Juantxo Domínguez, presidente de RedUne, lleva años trabajando en la prevención de los grupos sectarios y en la atención a sus víctimas. Recientemente, una sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid señaló que "limitar la posibilidad de calificar a una religión como secta sería como impedir que una persona atea o agnóstica se declare como tal", en un pronunciamiento que ampara, en determinadas circunstancias, este tipo de expresiones sobre los Testigos de Jehová en el marco de la libertad de expresión.
En un contexto en el que las redes sociales han transformado las formas de captación, Domínguez advierte de que estos grupos no se limitan al ámbito religioso y pueden aparecer vinculados a pseudoterapias, criptomonedas o centros privados de adicciones. En esta entrevista, explica cómo funcionan los mecanismos de captación y sometimiento, qué perfiles pueden ser más vulnerables y qué ocurre cuando una persona decide abandonar uno de estos grupos.
P.- ¿Qué diferencia existe entre pertenecer a una religión minoritaria y formar parte de una organización coercitiva?
R.- Estar dentro de una religión minoritaria, sea religiosa, filosófica o espiritual, no tiene ninguna cuestión negativa ni perjudicial. La cuestión radica en cuando un grupo religioso o dogmático actúa de forma inquisitiva, es decir, ejerciendo un sometimiento hacia las personas, hacia sus adherentes, de forma vertical, sin dejar opciones a la disidencia. Especialmente cuando marca pautas totalitarias, tanto a las víctimas como a su relación con el exterior. Y también cuando el jefe ejerce una manipulación psicológica.
P.- Habla de grupos coercitivos. ¿Qué diferencia mantienen con una secta?
R.- Secta es una denominación académica que surge de un grupo minoritario y no tiene por qué ser peyorativo. De hecho, llamar a un grupo secta no implica ningún delito. Por ejemplo, cuando hablamos de los Testigos de Jehová. Un juzgado determinó que se podría denominar secta. El apellido coercitivo es lo que va a la raíz del comportamiento del grupo y de la entidad.
P.- ¿Cómo funciona el proceso de captación? ¿Qué suele ocurrir durante las primeras semanas o meses de contacto?
R.- La captación en términos generales ha cambiado drásticamente. Fundamentalmente hace años podía ser a través de una actividad lúdica, en un centro público, en una casa de cultura, en la universidad o en la asociación de vecinos. Ahí se construía el enganche para algo que se veía en los carteles o indirectamente te acercaba a un grupo de índole diversa y variopinta. Desde que existe internet, la captación dura se da en redes sociales. Hoy mismo la primera que hemos atendido es de una chica de Barcelona. Nos decía que su amiga estaba en Moldavia donde había llegado tras conectar con un grupo que está en Instagram y también en Facebook. Ese es ejemplo constante y cotidiano.
P.- Me ha dicho que el componente religioso no debe asociarse a los grupos coercitivos. ¿Puede existir hoy una secta en torno a un influencer o un gurú?
R.- Sí. Hay grupos preestablecidos y que tienen sus redes sociales con sus seguidores y sus actividades. También hay personas que de manera individual ejercen una influencia desde el ámbito pseudoterapéutico, pseudoreligioso, pseudofilosófico. Tienen miles de seguidores. Eso también es un grupo sectario o un grupo coercitivo porque libremente la gente se adhiere; libremente hace seguimiento, y llegado el momento, ejerce cierto sometimiento. Y luego hay grupos muy pequeños que no aparecen por ningún lado a los que es muy difícil hacer un seguimiento.
Le dicen que debe dejar a su pareja porque es un aspecto negativo para su tratamiento
A veces les captan a través de grupos de WhatsApp o grupos de Telegram. Lo fundamental es crear una política preventiva de información. Con la droga, la gente ya sabe a qué se expone. Actúan con su voluntariedad; por supuesto, pero, luego hay una deriva de vulnerabilidad, debilidad, etcétera.
Alguien dice: "No, a mí no me va a pasar eso"; hay gente a la que no le va a pasar algo en el aspecto religioso, por ejemplo, porque pasa de ese tema. Pero puede tener una situación familiar médica en la que se le venden unas expectativas fantasiosas o místicas. También puede haber una pretensión económico. Hay mucha gente que se mete en un grupo de formación en el ámbito de las criptomonedas. Externamente puede parecer algo sano, pero entras por algo y a partir de ahí te van controlando.
P.- ¿Qué cosas cree que el público general entiende mal sobre las sectas, los grupos coercitivos y sobre las personas que forman parte de ellos?
R.- Hay gente muy formada. Ahí también hay un mito que se desmenuza como un castillo de arena, es decir, la gente piensa que las víctimas son personas débiles o incultas. Imagina que tienes una necesidad económica, del tipo que sea. Si vas a una entidad bancaria, como tú no eres economista les crees. La gente suele entrar en los grupos por cuestiones afectivas, personales, las necesidades personales no cubiertas. Lo que no tienen cubierto lo vas a buscar
P.- ¿Cómo funciona realmente la estructura de los Testigos de Jehová?
