La aviación comercial ha dado un paso de gigante hacia la descarbonización. La firma estadounidense Heart Aerospace ha completado con éxito el primer vuelo del X1, un prototipo alimentado al 100% por baterías que se convierte oficialmente en el avión eléctrico más grande que ha surcado los cielos hasta la fecha.

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La prueba tuvo lugar en el Aeropuerto Internacional de Plattsburgh, al norte del estado de Nueva York, el pasado 12 de agosto. Con unas dimensiones de 32,3 metros de envergadura (106 pies), 23,1 metros de longitud (76 pies) y un peso en despegue superior a las 11 toneladas, comparable al de un autobús escolar vacío, la aeronave permaneció en el aire durante 27 minutos. Pilotada por un solo tripulante y sin pasajeros a bordo, alcanzó una altitud de 335 metros (1.100 pies), entregando más de un megavatio de potencia mediante su sistema de propulsión puramente eléctrico.

El ensayo, realizado bajo un Certificado Especial de Aeronavegabilidad de la Administración Federal de Aviación (FAA) en categoría experimental, permitió validar las fases de rodaje, despegue, ascenso, maniobrabilidad y aterrizaje a una escala equivalente a la de la aviación comercial regional.

37 veces más barato que el queroseno

El hito cobra especial relevancia en un contexto de fuerte volatilidad en los mercados energéticos. Durante la semana previa al vuelo, los precios del combustible de aviación (Jet A-1) alcanzaron en Estados Unidos una media de 3,50 dólares por galón –unos 0,80 euros el litro–, lo que supone un incremento del 63% respecto al año anterior. Frente a estas cifras, Heart Aerospace ha revelado que el consumo energético del X1 en su primer ensayo supuso un coste en electricidad de apenas 4,30 euros (5 dólares), frente a un coste estimado de queroseno de 160 euros. Es decir, 37 veces más barato.

Aunque este cálculo abarca estrictamente el gasto en energía y omite otros costes operativos fijos —como tasas aeroportuarias, mantenimiento a largo plazo o depreciación de las baterías—, la compañía confía en el potencial transformador de la electricidad. Su objetivo final no es el X1, sino el ES-30, un modelo híbrido-eléctrico de 30 plazas cuya entrada en servicio comercial está prevista para 2031.

Según las estimaciones de la compañía, el ES-30 permitirá reducir los costes operativos directos de las aerolíneas regionales en más de un 40% en comparación con los aviones regionales convencionales de tamaño similar. Esta eficiencia responde no solo al menor coste de la energía, sino también a la simplicidad mecánica de los motores eléctricos, que requieren un mantenimiento sensiblemente menor.

El futuro comercial, un avión híbrido

La tecnología actual de baterías presenta limitaciones físicas evidentes para el sector aeronáutico: las baterías suponen un peso constante durante todo el trayecto –a diferencia del combustible fósil, que se consume y aligera el avión– y ofrecen una densidad energética sensiblemente menor. En modo 100% eléctrico, la autonomía del X1 se sitúa en unos 200 kilómetros, margen insuficiente para cubrir rutas comerciales con las reservas de seguridad exigidas por la normativa.

Por ello, el modelo definitivo de producción, el ES-30, adoptará una arquitectura híbrida. Mantendrá la propulsión eléctrica para el despegue y fases clave, pero incorporará motores térmicos de apoyo que extenderán su alcance hasta casi 800 kilómetros (500 millas), distancia idónea para conectar grandes núcleos urbanos y aeropuertos regionales.

Grandes aerolíneas como United Airlines, Air Canada y JSX ya han mostrado su respaldo al proyecto, acumulando compromisos comerciales que alcanzan los 9.400 millones de dólares. Tras trasladar su sede de Gotemburgo (Suecia) a Los Ángeles en 2025, Heart Aerospace avanza en la construcción de la planta donde ensamblará las primeras unidades de preproducción del ES-30, cuyas pruebas de vuelo están programadas para 2028.