Hay dos pasiones en la vida de Haizea López. Una se la inculcó su madre: los libros, el thriller y el suspense. La otra la recuperó tras un bache de salud: correr maratones. Antes fue el fútbol. No tardó en descubrir que escribir se le daba bien. Comenzó explorando la escritura a los 12 años, se lanzó a la novela a los 16 y se consolidó como autora apenas una década después. Fue su profesora de literatura la que vio en ella el potencial que rezumaba su primera novela.
Desde entonces, el camino ha sido complejo y fructífero. A sus 33 años, en algunas editoriales aún ni siquiera le recogerían un borrador. La limitación de edad con la que muchas operan es la que le llevó a ocultar su edad e incluso su condición de mujer, recurriendo durante mucho tiempo a pseudónimos masculinos. Fue un consejo que alguien le dio y que decidió probar. Tres lustros después, la mujer con el nombre del viento en euskera y con velocidad de ‘runner’ a la hora de escribir, mira atrás y exhibe con orgullo un largo y variado catálogo de obras: 138 noveles.
La número 139 la presenta estos días: ‘El Club’. Se trata de un thriller ambientado en un club de running de Getxo (Bizkaia) y con la misteriosa muerte de un corredor durante una carrera como eje de la trama. “En este caso entro en una de mis pasiones, la literatura y el running, ambas forman parte de mi vida. He intentado trasladar al lector lo que vivo cada día. La historia se me ocurrió con dos hechos que me ocurrieron en sendas carreras. En una, un amigo se desmayó y en otra vi la ambientación ideal para la trama mientras corría la carrera: un recorrido repleto de túneles por una vía ferroviaria en la que el ruido de las zancadas retumbaba”.
Haizea no siempre fue Haizea
En realidad, Haizea no siempre ha sido Haizea. Su nombre no era comercial y era demasiado joven y mujer, condiciones que no ayudan en el mercado literario del misterio, le aconsejó un agente literario. Debía buscar otra opción. Los pseudónimos fueron el escudo. La fórmula no es nueva, la han empleado otros escritores antes, algunos con reconocimiento internacional: “También me dijeron que me centrara en un género. Aposte por el suspense. Al principio, comencé a escribir novelas sencillas, con pseudónimos masculinos”. Y funcionó. Aún recuerda emocionada cuando llegó a figurar como uno de los ‘best seller’ de Amazon bajo el pseudónimo de Christian Martins de su primera novela romántica: “Fue una pasada, entonces me di cuenta que podría vivir de la literatura”. Después vendrían más pseudónimos: Búho.
Fue cuando decidió dejar su carrera profesional, su proyección como técnica de laboratorio de biomedicina: “No llegué a ejercer. Soy autónoma literaria desde los 23 años. Ya había logrado tener un grupo fiel de lectoras, entonces principalmente mujeres, que me pedían más novelas. Y así fui escribiendo. Llegó un momento que escribía dos novelas al mes de modo digital. Mi vida se reducía a escribir. No había ni promociones ni firmas, seguía en la sombra, detrás de un pseudónimo”.
Esa oscuridad terminó en 2020: “Ese año Haizea López salió de la cueva, destapé mi identidad”. También la producción literaria bajó. Desde entonces ha publicado la saga de ‘Los crímenes de Getxo', ‘Pacto de silencio’ y ahora ‘El club’: “He frenado en seco”, asegura.
Crea su propia editorial
En estos años, esta joven vizcaína también se ha propuesto convertirse en empresaria. En 2015 fundó su propia editorial, con la que ahora publica su último trabajo. Llegó a la conclusión de que controlar el proceso de producción y promoción de su obra era algo que también podría hacer. Había aprendido el proceso tras un largo periplo por distintas editoriales”: “He pasado por 16 editoriales. Pequeñas, medianas, grandes y gigantes. Había adquirido conocimientos para poder hacerlo y dar la opción de publicar a otras compañeras”.
Haber triunfado tan joven y siendo mujer reconoce que no siempre ha sido sencillo. Menos aún, dedicándose a géneros como el suspense. Afirma que el machismo sobrevuela aún algunos ámbitos del mundo editorial, “como en otros muchos”: “Ser joven, escribir novela negra… En algunos festivales me decían que cómo era posible que con la ‘cara de buena que tenía’ escribiera esas cosas. Eso no se lo dicen a un hombre”, asegura.
La edad también ha sido un impedimento. “Me topé con políticas editoriales que no admiten novelas de menores de 35 años. Tengo 33 y acumulo 15 años de experiencia, pero ahora me seguiría encontrando con esa limitación”. Asegura que aun hoy, esta madre de dos niños, debe vestirse de modo más formal y serio “para que me tomen en serio”.
Los marathones, su segunda pasión
Haber podido escribir bajo pseudónimo le ha permitido explorar géneros. Comenzó por lo que en ese momento estaba de moda y continuó dando pasos caminando por el misterio, el género romántico, el erótico o incluso el histórico y la ciencia ficción: “Si me aburría, cambiaba de género. Como nadie me ponía cara, nadie iba a juzgar a Haizea. Eso me ha dejado explorar con más libertad”. Aclara que no ser conocida con tu identidad real, “está claro que te impide llevarte palos, pero también recibir los abrazos de los lectores: “Ahora eso lo valoro mucho. Ir a una firma de libros y que un lector te reciba con cariños es muy bonito”.
La última de sus facetas es la de corredora. Hace poco más de un año que recuperó su faceta deportiva. La había abandonada después de padecer una enfermedad autoinmune. “Entré en un bucle, no mejoraba y me sometí a un tratamiento agresivo. Fue una época dura”, recuerda. Ahora, ponerse las zapatillas para correr es una suerte de liberación y de vías para “ordenar mi cabeza y desatascar ideas”. Y como todo lo anterior, lo hace con intensidad. Su próximo reto: preparar una ‘ultramarathon’ de 90 kilómetros.
Te puede interesar