La manifestación independentista convocada este jueves en Barcelona con motivo de la Diada del 11 de septiembre ha reunido a unas 45.000 personas, según la estimación de la Guàrdia Urbana, en una jornada que había arrancado con los discursos institucionales de partidos y entidades centrados en la convivencia y el rechazo a los mensajes de odio.

PUBLICIDAD

La movilización, organizada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC), Òmnium Cultural, el Consell de la República (CdRep), la Associació de Municipis per la Independència (AMI), la Intersindical-CSC, Ciemen y los CDR, ha comenzado a las 17:14 horas —en referencia a la fecha del 11 de septiembre de 1714— y ha recorrido el centro de Barcelona dividida en dos columnas, una con salida desde la Gran Via y otra desde la Catedral. Ambas han confluido en la plaza de Catalunya, donde se celebra el acto unitario.

Una Diada marcada por los mensajes contra el odio

Durante el recorrido se han escuchado consignas como 'In, inde, independencia', 'Els carrers seran sempre nostres', 'Visca Catalunya Lliure' y '1 d'octubre, ni oblit ni perdó'. Además, los llamamientos a combatir los discursos de "odio" y las apelaciones a la convivencia en Cataluña frente al ascenso de la extrema derecha han marcado este viernes el inicio de las celebraciones por la independencia catalana.

Las celebraciones oficiales de la Diada Nacional de Cataluña han arrancado con las ofrendas florales de instituciones, partidos y entidades civiles al monumento a Rafael Casanova, símbolo histórico de los últimos defensores de Barcelona frente a las tropas borbónicas en 1714.

La primera ofrenda la ha realizado el Govern, con su presidente, Salvador Illa, a la cabeza, acompañado de sus consellers ejecutivos.

En nombre del Govern, la consellera Sílvia Paneque ha comparecido ante los medios para pedir "fraternidad, orgullo y esperanza por una Cataluña sin exclusiones" y advertir a la extrema derecha de que "el odio no tiene cabida": "Cataluña somos todos y todas", ha remachado.

También el presidente del Parlament, Josep Rull, ha reivindicado Cataluña como "tierra de acogida e integración" donde la "esperanza" ha sido más poderosa que "el miedo": "Cataluña es una nación que no pregunta a su gente de dónde viene, sino adónde queremos llegar juntos, con progreso, justicia y libertad", ha recalcado.

El alcalde Jaume Collboni ha defendido asimismo la "pluralidad" de una Barcelona y una Cataluña "abiertas y cohesionadas" con capacidad de "agregar diversidad" y de construir un "futuro colectivo", frente a los discursos "que pretenden dividir".

Tras depositar la ofrenda floral de los socialistas catalanes a los pies del monumento a Rafael Casanova, la viceprimera secretaria y portavoz del PSC, Lluïsa Moret, ha llamado a "hacer frente a los postulados que defienden el odio" y a combatir las "propuestas de confrontación, involucionistas y autoritarias".

En el acto final de la plaza de Catalunya, el presidente de la ANC, Josep Vila, ha anunciado que la entidad convocará antes de un mes una cumbre con organizaciones independentistas y ha planteado una gran movilización en otoño de 2027, coincidiendo con el décimo aniversario del 1-O, como "el primer gran paso de un nuevo embate fuerte y decidido para ganar" la independencia. En la misma línea, distintas entidades civiles independentistas, entre ellas Òmnium, han apelado también a reforzar la unidad del movimiento y a recuperar su capacidad de movilización después de casi una década de 'post-procés'.

Frente político multipartidista

La idea de "Cataluña, un solo pueblo" también ha sido defendida por el secretario general de Junts, Jordi Turull, que ha pedido no convertir la "revuelta de las sonrisas", que quiso representar el 'procés', en una "revolución del odio" entre independentistas, porque esto "sería letal" para sus aspiraciones.

La secretaria general de ERC, Elisenda Alamany, ha reclamado al Govern "ambición nacional" para salir del "debilitamiento nacional" y ha alertado del auge de los movimientos "reaccionarios".

Por parte de los comunes, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha advertido de que defender Cataluña "no será nunca levantar muros entre catalanes" y ha rechazado que los "extremistas vengan a dar carnés de catalanidad en función del origen" de las personas.

Sindicatos, partidos y homenajes

También ha participado en las ofrendas el presidente del PNV, Aitor Esteban, que ha remarcado que tanto Cataluña como el País Vasco son "una nación" y ha avisado de que "se equivocaría mucho quien pretenda" tratarlas como "una comunidad autónoma más".

Los sindicatos CCOO y UGT de Cataluña han alertado de los peligros que el "odio y la división" acarrean para la clase trabajadora y han reivindicado el carácter integrador de la sociedad catalana.

Cerca de la plaza Sant Jaume, la izquierda independentista ha celebrado un homenaje a Gustau Muñoz, asesinado durante una carga policial en una manifestación de la Diada de 1978, y desde allí la portavoz de la CUP Su Moreno ha acusado al Govern de Illa de "connivencia política" con Aliança Catalana.

Reacciones y valoraciones

En un mensaje en Catalunya Ràdio, el expresidente catalán Jordi Pujol ha reivindicado su visión inclusiva de la catalanidad, al definir la Diada como la "fiesta de todos los que viven y trabajan en Cataluña y quieren ser catalanes", y ha apelado a la "esperanza".

Desde la red social X, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha deseado, en un mensaje en catalán, una "feliz Diada a todos los catalanes y catalanas" en este día de celebración en "una Cataluña abierta, plural y diversa".

Combinando el castellano y el catalán, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha deseado también una "buena Diada a todos los catalanes" y ha añadido que Cataluña "no necesita seguir siendo moneda de cambio de nada, sino parte del cambio que necesita toda España para recuperar el orden, la libertad y la prosperidad".

Momentos de tensión

No obstante, los llamamientos a la unidad y la convivencia no han impedido que la jornada haya dejado también momentos de tensión. Un grupo de independentistas encapuchados ha quemado contenedores y arrojado vallas al fuego ante el Arc de Triomf, donde a última hora de la tarde permanecían unas 1.000 personas.

Los incidentes se han producido en paralelo a las movilizaciones antifascistas y de Núcleo Nacional celebradas en puntos cercanos de Barcelona. La primera reunió a unas 1.500 personas y la segunda a unas 70, según la Guàrdia Urbana, mientras los Mossos d'Esquadra desplegaban un dispositivo para evitar que ambos grupos se encontraran. De hecho, la policía catalana informó posteriormente de lanzamientos de piedras, botellas, pirotecnia y pintura contra los agentes.

La tensión también se trasladó al propio acto independentista de la plaza de Catalunya. Tres encapuchados vestidos de negro quemaron una bandera española sobre el escenario justo después de la intervención de Josep Vila. El presidente de la ANC permaneció en el escenario mientras se producía la quema, ya quelos organizadores apagaron poco después la bandera con un extintor.