La decisión de Gabriel Rufían de tensar la cuerda antes de decidir si acepta encabezar de nuevo la candidatura de ERC a las elecciones generales del 29-N está descolocando a los cuadros, alcaldes y bases de su propio partido que no entienden el "ruido" generado. Rufián no ocultó que para volver a ser candidato debían atender a sus condiciones, entre ellas, ir acompañado de un grupo parlamentario con el que, al menos, se hablase. El catalán se ha quejado no pocas veces de que sus compañeros de escaño están desconectados de la política nacional y lo ejemplifica afirmando con ironía que "no saben ni quién es Víctor de Aldama".
Un complejo sistema de confección de listas
Pero lo de imponer nombres no es sencillo en un sistema como el de ERC que es "muy complejo de confección de listas por agrupaciones y sectoriales", puntualizan fuentes de la izquierda independentista. Y aunque él tenga el aparente beneplácito de su jefe de filas, Oriol Junqueras, para volver a ser el rostro y la voz de ERC en Madrid, no le exime de juntar como poco 400 avales. Y todo ello antes del domingo a las seis de la tarde, salvo que decida romper con su partido y encabezar un amplio frente de izquierdas.
El propio Juqueras también juega a tensar la cuerda, independientemente de que acabe aceptando algunas de las condiciones de Rufián, hoy por hoy, su mejor baza electoral. Lo cierto es que los detractores del colomense, que no son pocos, "están que echan chispas". Los bienintencionados "con el alma el vilo", narran otras fuentes de la izquiera catalana. Y hasta sus partidarios "consideran que los lleva al precipicio".
Desde que empezó a abogar por la unidad de la izquierda radical nacional y periférica ya se comenzó a valorar en su partido la opción de Jordi Albert, hombre de confianza de Junqueras, que está a la búsqueda de avales, pero pocos dan en realidad credibilidad a esta alternativa.
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