Jabalíes, corzos, y perdices han copado en los últimos días espacios urbanos en los que no es habitual verlos, empujados por el hambre y la ausencia de presencia humana. No son los únicos. En algún municipio de la cordillera cantábrica se ha avistado un oso hurgando entre los contenedores, en el noreste de la península un lobo se ha paseado por las calles desiertas, y en el Puerto de Badalona o las playas del Maresme se han visto delfines. En Banyoles el visitante inesperado ha sido un tejón y un buitre negro en el Parque de las Delicias de Madrid. Por la Avenida Cataluña de Zaragoza se paseaba un ciervo la semana pasada y un corzo por Montcada i Reixac, a orillas de uno de los ríos más industrializados de España, el Ripoll.

Son los efectos secundarios del confinamiento decretado por la crisis del coronavirus, junto a la atmósfera diáfana de Madrid y Barcelona para recibir una primavera insólita. «No es una cuestión cualitativa sino cuantitativa», advierte el profesor Jorge Ramón López Olvera, director del Servicio de Ecopatología de Fauna Salvaje (Sefas) de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Este estudioso recuerda que no es excepcional ver alces en núcleos urbanos de Alaska y osos polares en Siberia, lo extraordinario es la cantidad de estos avistamientos, provocada precisamente por el confinamiento.

«La fauna aprovecha los espacios que quedan vacíos» como los jabalíes que han invadido muchas calles de ciudades españolas. «La ciudad es un nuevo hábitat que exploran porque nos hemos confinado». Otra cosa, advierte, es hablar de un establecimiento permanente en esos nuevos hábitats.

«De momento no se trata de incursiones problemáticas, más allá de lo llamativo que pueda resultar ver a jabalíes en el centro de las ciudades» apuntan desde el cuerpo de agentes rurales de la Generalitat. En Barcelona se les ha grabado en la céntrica Avenida Diagonal, pero también se han producido incursiones en las otras grandes capitales. El problema, advierten, podría llegar «si el confinamiento se alarga mucho y los jabalíes se adaptan a la ciudad y convierten esos espacios urbanos en su espacio habitual».

En el caso de los jabalíes, la especie con más sobrepoblación en España, López Olvera cree que es posible que ocupen temporalmente espacios urbanos pero «no que cambien su comportamiento». Según sus estudios, los jabalíes tiene un proceso de aprendizaje transgeneracional, por lo que unos meses de confinamiento humano no serán suficientes para cambiar su comportamiento como especie. Por tanto, estos días los jabalíes aprovechan la inactividad, especialmente por las noches, para desplazarse al centro de las ciudades para buscar comida en los contenedores -habitualmente más desprotegidos que en los barrios próximos a zonas boscosas, como Collserola en Barcelona- pero para criar y establecerse lo tendrían que hacer en parques.

Aumento de la conflictividad

Eso sí, «cuando acabe el confinamiento habrá un aumento de conflictividad entre las personas y las especies salvajes invasoras» reconoce el responsable del Sefas. Especialmente las conocidas como «especies plaga», como jabalíes o corzos, cuya sobrepoblación interfiere con el ser humano. En el caso de los corzos, sobre todo provocando accidentes de tráfico -la especie número uno en accidentes de tráfico en Francia, aunque en España los superan los jabalíes-. En el caso de los puercos salvajes, se pueden dar además agresiones por la comida o las crías y, lo que es más importante, transmisión de enfermedades que comparten con el ser humano, como la hepatitis.

En el municipio de Montcada i Reixac, a orillas del rio Ripoll, una de las zonas más industrializadas de Cataluña, se ha visto en esta semana a un corzo jugueteando entre las cañas. Un vídeo que ha corrido como la pólvora en los WhatsApp de la comarca y las redes sociales, porque se ha producido en un espacio habitualmente concurrido, entre el puente del tren y la pasarela de viandantes que lleva al pabellón deportivo de la localidad.

Una imagen que ha llamado mucho la atención, pero que según los agentes rurales no es tan extraña como pudiera parecer. Los corzos son, después de los jabalíes, la segunda especie cinegética con mayor sobrepoblación en Cataluña, por lo que no es tan excepcional que invadan espacios urbanos cuando se retiran de ellos las personas. Otro tanto ha sucedido en los últimos días con las incursiones de perdices en diversas poblaciones españolas.

Pavos reales en Madrid

José Pascual, portavoz de la plataforma Biodiversidad Virtual, destaca también nuestra mayor predisposición a ver ahora, desde nuestra «ventana indiscreta» a esos visitantes inesperados. En Madrid hay varias parejas de halcón peregrino que han anidado en el centro, explica, pero pocos les prestan atención habitualmente más allá de los observadores de su plataforma. Ahora, sin embargo, se multiplican en las redes las imágenes de los pavos reales de la Fuente del Berro. «Siempre han estado ahí», explica Pascual, «pero al no tener comida y no haber tráfico, salen de los jardines».

Pascual apunta que no sólo se ha producido una «ampliación de las zonas de campeo de los animales» sino también un cambio de rutinas horarias. Es el caso de los zorros avistados en zonas rurales y urbanizaciones. Tradicionalmente estos animales nocturnos sólo se acercaban a zonas urbanas de madrugada. Pero con el confinamiento es posible verlos por calles y caminos a las diez de la noche desde las ventanas.

Conscientes de que el confinamiento seguirá en las próximas semanas, esta plataforma prepara con el Ayuntamiento de Madrid un «testing virtual» para que los vecinos envíen imágenes de vida animal captadas desde sus ventanas

El mar también ha dado sorpresas en estos días de confinamiento. Los delfines, una especie habitual en el Mediterráneo pero muy difícilmente accesible desde las costas, se han acercado a primera línea aprovechado la inactividad humana. Estos días se ha visto -y grabado- un grupo delfines en la playa de Sant Vicenç de Montalt, en la comarca barcelonesa del Maresme. Y dos delfines más entraron hace una semana en el puerto de Badalona, según acreditan los Agentes Rurales.

La inactividad de las actividades recreativas y el cierre de muchas cofradías de pescadores por las medidas de seguridad impuestas y la caída de las ventas con los restaurantes cerrados explican estas incursiones en espacios tan poco habituales. Pero no se trata de una incursión tan excepcional, explican los naturalistas, puesto que los delfines son una especie muy habitual en el Mediterráneo.