Un equipo de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis ha descubierto en el yacimiento de La Tejería, en El Castellar (Teruel), los restos de un dinosaurio saurópodo que podría ser el primer Diplodocus hallado fuera de Norteamérica.
El estudio, que se publicará en la revista Journal of Vertebrate Paleontology, describe 14 vértebras caudales excepcionalmente bien conservadas y varios chevrones, unos huesos asociados a la cola. Las comparaciones osteológicas y los análisis filogenéticos realizados por los autores sitúan de forma consistente el ejemplar dentro del género Diplodocus.
El fósil tiene una antigüedad aproximada de 150 millones de años, correspondiente al Jurásico Superior. De confirmarse la identificación, constituiría la primera evidencia intercontinental de este género y reforzaría la hipótesis de que existieron episodios de dispersión e intercambio de faunas entre la península ibérica y Norteamérica a través de un Atlántico todavía más estrecho que el actual.
Sergio Sánchez Fenollosa, investigador de la Fundación Dinópolis, explica que "el estudio anatómico y los análisis evolutivos realizados nos han permitido identificar el ejemplar de El Castellar como perteneciente al género Diplodocus. Se trata de uno de los diplodócidos más completos descubiertos hasta la fecha en Europa y constituye la primera evidencia de este género fuera de Norteamérica", asegura. Este hallazgo proporciona "una de las pruebas paleontológicas más sólidas de episodios de dispersión e intercambio faunístico entre ambos continentes a través del proto-Océano Atlántico durante el Jurásico Superior. Además, este descubrimiento nos permite comprender mejor los ecosistemas mesozoicos ibéricos y la diversidad de dinosaurios saurópodos que habitaban en la Europa jurásica", añade quien es autor principal del artículo.
Pedro Mocho, profesor auxiliar en la Universidad de Lisboa y comisario invitado del Museo Nacional de Historia Natural y de la Ciencia de Lisboa, afirma en declaraciones a Science Media Centre España que, pese a ser fragmentario, el fósil conserva “información suficiente para atribuirlo con bastante seguridad al género Diplodocus”.
“Esta es la primera vez que podemos confirmar con un grado razonable de seguridad la presencia de Diplodocus en la península ibérica”, añade Mocho. El investigador destaca que el hallazgo demuestra la presencia de un mismo género de saurópodo a ambos lados del Atlántico en una época en la que Iberia y Norteamérica estaban geográficamente más próximas y separadas por mares menos profundos.
Xabier Pereda Suberbiola, investigador de Paleontología de la Universidad del País Vasco, coincide en que el descubrimiento es relevante porque el registro europeo de diplodócidos es limitado. “Es un artículo muy interesante porque se describe por primera vez la presencia de Diplodocus […] en un yacimiento europeo”, señala a Science Media Centre España.
Alberto Cobos, director-gerente de la Fundación Dinópolis y coautor del artículo, destaca que “el Diplodocus de El Castellar tuvo aproximadamente 25 metros de longitud, lo que le convierte en otro de los grandes saurópodos gigantes del Jurásico de España, junto a otros dinosaurios saurópodos de Teruel con características muy diferentes a las de los diplodócidos, como son Turiasaurus y Losillasaurus, entre otros. Los fósiles de todos estos dinosaurios, incluidos los del nuevo Diplodocus y que hacen de Teruel un lugar de referencia para el conocimiento de esta gran diversidad, se exhiben actualmente en la sala de los dinosaurios del Museo Aragonés de Paleontología en Dinópolis en Teruel”.
Una identificación con respaldo, pero no definitiva
José Ignacio Canudo, catedrático de Paleontología de la Universidad de Zaragoza, señala en declaraciones a Science Media Centre España que los fósiles están “bien descritos y bien figurados” y que la investigación es “de buena calidad”. No obstante, introduce una reserva clave: “Creo que el resto es demasiado fragmentario, son únicamente vértebras caudales, para asignarlo al género Diplodocus”.
Canudo considera que el principal valor del hallazgo está en su contribución a la historia biogeográfica del Jurásico Superior. “Es un buen trabajo y una buena aportación a la historia de los dinosaurios del final del Jurásico”, afirma.
Fabien Knoll, investigador del departamento de Paleobiología del Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC, también valora positivamente el estudio. “Sí, la investigación es de alta calidad. Está bien ejecutada y sigue los estándares internacionales”, declara a Science Media Centre España.
Sin embargo, Knoll subraya que la compatibilidad anatómica no equivale aún a una identificación cerrada. “Que el material sea compatible con este género no implica que pertenezca a él”, advierte. A su juicio, nuevas campañas de campo en España y Portugal, así como la publicación formal de fósiles ya encontrados, permitirían comprobar si el saurópodo de El Castellar era realmente un Diplodocus, un animal próximo a Supersaurus o Dinheirosaurus, o incluso una especie todavía desconocida.
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