Era el temor y se confirmó. La ciudad amaneció blindada. El entorno de la Universidad de Deusto, donde Vito Quiles anunció que iba a celebrar su acto en Bilbao, estuvo toda la jornada rodeado de un amplísimo dispositivo policial. Por la mañana y por la tarde, diversas marchas estudiantiles y de jóvenes proclamaron su condición de «antifascistas» para oponerse a la presencia del agitador de extrema derecha. Pero en cuanto Quiles confirmó que no acudiría, que no viajaría a la capital vizcaína, hubo quien siguió con el plan previsto: incendiar las calles.
Cientos de jóvenes, muchos de ellos menores, casi niños, formaban parte de los grupos radicales que bajo la bandera del «antifascismo» sembraron el caos. Emulando los graves altercados ocurridos en otras ciudades europeas y recientemente en Barcelona, grupos de encapuchados, vestidos completamente de negro para dificultar su identificación, comenzaron a ejecutar el plan que el Departamento de Seguridad consideraba premeditado: quema de contenedores, barricadas con fuego, lanzamientos de objetos contra la Ertzaintza y cuantiosos daños en el mobiliario urbano.
Los desórdenes provocaron el colapso en el centro de Bilbao, donde no faltaron conatos de pillaje similares a los registrados en incidentes recientes en el continente. Las carreras de radicales se sucedieron por distintos puntos como el barrio de Deusto, Indautxu o la Gran Vía, mientras muchos de los presentes jaleaban los destrozos, los grababan con sus teléfonos móviles o posaban junto al fuego.
Menores de edad y un sindicato estudiantil abertzale
Poco antes del estallido de la violencia, miles de jóvenes habían secundado las marchas convocadas contra la presencia de Quiles por organizaciones autodenominadas antifascistas, el sindicato estudiantil Euskal Herriko Ikasle Antolakunde Sozialista (IAZ) y plataformas como GKS (Gazte Koordinadora Sozialista). Unas movilizaciones que lograron arrastrar a alumnos de decenas de centros educativos al grito de consignas contra el fascismo y lemas como «Borroka da bide bakarra» (La lucha es el único camino).
El balance provisional de los graves incidentes lo ofreció anoche el consejero de Seguridad, Bingen Zupiria: cerca de una veintena de detenidos, con una notable presencia de menores de edad. «Son acontecimientos perfectamente preparados», advirtió Zupiria, quien mostró su preocupación: «Da la impresión de que alguien está queriendo emular movimientos violentos vistos en otros lugares de Europa». El titular de Seguridad lamentó asistir a «una violencia que no estamos dispuestos a aceptar» y se comprometió a detener a todos los responsables.
El rastro de violencia callejera sacudió zonas neurálgicas en plena hora comercial, provocando momentos de pánico que obligaron a muchos comerciantes a bajar la persiana de forma precipitada. El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, condenó con dureza los hechos: «No son antifascistas, son embajadores del fascismo y de la violencia». Asimismo, emplazó a los sectores de la izquierda abertzale: «Quienes han bebido en las fuentes de la violencia solo saben actuar con violencia; hoy quiero escuchar a quienes reclamaban actitudes antifascistas cómo valoran estos espeluznantes hechos».
Reacciones políticas y cruce de reproches por los disturbios
En el espectro de la izquierda abertzale, solo la portavoz municipal de EH Bildu, María del Río Pereda, expresó a última hora el «rechazo absoluto» de la coalición a los altercados tras calificar de «ejemplares, pacíficas y democráticas» las respuestas populares previas: «La izquierda soberanista no comparte esas actuaciones y se solidariza con la población afectada», trasladó a través de redes sociales.
Hasta la caída de la tarde, la jornada había discurrido bajo una tensa calma. El amplio despliegue de la Ertzaintza convivió con las manifestaciones autorizadas mientras se mantenía la incógnita sobre la llegada del polemista. A media tarde, Quiles anunció en sus canales digitales que suspendía el acto alegando que la propia policía autonómica le había recomendado no viajar ante un riesgo «muy elevado» de altercados graves, asegurando que regresará a Bilbao en próximas fechas.
Cierre preventivo del campus de Deusto
Pese a no pisar suelo vizcaíno, el activista ultraderechista logró situarse en el foco del debate mediático y político tras una gira con paradas previas en Pamplona y Barcelona. Durante toda la jornada avivó la confrontación en redes sociales con mensajes despectivos hacia los manifestantes y alusiones directas al cordón de seguridad que blindaba el acceso a la ría.
El ambiente se había caldeado días antes con los llamamientos a la movilización contra lo que los colectivos estudiantiles tildaban de «provocación». En previsión de disturbios, la Universidad de Deusto optó por suspender las clases presenciales y clausurar sus instalaciones a primera hora de la tarde.
Esta clausura cautelar recibió la crítica directa del consejero de Ciencia y Universidades, Juan Ignacio Pérez Iglesias, quien calificó la medida de «kafkiana» al considerar un error condicionar la vida universitaria y alterar la normalidad de la ciudad por «la presencia de un solo provocador profesional».
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