R.- Los Testigos de Jehová son una entidad americana. Ellos se presentan como un grupo religioso. La realidad es que es una pura empresa espiritual. Ejercen todo tipo de presión y tienen toda esa teología. En lo que se refiere a la captación, sobre todo se hace a través de gente cercana. Hemos visto en el transcurso del tiempo cómo iban por las casas con un muestrario de sus publicaciones por cualquier esquina y en cualquier lugar de España. En un momento dado utilizaban a los niños y las niñas, todos bien vestiditos, con sus maletitas.
Durante el COVID, como no podían ir por las casas, empezaron a acceder a gente de su barrio. Como no tenían sus datos, iban a un portal y sacaban una foto de los buzones, como una forma también de captación. Y luego, aunque era impensable impensable para ellos, han empezado a utilizar ya las redes sociales. Se han ido actualizando porque al final necesitan seguir captando gente.
P.- ¿Qué consecuencias tiene abandonar los Testigos de Jehová?
R.- La primera, de canto, es doctrina familiar. Si sales, vas a romper con tu familia. Hay matrimonios que se han roto porque uno de ellos no compartía o no quería seguir. Los Testigos de Jehová lo que hacen muchas veces es facilitar trabajos, comunicación y ayuda. Como cuando sales de ahí no tienes ningún vínculo con el exterior, tienes que comenzar desde cero. Si sales de un espacio de la noche a la mañana, es como si uno tiene toda su vida en yo que sé en una localidad.
P.- Y desde dentro, ¿qué perspectiva o qué imagen tienen de las personas que no formamos parte de uno de estos grupos?
R.- Somos no solamente bichos raros, sino que somos, algo fuera de contexto. Somos los extraños a su planteamiento.
P.- Actualmente, ¿hay algún movimiento de carácter sectario que le preocupe especialmente por las dinámicas de control que presentan?
R.- Durante la pandemia llamó la atención un proceso sectario, muy constructivo y muy manipulador: estaba relacionado con un grupo de información en criptomonedas. Entró mucha gente joven, miles de personas. La propia policía no daba crédito. Pero lo más preocupante que nos estamos encontrando en los últimos años es un proceder de sometimiento, de control férreo y de manipulación en centros de adicciones privados.
P.- ¿Captaban víctimas de los centros de adicciones?
R.- Exactamente. Los centros privado de adicciones. Poco a poco va a ir saliendo porque el tema se va descubriendo. Pero, básicamente, la situación que se puede dar es que a una persona que está en un centro le dicen que debe dejar a su pareja porque es un aspecto negativo para su tratamiento. La novia se enfada porque se considera un aspecto positivo, a partir de ahí, se pone en contacto con nosotros.
Observamos que la primera técnica que están utilizando es el aislamiento de la persona dentro del centro y externo hacia a sus seres queridos. Con sus seres queridos andan con cuidado porque es quien paga el tratamiento. Tratamientos de 6000 o 7000 euros al mes en algunos casos.
Se aprovechan de la voluntad derivada de su adicción Y a partir de ahí hay un control férreo en cuanto a qué tiene que hacer y qué tienen que dejar de hacer. Tenemos un caso de una persona que ahora mismo nos han llamado, es una persona que lleva 7 años en un centro de adicciones y que ha dilapidado todo su patrimonio inmobiliario para ir abonando las mensualidades. Como el centro sabe que tiene una pensión de las más altas, en vez de estar en un centro, están en un hogar.
P.- Pero, ¿quiere decir que los centros se crean ex profeso para coaccionar a gente?
R.- En los centros de adicciones públicos hay control. Pero hemos descubierto que en centros de adicciones que tienen un comportamiento manipulador, ejercen un sometimiento estricto y exagerado que no se justifica y que es contrario a los derechos humanos. Como son centros privados, nadie los controla y nadie los ha regulado. En estos casos es donde empieza a haber auténticos problemas. Hay dos casos que se están investigando, en el momento en que esos dos casos salgan a la palestra...
P.- ¿Cree que es el caso más hostil?
R.- No, no tiene por qué.
P.- ¿Cuál sería?
R.- Cualquier grupo o influencias relacionado con las pseudoterapias. Esa es la madre de todas las religiones perniciosas. Empiezan diciéndote que te va a curar y no hay ningún control. Por ejemplo, la Terapia Gestalt. El problema de eso es que previamente no han pasado por ninguna facultad de psicología. También están las constelaciones familiares; es una pseudoterapia que hay en las redes sociales, Facebook y sobre todo en Instagram. Tienen miles de personas que ejercen este tipo de terapia libremente.
Cada uno es libre de apuntarse al carro que quiera, pero esa gente no tiene ninguna acreditación de nada. Gente que, por ejemplo, ejerce, el ámbito de la salud en cuanto situaciones de cáncer, la medicina, la nueva medicina germánica. Cuando no había redes sociales y no había esa cobertura, ¿tú cómo llegabas a gente? Por un cartelito. ¿Cuánta gente llegabas por ese cartelito? Pues la gente de tu barrio. Ya no hablamos de opiniones ni de expresiones, sino hablamos de control de tus derechos básicos como persona.
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