Apenas un día después de que el histórico eclipse solar del 12 de agosto cautivara al continente europeo, las miradas del sur de Italia han vuelto a posarse sobre la Tierra, o más concretamente, sobre las entrañas del monte Etna. La intensa actividad del coloso siciliano continúa en aumento tras el fenómeno astronómico, despertando la inquietud de miles de turistas y residentes: ¿se encamina el volcán hacia una erupción a gran escala?

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La emisión ininterrumpida de ceniza volcánica desde el pasado 7 de agosto ha provocado un auténtico colapso en el transporte aéreo en plena temporada alta estival. El aeropuerto de Catania-Fontanarossa ha extendido el cierre de su espacio aéreo, acumulando ya siete días consecutivos con serias restricciones e interrupciones. La emergencia afecta a más de 100.000 viajeros que han visto truncados sus planes y se contabilizan más de 700 vuelos cancelados o desviados solo en el aeródromo catanés. Como alternativas saturadas, parte del tráfico se ha desviado a aeropuertos como el de Palermo, con unos 190 vuelos desviados, con el inconveniente de que esta ciudad se encuentra a varias horas en autobús de Catania.

El impacto de la erupción no solo afecta al sector de los viajes, sino también a la economía local. La asociación turística Assoesercenti Sicilia calcula que las pérdidas en el gasto turístico oscilan entre los 12 y los 24 millones de euros.

La nube de ceniza llega a Libia

Según el último informe del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia (INGV), el Etna mantiene activas varias bocas efusivas a distintas altitudes, concretamente a 2.750, 2.090 y 1.900 metros. Las coladas de lava han avanzado por la ladera hasta alcanzar la cota de los 1.360 metros dentro de la zona deshabitada del Valle del Bove.

Vista del Etna desde Catania el pasado 11 de julio. | Orietta Scardino / Zuma Press / Europa Press

A pesar de que los científicos han detectado una ligera pérdida de presión acumulada en el terreno, la actividad explosiva interna sigue en niveles muy altos. La nube de ceniza emitida ha llegado a desplazarse hacia el sur y suroeste, extendiéndose hasta el espacio aéreo de Malta y el norte de Libia.

Paradójicamente, la erupción ha desencadenado una masiva llegada de curiosos que buscan presenciar el espectáculo pirotécnico nocturno, saturando las vías de ascenso con miles de personas al día. Guías locales advierten sobre la imprudencia de muchos visitantes que suben sin equipamiento adecuado o sin acompañamiento profesional en zonas inestables.

Nivel amarillo de alerta

Pese al impacto visual y logístico, las autoridades llaman a la calma. El Departamento de Protección Civil de Italia mantiene el nivel de alerta en amarillo, el segundo en una escala de cuatro colores que va del verde al rojo.

Este nivel amarillo indica un estado de desequilibrio en el volcán con parámetros de monitoreo elevados y actividad eruptiva de baja a media. En cuanto a la evaluación de riesgo, la erupción está dominada por actividad de tipo estromboliano, emisión de cenizas y ríos de lava. Dado que la lava avanza a baja velocidad y transcurre por laderas deshabitadas en el Valle del Bove, no representa una amenaza directa ni inminente para la seguridad de la población. A través de un monitoreo constante, el INGV de Catania y Palermo, junto con universidades y redes satelitales, evalúan en tiempo real cualquier cambio repentino.

Por su parte, el ministro de Protección Civil, Nello Musumeci, criticó duramente la ubicación del aeropuerto de Catania, afirmando que el problema no es el volcán, sino el aeropuerto, y recordando que desde 1999 ha propuesto reubicar las instalaciones a zonas más resguardadas.

Con 3.350 metros de altitud y un diámetro de 35 kilómetros, el Etna es el volcán activo más grande de Europa. Su historia volcánica comenzó hace unos 500.000 años con erupciones submarinas. A lo largo de los últimos cien años, el Etna ha mostrado una dinámica constante caracterizada por erupciones explosivas de baja energía y continuas efusiones de lava, tanto desde sus cráteres cumbre (como la Bocca Nuova o el Cratere de Sud-Este) como desde sus conos adyacentes. La actual emergencia no difiere radicalmente del comportamiento habitual del coloso siciliano, cuyo verdadero peligro inmediato sigue siendo el caos en el cielo más que la amenaza en la tierra.