El panorama político en Cataluña afronta una reestructuración según los datos del Barómetro de Opinión Política del CEO, que sitúa al PSC como la fuerza más votada pero constata un vuelco histórico en el espacio independentista. La formación encabezada por Salvador Illa obtendría el 21,5 % de los votos y entre 33 y 35 diputados, manteniendo una distancia de 4,3 puntos sobre ERC, que se queda con el 17,2 % y entre 24 y 26 escaños. Sin embargo, la suma de los socialistas con sus socios de ERC y Comuns se quedaría en 67 diputados en el extremo superior de la horquilla, a un solo escaño de la mayoría absoluta en el Parlament.

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La gran novedad de la muestra estriba en el sorpasso de Aliança Catalana sobre Junts, convirtiéndose la formación de Sílvia Orriols en la tercera fuerza política del Parlament con el 15 % de los sufragios y entre 23 y 25 escaños. Este crecimiento se produce a costa del partido de Carles Puigdemont, que cae al cuarto lugar con el 14 % de los votos y entre 18 y 20 diputados, perdiendo entre 15 y 17 representantes respecto a los anteriores comicios. Según el estudio, solo el 60 % del electorado de Junts repetiría su voto, mientras que hasta un 20 % se decanta ahora por Orriols, provocando que el independentismo únicamente pueda alcanzar los 68 diputados de la mayoría absoluta si incluye los votos de Aliança.

El avance ultra no se limita al ámbito independentista, dibujando un hemiciclo donde la extrema derecha pasaría de 13 a un intervalo de entre 35 y 38 diputados, ocupando más de una cuarta parte del Parlament entre Aliança Catalana y VOX. Los de Ignacio Garriga registran un empate técnico con el PP, obteniendo un 9,6 % de los votos y entre 12 y 13 escaños, sumando uno o dos más que en la actualidad, mientras que los populares caen al 9,7 % y pierden de dos a tres diputados. Por su parte, Comuns (entre 5 y 6 escaños) y la CUP (entre 4 y 5) se mantienen estables, en un contexto en el que el 50% de la población se muestra a favor de aplicar un cordón sanitario a las fuerzas extremistas.

En el apartado de liderazgos regionales, Salvador Illa se consolida como el candidato preferido para presidir la Generalitat con un 20% de apoyos, encabezando también los niveles de aprobación ciudadana con un 61% y registrando un rechazo mínimo del 8%. Por detrás en preferencias figuran Oriol Junqueras con el 16%, Sílvia Orriols con el 13% -que supera a Carles Puigdemont, situado en el 11%-, al tiempo que la gestión del Govern monocolor es aprobada por el 64% de los encuestados. Además, el PSC es percibido como el partido más capacitado para gestionar las relaciones con el Estado 22%, favorecer la convivencia 19% y dirigir los servicios públicos 16%.

La proyección sobre las Cortes Generales refleja un comportamiento similar en clave estatal, donde el PSC-PSOE obtendría el 29,6% de los votos y entre 18 y 19 diputados, manteniendo una ventaja de 12 escaños sobre el PP en Cataluña.

Paralelamente, Pedro Sánchez actúa como elemento de cohesión para los electorados de izquierdas de cara a los comicios del 29-N, situándose como el líder estatal preferido 39% y logrando una aprobación del 52%. En este escenario nacional, Junts caería hasta la quinta fuerza política catalana en el Congreso, donde no superaría los cinco diputados.

En cuanto a las inquietudes sociales, la vivienda se sitúa de forma destacada como el principal problema para el 30% de los catalanes, encabezando las prioridades de casi todos los electorados con la excepción de la extrema derecha -que prioriza la inmigración- y del PP, centrado en la seguridad. Entretanto, la preocupación por la inseguridad retrocede tres puntos hasta su nivel más bajo de la legislatura, mientras que el rechazo a la independencia alcanza el 50%, siete puntos por encima de quienes la apoyan 43%, consolidando a la comunidad autónoma como la fórmula de relación preferida.

El sondeo, elaborado a partir de 2.000 entrevistas realizadas entre el 1 de septiembre y el 5 de octubre de 2026, recoge el impacto de un convulso periodo marcado por la crisis de Ceuta, la huelga docente, el desahucio de Maricarmen, el debate sobre la vivienda y los avances de la amnistía. Cuadra así una foto fija donde la insatisfacción con la política se reduce a mínimos de la década y el conflicto entre Cataluña y España deja de estar en el centro de las urgencias ciudadanas, enmarcando un tablero donde la gobernabilidad requerirá de pactos complejos a ambos lados del Ebro.