Las autoridades francesas han ofrecido este domingo un primer balance provisional sobre el impacto humano de la extrema ola de calor que azota al país. Según datos difundidos por la agencia Santé publique France, se han registrado alrededor de 1.000 muertes adicionales desde el pasado miércoles 24 de junio, coincidiendo con el pico de un episodio canicular que se ha prolongado durante más de una semana.

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El organismo, dependiente del Ministerio de Sanidad francés, ha detallado que el exceso de mortalidad afecta a todos los tramos de edad, aunque se concentra muy especialmente en los mayores de 65 años, quienes representan el 85 % de los casos descritos. Asimismo, las autoridades han advertido de un notable repunte del 40 % en los fallecimientos ocurridos directamente en los domicilios.

Esta tendencia al alza es especialmente aguda en las regiones que han permanecido bajo alerta roja en las últimas jornadas, tales como Isla de Francia (la región parisina), Nueva Aquitania, Bretaña, Centro-Valle de Loira, Normandía y Países del Loira. Con todo, la agencia sanitaria insta a interpretar este balance con cautela. Al fundamentarse exclusivamente en los certificados electrónicos de defunción, los expertos asumen una infravaloración de los datos y auguran que la cifra final de mortalidad será más elevada. Los se suman a las impactantes cifras por ahogamientos, que ayer se actualizaron a 55 en los últimos días.

La ola remite, pero lo peor está por llegar

La situación evoca de forma inevitable los fantasmas del pasado. Según recuerda el diario Le Monde, este tipo de catástrofes climáticas reactiva la memoria de la histórica ola de calor de agosto de 2003, que colapsó los servicios de urgencias y las funerarias del país dejando un saldo de 15.000 fallecidos, y que forzó una profunda reestructuración de los protocolos de alerta sanitaria en el país vecino.

Aunque el episodio actual comienza a remitir, el Ejecutivo francés ya advirtió este sábado de que los peores "efectos sanitarios" de esta masa de aire extremo están aún por llegar. Las autoridades prevén que los casos de deshidratación, el agravamiento de patologías crónicas y los ingresos hospitalarios diferidos se mantengan en niveles muy elevados durante los próximos días debido al efecto acumulativo del calor en el organismo.

En su última actualización, la agencia estatal Météo France ha reducido la máxima alerta (el nivel rojo) a solo dos departamentos del noreste del país, el Alto Rin y el Bajo Rin, cuya desactivación está prevista para la noche de este domingo. No obstante, casi la mitad del mapa francés permanece bajo aviso naranja debido a las altas temperaturas –que rozarán los 30 °C en ciudades como París o Marsella– y a la entrada de un frente de fuertes tormentas con granizo y rachas de viento que ya cruzó parte del territorio la pasada noche.