Este fin de semana, Madring ha dejado de ser el proyecto que durante meses existía únicamente sobre planos, renders y simuladores para convertirse en una pieza más del Mundial de Fórmula 1. El circuito, levantado alrededor de IFEMA y las calles de Valdebebas, cuenta con 5,4 kilómetros y 22 curvas y ha estrenado su primer Gran Premio con las entradas agotadas y una previsión de cerca de 350.000 asistentes entre el viernes y el domingo.

Llegar hasta el circuito ya permite hacerse una idea del despliegue que acompaña a una cita de estas dimensiones. Desde los primeros controles tras abandonar la M-40 hasta las inmediaciones de IFEMA, la carretera se llena de vehículos y efectivos de seguridad: furgones, unidades caninas y agentes cuya presencia aumenta a medida que uno se acerca al trazado. La Policía Nacional ha desplegado más de 1.300 agentes durante los tres días del Gran Premio, dentro de un dispositivo diseñado específicamente para un recinto que puede reunir a más de 330.000 personas durante el fin de semana.

Madring está dividido en dos zonas, Norte y Sur, separadas por la M-11 y sin conexión peatonal entre ellas, por lo que la Policía ha planteado un dispositivo "espejo", con estructuras operativas duplicadas para atender ambos sectores de forma autónoma. Sobre el terreno se mezclan agentes de Seguridad Ciudadana, UIP, Caballería, Guías Caninos y Subsuelo, además de los TEDAX y el GEO, mientras helicópteros y drones mantienen la vigilancia desde el aire.

Una vez dentro, la magnitud del recinto se hace todavía más evidente. Moverse a pie de un punto a otro deja de ser una opción razonable y el circuito vive sometido a un trasiego constante de buggies que trasladan de un lado a otro a invitados VIP, periodistas acreditados y rostros conocidos. El propio Fernando Alonso protagonizó el viernes una de las imágenes más comentadas de la jornada. Trajeado y después de terminar los primeros entrenamientos libres, el piloto decidió recorrer las instalaciones subido a un patinete eléctrico en lugar de esperar a uno de los vehículos que circulan continuamente por el paddock.

Fernando Alonso llegando al Gran Premio de España de F1 en Madring. | Europa Press

El paddock se ha convertido, además, en uno de los grandes puntos de encuentro de las caras conocidas que han pasado por Madring durante el fin de semana. David Beckham, Zinedine Zidane, Luis Fonsi, Thibaut Courtois, Éder Militão, Fernando Torres, Álex Baena o Robin Le Normand se han dejado ver por las instalaciones, junto a invitados de las escuderías, patrocinadores y otras personalidades del mundo del deporte y el espectáculo.

A ellos se han sumado también nombres habituales de la crónica social y política como Eladio Carrión, Victoria Federica de Marichalar, Isabel Díaz Ayuso, Marta Hazas o Vicky Martín Berrocal, que han contribuido a convertir el Gran Premio en algo que va mucho más allá de lo que ocurre sobre el asfalto.

Y es que, fuera de los boxes, Madring tiene poco que ver con la imagen tradicional de un circuito. Hay puestos de comida prácticamente en cada recorrido y la oferta gastronómica va bastante más allá de los habituales food trucks con hamburguesas y patatas fritas, aunque estos tampoco faltan. Jamón Joselito, tortillas de La Martinuca, pizzas, sushi y diferentes propuestas se reparten por el recinto, mientras que las zonas de hospitality ofrecen una experiencia mucho más cuidada, con restaurantes, terrazas, música y espacios privados. El Club 91, situado junto a la recta principal, concentra una de las propuestas más exclusivas, mientras que otros espacios como Ignition, El Mirador o Traction Club llevan la experiencia a diferentes puntos del trazado. La organización ha incorporado, además, chefs con estrellas Michelin, música en directo, simuladores y actividades vinculadas a la Fórmula 1.

En las zonas abiertas al público, el ambiente es diferente, pero la actividad tampoco se detiene. Hay DJs durante buena parte de la jornada, pantallas que permiten seguir las sesiones y simuladores en los que los aficionados pueden probar el propio Madring antes de que los pilotos vuelvan a salir a pista. Las gorras de Fernando Alonso y las de Ferrari aparecen por todas partes, mezcladas con camisetas de McLaren, Mercedes, Red Bull y Williams. Algunos aficionados llegan con la camiseta de su piloto favorito; otros llevan banderas, cascos de cartón o cualquier elemento que permita identificar rápidamente a quién han venido a apoyar.

