París acoge estos días la segunda edición de la convención de la Asociación Internacional de la Inteligencia Artificial Segura y Ética (IASEAI), celebrada en la sede de la Unesco, con un mensaje dominante: el ritmo de inversión en Inteligencia Artificial no se corresponde con sus capacidades reales y podría desembocar en un ajuste abrupto.
El experto en computación e Inteligencia Artificial Stuart Russell ha advertido de que el auge en popularidad e inversión en IA –que estima en “varios billones de euros”– es “una burbuja que explotará” con “una probabilidad del 75 %”. A su juicio, “las capacidades actuales de la IA no justifican el nivel de inversión” alcanzado en el sector.
En rueda de prensa, Russell ha descrito un problema estructural en el diseño de los sistemas actuales: “El problema que tenemos con los sistemas de IA que estamos construyendo ahora es que, puesto que no entendemos cómo funcionan, realmente no podemos pedirles que hagan lo que nosotros queremos, ni siquiera aunque podamos especificarlo con gran precisión, y no podemos impedirles hacer cosas que violen cualquier código moral o de responsabilidad”.
El gran reemplazo de la IA
El diagnóstico ha encontrado eco en Anthony Aguirre, presidente y secretario general del Instituto Future of Life. En declaraciones al periodista de EFE Pol Lloberas Cardona, ha señalado que podría producirse “tal diferencia entre las capacidades de la IA y el momento en el que estas se vayan a adoptar” realmente, que los grandes inversores “se queden sin dinero” y, entonces, se viva “un batacazo financiero”.
Aguirre ha subrayado que el motor de la inversión no está en el consumo individual de herramientas digitales, sino en la promesa de sustitución laboral: “Creo que es importante recordar que lo que produce este extraordinario nivel de inversión en la IA no es que la gente compre suscripciones de ChatGPT por 20 dólares, sino que se presente a los inversores como un reemplazo de buena parte de sus trabajadores”. Y ha añadido: “Si se está diciendo a los políticos que no” se va a reemplazar a los trabajadores con estas tecnologías, “entonces están mintiendo a alguien porque eso es lo que dicen a los inversores y es lo que da sentido a esas enormes inversiones”.
Una IA para los ciudadanos
Por su parte, Yoshua Bengio, ganador del premio Turing a la Computación (2018), ha situado el foco en la lógica de competencia empresarial. A su entender, el problema de raíz son “los incentivos que conducen a las compañías a competir” en lugar de “trabajar por el bien común”, una dinámica que ha comparado con “la de los combustibles fósiles o los cigarrillos”.
Bengio ha apelado directamente a la acción política: “Creo que lo que los ciudadanos pueden hacer y que tendrá mucho más impacto en nuestro futuro es influir en la política, que se vuelva una prioridad decirle a los gobiernos que se necesitan controlar (estas tecnologías)”.
En la apertura del encuentro, el director general de la Unesco, Jaled al Anani, ha resumido el debate en una fórmula que ha servido de marco a las sesiones: “La cuestión ya no es si la IA transformará nuestras sociedades, sino con y para quién, con qué propósito y bajo qué condiciones”.
Riesgos y oportunidades
Durante los paneles, la experta en IA Sasha Rubel ha aportado cifras sobre la brecha entre discurso y práctica: “Alrededor del 85 % de organizaciones ve ahora el uso responsable de la IA como una gran prioridad, pero tan solo un 23 % de ellas tiene una gobernabilidad con IA realmente responsable”.
Rubel ha descrito además la distancia entre la retórica política y la implementación técnica: “Cuando hablo con políticos sobre la importancia de mantener un uso ético y responsable de la IA todos dicen estar de acuerdo, pero cuando esto mismo lo planteamos a ingenieros y programadores, nos dicen ‘muy bien, pero ¿qué queréis que hagamos exactamente?’”.
La IASEAI, organización sin ánimo de lucro que se define como “fundada para tratar los riesgos y oportunidades asociados con los rápidos avances de la Inteligencia Artificial”, celebra su edición de 2026 hasta el 26 de febrero en París. El programa incluye charlas, presentaciones y talleres y cuenta con la participación del premio Nobel de Economía (2001) Joseph Stiglitz y de Geoffrey Hinton, Nobel de Física (2024) y también ganador del premio Turing a la Computación en 2018 junto a Bengio.
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