El inspector Rafael Salvador Moreno, durante años jefe de la Policía Judicial de Sevilla y uno de los investigadores que dirigió algunas de las causas de corrupción más relevantes de Andalucía como el caso ERE y el de Aznalcóllar, ha puesto este vienres fin a casi seis años de sospechas, presiones y reuniones que, según ha podido saber El Independiente, perseguían un único objetivo: localizar unas supuestas grabaciones comprometedoras sobre dirigentes del Partido Popular que, asegura, jamás existieron.
Tras declarar como testigo este viernes ante el juez de la Audiencia Nacional que investiga el denominado 'caso Leire', el veterano policía ha explicado a El Independiente cuál cree que era el verdadero propósito de quienes se acercaron a él a través de la exmilitante socialista Leire Díez. Según su relato, los integrantes de la trama estaban convencidos de que conservaba un material con potencial para comprometer políticamente al PP. Un material que, afirma, nunca tuvo.
"Venían buscando eso"
Según explica, el origen de toda la historia fue un rumor que comenzó a circular hace años en determinados ámbitos políticos y policiales. "Se corrió la voz, se corrió el rumor de que yo tenía grabaciones. Y eso es mentira, tan falso como que esa persona haya existido nunca. Pero ese rumor perdura. Creo que lo que venían buscando era eso", explica.
Precisamente en el marco de esa búsqueda se produjeron los encuentros con Leire Díez cuyas conversaciones, tal y como publicó este periódico, fueron grabadas sin el consentimiento del inspector pese a que éste le había advertido expresamente de que no autorizaba ni el registro de aquellas reuniones ni la utilización de su testimonio para respaldar ninguna investigación o publicación.
Todo comenzó en 2018, cuando Leire Díez se puso en contacto con él. Le explicó que era una "freelance cántabra" y que estaba preparando un libro sobre el caso de los ERE y quería conocer cómo se había desarrollado una de las investigaciones de corrupción más importantes de Andalucía. Salvador Moreno aceptó reunirse con ella. "Me llama a colación de que se haya publicado un libro acerca del tema de los ERE... Yo le ayudo y le digo dónde están esas cosas, me refiero a los 'intrusos'. Era una trayectoria muy compleja", explica.
"Un timo"
Durante aquellas primeras conversaciones, el inspector creyó que el interés de Díez era exclusivamente documental. Incluso trató de explicarle algunos aspectos de la investigación que, en su opinión, habían sido mal interpretados durante años. Sin embargo, con el paso del tiempo empezó a desconfiar. "Yo he hecho muchos años de delincuencia económica. Un timo se le ve a una legua", responde risueño.
Durante un tiempo, los contactos continuaron de forma intermitente. Aunque el supuesto libro sobre los ERE seguía siendo el motivo formal de las conversaciones, Leire Díez fue introduciendo cada vez con más frecuencia referencias a supuestas actuaciones irregulares de policías y fiscales y a la existencia de una trama de las denominadas "cloacas" del Estado. Salvador Moreno asegura que escuchaba aquellas afirmaciones, pero las interpretaba como parte de las hipótesis que ella manejaba para su libro. "Yo le respondía desde mi experiencia y desde los procedimientos que conocía", explica. Finalmente, dejaron de hablar.
Leire le presentó a Dolset
El cambio llegó en 2024. Leire Díez volvió a contactar con él después de mucho tiempo y le propuso aprovechar un viaje que el inspector iba a realizar a Zaragoza para reunirse de nuevo. Hasta ese momento habían hablado del libro años atrás, pero en aquella reunión, Leire Díez le presentó a Javier Pérez Dolset."En ese momento, la historia cambia absolutamente", resume.
Según relata el inspector, Pérez Dolset comenzó a exponerle que había sido víctima de una actuación irregular de la Policía durante la investigación que le afectó en el marco del 'caso Sandro Rosell'. Le pidió que analizara la documentación del procedimiento porque, según le trasladó, existían irregularidades que demostrarían la existencia de una actuación policial ilícita. Salvador Moreno aceptó revisar el expediente, pero únicamente desde un punto de vista técnico.
Su conclusión fue que no encontró ninguna irregularidad. "No había nada. Absolutamente nada. Estaba perfectamente legal y agotado conforme a los procedimientos que utilizamos." Fue en ese momento cuando empezó a sospechar que el supuesto libro sobre los ERE había dejado de ser el verdadero motivo de aquellas reuniones. "Aquello ya me sonaba a encerrona."
