1978 trajo consigo una revolución romántica: se estrenó Grease –ahora clásico de culto– y, entre pelos engominados y adolescentes de treinta años, asomaba la certeza de que, efectivamente, era posible que perdurara un amor de verano. La historia de como la inocente Sandy (Olivia Newton-John) lograba encandilar a Danny Zuko (John Travolta), el malote de clase, y que la cosa no se quedase en un mísero rollete estival fue una revolución. Y, como pasa con todo éxito en taquilla, la productora –en este caso, Paramount Pictures– no tardó en preparar una secuela. Grease 2 se estrenó en 1982 y, pese ahora ser reivindicada por los fans como un éxito tardío, lo cierto es que fue un fracaso total. Era más de lo mismo pero sin el carisma de la anterior. A Grease 2, sin embargo, le debemos el salto a la fama de Michelle Pfeiffer y el descubrimiento de Maxwell Caulfield, uno de los it-boy de principios de los 80.

Caulfield lo tenía todo para ser el próximo bomboncito de Hollywood (y, de hecho, lo fue): era carismático, atractivo y tenía esa sonrisa que tranquilizaba a toda madre y derretía a toda hija. Pero el joven heredero de John Travolta no lo tuvo fácil para mantenerse como pilar inamovible de la industria. El motivo no fue otro sino el amor. Hacía dos años que había actuado en la obra de teatro The Elephant Man (no confundir con la película de David Lynch) junto a la también actriz Juliet Mills, y la pareja no hizo otra cosa que enamorarse. Ella tenía 39 años. Él, 21. Se casaron ese mismo año.

Era una catástrofe: ¿cómo iba el último joven actor por el que apostaba la industria a estar casado, y con una mujer casi veinte años mayor que él? Allá por donde fuera, a Caulfield se le recriminaba su amorío, pero él era sincero. Y esa sinceridad se ha mantenido a día de hoy: 45 años después, la pareja sigue enamorada. Precisamente, esta madrugada, el actor ha sido el encargado de entregarle a su mujer el Cinecon Legacy Award durante este festival de cine clásico de Los Ángeles, en reconocimiento a sus "importantes contribuciones al mundo del cine".

Amor al estilo Hollywood

Lo suyo ha sido una historia de amor al más puro estilo Hollywood clásico, del estilo de Humphrey Bogart y Lauren Bacall o Spencer Tracy y Katharine Hepburn. Y, sin embargo, hay algo especial en esta pareja que sigue unida casi medio siglo después. Mills lo explicaba así hace unos años a la revista femenina Woman's World: "Si tienes la suerte de encontrar a tu alma gemela, tenéis mucho en común y estáis dispuestos a esforzaros cuando las cosas se pongan difíciles (...), diría que esa es la prueba definitiva".

Juliet Mills nació el 21 de noviembre de 1941, hija del también actor John Mills (La hija de Ryan) y hermana de Hayley Mills (Tú a Boston y yo a California). Así, con este pedigrí tan actoral, Juliet no iba sino a dedicarse también a la industria del entretenimiento. Pero lo cierto es que, si bien ha hecho muchas películas (su estelar protagonista en Nanny y el profesor) y series de televisión (ganó un Emmy por su papel en la miniserie QB VII), a la joven siempre le tiraba más el teatro.

Por su parte, Maxwell Caulfield nació en fechas muy próximas a su amorcito (el 23 de noviembre), pero varios años después: en 1959. Su primer protagonista en el cine fue precisamente Grease 2, al que luego le seguirían papeles en otras películas como la visionaria pero fallida Electric Dreams (1984), la cinta indie de culto Empire Records (1995) o en series como Los Colby. Sin embargo, como pasaba con Mills, a Caulfield lo que le gustaba era el teatro, ya fueran obras de Shakespeare o musicales contemporáneos. Y de esa pasión conjunta nació su amor.

El amor nace en el teatro

La conexión fue inmediata cuando ambos se conocieron en la producción teatral de The Elephant Man y, aunque los que los rodeaban se mostraban escépticos, la pareja se casó el 2 de diciembre de 1980, apenas seis meses después de conocerse. Era el primer acercamiento romántico de Caulfield. Mills iba ya por su tercer matrimonio.

Los agentes del actor le instaban a dejar a esa vejestoria, pues no le hacía nada bien a su imagen pública. Pero a Caulfield le daba igual, no veía por qué su vida personal debía entorpecer su vida profesional. Mills, sin embargo, no se callaba una: "Todo el mundo parece estar interesado en el hecho de que esté casada con alguien mucho más joven que yo... No hay reglas [en el amor]. La edad, realmente, no importa. Si conoces a alguien a quien amas, quédate con esa persona".

Dicho y hecho, la pareja ha sido modélica desde sus inicios. Jamás oiréis hablar de controversias personales entre Maxwell Caulfield y Juliet Mills. Caulfield se convirtió en padrastro de Melissa y Sean, hijos de Juliet en sus anteriores matrimonios, y estos pasaron a llevar su apellido.

Con el tiempo, la pareja se asentó en el mundillo y, si bien ambos jamás trascendieron tanto como se les había prometido, pueden celebrar vivir de su trabajo. Lo suyo no fue un amor de verano, como el de Sandy y Danny, sino, más bien, un amor de teatro, como el de Shakespeare y su Anne Hathaway (en el que, por cierto, ella también llevaba la avanzadilla en edad).