El Gobierno de Aragón ha devuelto este lunes al Panteón Real del Monasterio de San Juan de la Peña los restos de los primeros reyes aragoneses y de otros miembros del linaje real, evacuados el pasado 13 de agosto ante el riesgo de que el incendio forestal originado en Las Peñas de Riglos alcanzara el conjunto monumental. Las piezas han permanecido bajo custodia en el Museo de Huesca hasta que las condiciones de seguridad han permitido su regreso.
La devolución se ha formalizado en un breve acto presidido por la vicepresidenta y consejera de Presidencia, Justicia, Cultura y Deporte, Mar Vaquero, y el consejero de Medio Ambiente y Turismo, Luis Biendicho. También han asistido el alcalde de Jaca, Carlos Serrano, y representantes de la Real Hermandad de San Juan de la Peña.
Durante la ceremonia, Vaquero ha leído el acta de entrega, que posteriormente han firmado las autoridades presentes y el Hermano Mayor de la Real Hermandad, Félix Longás. El acto ha concluido con la interpretación de la Marcha de los Reyes de Aragón, en un regreso que devuelve al monasterio parte de su legado histórico más relevante.
La evacuación se decidió de forma preventiva cuando el incendio de Las Peñas de Riglos amenazó con aproximarse al enclave. Tras recibir el aviso del Centro de Emergencias 112, la Dirección General de Cultura y Patrimonio Cultural coordinó con técnicos, restauradores y responsables de los servicios implicados la retirada de los bienes más vulnerables. Entre ellos se encontraban los restos reales y la indumentaria militar de gala del conde de Aranda.
El operativo requirió dos intervenciones en el monasterio. En la primera, efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) retiraron la indumentaria del conde de Aranda y varias piezas arqueológicas. La proximidad de las llamas obligó a interrumpir temporalmente los trabajos y retirar al personal por motivos de seguridad.
En un segundo acceso, un equipo multidisciplinar de Cultura y Patrimonio, con apoyo de la UME y de la Guardia Civil, consiguió evacuar los restos óseos de los primeros reyes aragoneses y de otros miembros de la familia real. También se trasladaron fragmentos de pintura mural y otros bienes culturales. La operación permitió proteger un patrimonio histórico de gran valor ante la amenaza del fuego y devolverlo ahora a su emplazamiento original, una vez recuperadas las condiciones necesarias para hacerlo con seguridad.
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