"¿Sabes quién me manda?"
A partir de entonces, explica, las conversaciones dejaron de centrarse en investigaciones ya concluidas y comenzaron a dirigirse hacia una supuesta trama policial contra distintos investigados. Poco después empezaron también las preguntas sobre unas supuestas grabaciones que podían comprometer al Partido Popular. El agente ha confirmado que nunca existieron esas grabaciones, y que era un rumor pero que tiempo antes, otras "personas del PSOE" habían "venido preguntándome por esos audios".
El inspector asegura que rechazó desde el principio implicarse en cualquier iniciativa que excediera el análisis técnico de los procedimientos que conocía. Sin embargo, la insistencia continuó. Fue en una de esas conversaciones cuando, según recuerda, Leire Díez trató de reforzar la importancia de la operación recurriendo a quién estaba detrás de ella.
"¿Sabes quién me manda?", le preguntó. Ante la respuesta negativa del inspector, ella añadió una frase que, años después, sigue recordando con nitidez: "A mí me manda el que más manda." Salvador Moreno asegura que interpretó aquellas palabras como una referencia a alguien situado en las más altas instancias del poder, pero su respuesta fue inmediata: "Por mí, como si te manda el Papa."
Aquella conversación, explica, no alteró su postura. Al contrario. Reforzó la convicción de que no debía implicarse en una estrategia que, a su juicio, ya poco tenía que ver con el supuesto libro que había servido de pretexto para contactar con él años antes.
Una reunión en Madrid
La negativa del inspector a respaldar la tesis que le planteaban no puso fin a los contactos. Al contrario. Según explica, las llamadas continuaron. El siguiente paso fue intentar implicarle de forma más directa.
En una de esas conversaciones, Leire le propuso desplazarse a Madrid para mantener una reunión con abogados y periodistas que preparaban acciones judiciales contra varios responsables policiales. Querían, según recuerda, que aportara su experiencia para reforzar la versión de que existía una trama de corrupción dentro de la Policía. Salvador Moreno rechazó ir a esa reunión desde el primer momento.
"Me dicen: 'Estamos preparando una querella contra esta mujer [Mercedes Alaya, jueza del caso ERE] y hay un primer espada del periodismo'. Yo les respondí: 'Haced lo que os parezca. Yo no voy a participar en nada. No voy a dar ninguna conferencia ni ninguna entrevista. No estoy dispuesto a inmolarme'."
El inspector asegura que esa respuesta no frenó la insistencia. Según su relato, poco después incluso llegaron a plantearle qué necesitaba para colaborar. "Me dicen: '¿Tú qué quieres a cambio?'. Y yo les respondí: 'A día de hoy tengo los deberes hechos. He hecho los deberes durante toda mi vida y no necesito absolutamente nada, ni quiero nada'." A esas alturas, sostiene, ya tenía claro que el objetivo de quienes se habían acercado a él nunca había sido escribir un libro sobre los ERE.
El rumor de unas grabaciones
Con el paso del tiempo, Salvador Moreno terminó convencido de que todas aquellas reuniones, llamadas e intentos de captación respondían a una misma finalidad: localizar unas supuestas grabaciones comprometedoras sobre dirigentes del Partido Popular. Según explica, todo partía de un rumor que llevaba años circulando y que atribuía al exjefe de la Policía Judicial la custodia de un material sensible relacionado con dirigentes del PP.
"Se corrió la voz, se corrió el rumor de que yo tenía grabaciones. Y eso es mentira, tan falso como que esa persona haya existido nunca. Pero ese rumor perdura. Creo que lo que venían buscando era eso." El inspector sostiene que quienes contactaron con él estaban convencidos de que aquellas grabaciones existían y de que él podía entregarlas o indicar dónde se encontraban. "Pensaban que yo tenía el arma atómica."
A su juicio, llegaron incluso a creer que ese supuesto material ya había acabado en manos de terceras personas. Fue durante ese periodo cuando se produjeron las reuniones cuyas conversaciones, como publicó El Independiente, fueron grabadas sin el consentimiento del inspector. En aquellos encuentros, Salvador Moreno advirtió expresamente a Leire Díez de que no autorizaba ni que se registraran las conversaciones ni que su testimonio fuera utilizado para respaldar ninguna investigación o publicación. Pese a ello, los encuentros quedaron registrados y los audios terminaron incorporándose al procedimiento que instruye la Audiencia Nacional.
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