Cuando la nave Orion con los cuatro astronautas de la misión Artemis II rodee la luna y pase por el lado oculto del satélite se vivirá el momento más importante de la misión, la razón de ser de la Artemis II y, a su vez, vivirá la situación de más riesgo. Varios peligros se concentran al mismo tiempo mientras la nave vive los minutos claves para la ciencia.
Durante unos cuarenta minutos -que en la NASA consideran críticos- la Luna bloqueará la señal directa con la Tierra, dejando a la tripulación aislada. Algo que está previsto ocurra a las 00:44 hora de España. En ese intervalo no habrá asistencia desde control de misión, lo que significa que cualquier incidencia deberá ser gestionada exclusivamente a bordo. Una situación que pondrá a prueba la autonomía de los sistemas de la nave.
Artemis II seguirá una trayectoria de retorno libre, diseñada para garantizar el regreso a la Tierra incluso en caso de fallo grave. Aun así, durante el paso por la cara oculta se ejecutan maniobras y ajustes críticos. Un error en la orientación o en la propulsión podría comprometer la trayectoria, y sin comunicación inmediata con Tierra, la responsabilidad recae completamente en los sistemas de la nave y en la tripulación. La Orion cuenta con varios sistemas de navegación, son sistemas redundantes de manera que si uno falla otro lo puede sustituir.
Otro elemento de riesgo, mientras están desconectados de la Tierra, radica en que la energía, el control térmico, el soporte vital y propulsión deben funcionar de forma autónoma en un entorno de espacio profundo. El módulo de servicio europeo -que incluye tecnología desarrollada en España- integra la mayor parte de estas funciones, es clave en este punto: cualquier anomalía en sus sistemas tendría consecuencias más difíciles de gestionar durante la desconexión. En el espacio profundo, en las zonas que no están iluminadas por el Sol, se puede estar a temperaturas inferiores a -200º C, el ordenador que controla la temperatura en ese momento es español.
El peligro de la radiación
La misión, en este punto, se desarrolla durante horas fuera de la protección del campo magnético terrestre que nos protege de partículas solares energéticas y rayos cósmicos galácticos a los que se exponen los astronautas. Este aspecto fue especialmente testado en la Artemis I, que hizo el mismo recorrido pero sin astronautas. Entonces unos maniquíes con sensores de medición midieron el impacto de esta radiación en la nave y en los muñecos.
Una tormenta solar en ese momento sería especialmente crítica, para la nave y para los tripulantes. La nave Orion está equipada con el sistema de Sensores de Radiación de la Nave Espacial (HERAS), un conjunto de detectores diseñados para alertar a la tripulación ante un posible evento de partículas solares. Estos dispositivos miden en tiempo real la dosis y la tasa de radiación absorbida, ofreciendo información esencial para que los astronautas puedan resguardarse en las zonas más protegidas del vehículo. Además los astronautas llevan un chaleco protector para mitigar el posible impacto de la radiación en los astronautas.
Momento de máximo valor científico
Desde su acercamiento al satélite desde la tarde del lunes hasta bien entrada la madrugada el programa de observación de la Artemis II se centrará en recopilar datos sobre rasgos que permitan a los investigadores entender mejor el origen de la Luna y del sistema solar.
Entre estos elementos se incluyen cráteres, antiguas corrientes de lava, así como fracturas y elevaciones formadas por el desplazamiento gradual de la corteza lunar a lo largo del tiempo. Información que será clave para poder operar la misión Artemis III que aspira a poner astronautas en suelo lunar.
Pero las cobayas en este viaje son los propios astronautas y la nave. Desde que partieron y durante el vuelo todo lo que ocurre en la Orión es información valiosa para la humanidad. El momento crítico de esta madrugada es el que más interés despierta. Interesa desde la monitorización de cómo viven el aislamiento, como responde su cuerpo y, sobre todo, cómo les afecta la radiación, un punto clave, si queremos viajar más allá de la luna en condiciones de seguridad.
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