La hora de la verdad llega a Madring

Mientras todo eso ocurre alrededor del trazado, los monoplazas empiezan a poner a prueba un circuito que hasta ese momento había sido, sobre todo, virtual. La pista combina tramos urbanos con secciones construidas específicamente para el trazado y presenta algunos de los elementos que más están dando que hablar entre los pilotos.

Hay muros muy próximos, curvas de alta velocidad y pocos lugares en los que un piloto pueda intentar un adelantamiento con garantías. La gran protagonista es La Monumental, la curva 12: un tramo de unos 550 metros y hasta un 24% de peralte que gira alrededor de una de las zonas con mayor concentración de público.

Un monoplaza de Fórmula 1 toma la curva de la Monumental durante el Gran Premio de España en Madring. | Israel Cánovas

El viernes también dejó las primeras escenas propias de cualquier estreno. Arvid Lindblad perdió el control de su Racing Bulls en la curva 13 y provocó una bandera roja, mientras que Lando Norris apenas pudo rodar en los segundos libres por un problema relacionado con la caja de cambios. Fernando Alonso, por su parte, sufrió problemas de embrague que limitaron su sesión. En pista, George Russell fue el más rápido en los primeros libres y Kimi Antonelli terminó el día con el mejor tiempo de la segunda sesión, dejando ya las primeras pistas sobre la igualdad que podía esperarse para el resto del fin de semana.

El sábado, además, comenzó con movimiento incluso antes de que los monoplazas volvieran a pista. En las inmediaciones de La Monumental, la Policía tuvo que intervenir en una grúa de unas obras próximas después de que varias personas subieran hasta la estructura, aparentemente con intención de colocar una pancarta. La escena llamó la atención desde el propio recinto, con los agentes desplazándose hasta la zona mientras alrededor continuaba la actividad habitual del Gran Premio. Poco después, ya dentro del circuito, otra situación hizo que todas las miradas se dirigieran hacia una de las zonas del recinto: Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida tuvieron que atender a una persona que había sufrido un desvanecimiento.

La mañana también dejó más trabajo para los equipos. Lewis Hamilton sufrió un accidente en la última curva durante los terceros libres y Oliver Bearman tuvo otro golpe que dejó su coche fuera de la clasificación. El trazado puso así a prueba la precisión de los pilotos y confirmó algunas de las dificultades que ya habían señalado durante las primeras sesiones.

Carlos Sainz lo definió estos días como una combinación de «Jeddah, Bakú y Macao» y señaló especialmente la curva 18 y la zona de La Monumental como dos de los puntos más exigentes. Fernando Alonso, después de los primeros entrenamientos, apuntó también a la dificultad para adelantar y a la importancia de acertar con la temperatura de los neumáticos y la carga de batería en un circuito en el que una pequeña pérdida de control puede tener consecuencias inmediatas.

El inglés Lando Norris (McLaren), saldrá desde la 'pole' este domingo en el Gran Premio de España | EFE

La clasificación llegó por la tarde y confirmó que cada detalle iba a contar. Lando Norris consiguió la primera pole de la historia de Madring por apenas once milésimas sobre Kimi Antonelli, con Max Verstappen tercero y Lewis Hamilton cuarto. Los dos pilotos españoles se quedaron fuera en la Q1: Carlos Sainz fue decimoséptimo y Fernando Alonso decimoctavo. Sainz, además, recibió después una penalización de tres posiciones por obstaculizar a Valtteri Bottas. La igualdad fue máxima durante buena parte de la sesión: los cinco primeros terminaron separados por apenas dos décimas y, en un circuito en el que adelantar parece especialmente complicado, cada milésima adquiere todavía más importancia.

Cuando los monoplazas dejan de rodar, Madring sigue vivo. Los mecánicos continúan trabajando en los garajes, los equipos ultiman sus preparativos y los aficionados se reparten entre los puestos de comida, los simuladores y las diferentes zonas de ocio. A última hora del sábado, mientras parte del público comienza a abandonar el recinto, en los boxes ya se trabaja pensando en las 57 vueltas del domingo. Queda la carrera y queda comprobar cómo responde el circuito cuando llegue el momento de la verdad, pero Madring ya ha dejado atrás su estreno sobre el papel y ha completado sus dos primeros días como escenario real de un Gran Premio de Fórmula 1.