado por sus coristas. El arranque tuvo un aire íntimo, con la única iluminación de las linternas de los móviles de su elenco. Pero la penumbra del inicio no duró toda la noche: en varios temas, la iluminación se rompió de golpe y el jardín se llenó de colores vivos que bañaron los árboles, mientras Cortés quedaba a contraluz, recortado sobre el escenario, convertido casi en una silueta.
Sobre el escenario, Yerai se volcó en la guitarra de forma magistral, dejando que el peso del compás recayera en sus coristas, quienes blindaban su figura con palmas y jaleos constantes. El ambiente cambiaba con total naturalidad: se pasaba de esa energía desbordante a un silencio sepulcral en los pasajes que así lo requerían. Un respeto absoluto por parte de un público que enmudecía por completo, conteniendo el aliento para no perderse ni un solo matiz de los que brotaban de las manos de Yerai.
Arrancó con 'Taranta de Alicante', uno de los cortes de 'Popular', el nuevo disco que venía a presentar y que llenó buena parte del repertorio de la noche junto a otros temas nuevos como 'Ni en los puertos italianos' o 'Ni en los cafés parisinos'. El público, entregado desde el primer acorde, acompañó cada canción con palmas y vítores. Temas como 'Piopioo' o 'Roto x ti' levantaron a la grada y a la pista por igual. No fue una excepción puntual: canción tras canción, una parte del público se ponía en pie.
Cortés también dejó hueco para el trabajo que le dio a conocer, rescatando composiciones como 'Por tu silencio lloro' o la icónica 'Los Almendros', el tema junto a La Tania que le valió el Goya a mejor canción original. Un guiño que el público reconoció enseguida y que conectó directamente con el fondo emocional tan característico del guitarrista.
Esa misma sensibilidad, la de un artista que convierte su biografía en música, es la que sostuvo cada acorde de la noche, el mismo viaje que quedó retratado en 'La guitarra flamenca de Yerai Cortés' (2024), el documental con el que C. Tangana, debutó como director. La película, premiada con el Goya a mejor película documental en 2025, sigue a Cortés en un proceso creativo marcado por la pena y la reconciliación familiar, un ejercicio terapéutico que anoche se sintió vivo y latente sobre el escenario.
Durante poco más de una hora, el concierto fue de menos a más. Y, según avanzaba, el calor inicial dio paso a una brisa suave que se coló entre el público. El final se convirtió en una especie de juerga flamenca en la que todos los músicos se despidieron del público por todo lo alto. Las ganas de más se quedaron flotando en el jardín, como esa brisa que acompañó el concierto hasta el final.
Te puede interesar