Vladyslav Heraskevych, el primer piloto ucraniano de skeleton en la historia, ha llamado la atención mundial durante los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 al ser descalificado por su homenaje a los deportistas ucranianos fallecidos en la guerra.

El incidente del casco, un tributo que no gusta al COI

Todo comenzó en las sesiones de entrenamiento previas a la competición de skeleton masculino, programada para el 12 y 13 de febrero de 2026. Heraskevych llegó a la pista con un casco pintado a mano por un artista de Kiev, adornado con fotografías de aproximadamente seis deportistas ucranianos muertos en la invasión rusa iniciada en 2022. Entre ellos destacaban la levantadora de pesas adolescente Alina Peregudova, el boxeador Pavlo Ishchenko y el jugador de hockey sobre hielo Oleksiy Loginov.

El Comité Olímpico Internacional (COI) intervino rápidamente, argumentando que el casco violaba la regla 50 de la Carta Olímpica, que prohíbe manifestaciones políticas, religiosas o raciales en el ámbito deportivo. A pesar de pasar la inspección técnica inicial, el COI emitió advertencias repetidas, incluyendo una visita de su presidenta, Kirsty Coventry, para persuadirlo de cambiarlo. Heraskevych se negó rotundamente, "No traicionaré a estos atletas. Sacrificaron sus vidas para que yo pueda estar aquí", declaró.

La tensión culminó horas antes de la primera manga. El COI retiró su acreditación, impidiéndole competir y generando una gran indignación en la delegación ucraniana. El Comité Olímpico Nacional de Ucrania apeló la decisión, alegando falta de tiempo para un reemplazo adecuado y defendiendo el casco como un tributo humano, no político.

Imagen de Vladylsav Heraskevych en los JJ.OO de Milán-Cortina | EP

¿Quién es Vladyslav Heraskevych? De pionero a símbolo nacional

Nacido el 12 de enero de 1999 en Kiev, Vladyslav Mykhailovych Heraskevych creció en un entorno modesto, donde el deporte se convirtió en su escape y vocación temprana. Introducido al skeleton en 2014, se convirtió en el primer ucraniano en practicar esta disciplina extrema, que consiste en deslizarse boca arriba por una pista de hielo a velocidades de hasta 130 km/h sobre un trineo ligero. Su padre, Mychajlo Heraskevych, actúa como su entrenador personal.

Sus logros son especiales. En 2017, debutó en los Campeonatos Mundiales en Königssee, Alemania, terminando 24º y abriendo camino para su país en un deporte dominado por naciones como la propia Alemania, Canadá y Reino Unido. Ese mismo año, compitió en la Copa del Mundo, clasificándose 24º tras siete carreras.

En los Juegos de PyeongChang 2018, Ucrania obtuvo su primera plaza en skeleton masculino gracias a él, culminando en un meritorio 12º puesto (con un impresionante 7º en la cuarta bajada). En Pekín 2022, pese a las sombras de la invasión rusa, finalizó 18º.

Heraskevych no es solo atleta. Cuando Rusia invadió Ucrania en febrero de 2022, trabajó en una organización benéfica entregando suministros a zonas afectadas. Además, fundó la Vladyslav Heraskevych Foundation para apoyar a niños desplazados y deportistas refugiados. Ha entrenado con freestyle skiers de Mariúpol, motivándolos pese a sus traumas de guerra, y rechazó alistarse inicialmente para seguir compitiendo, "Mi deporte es mi forma de luchar".

Familia, guerra y el precio de la convicción

Lejos de las pistas, Heraskevych es un joven marcado por la guerra. Su vida ha cambiado drásticamente desde 2022. Entrena en el extranjero con permisos especiales, y trata de mezclar las competiciones deportivas con la ayuda humanitaria en su país.

Tras su eliminación de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, el atleta ha querido hacer un vídeo a modo de comunicado sobre su visión de los hechos en el que, entre otras cosas, ha asegurado que "este es el precio por mantener su dignidad viva". Además, ha pedido al COI tres cosas:

  1. Levantar la prohibición del uso del "Casco de la Memoria".
  2. Pedir disculpas por la presión que se me ha ejercido en los últimos días.
  3. Como muestra de solidaridad con el deporte ucraniano, proporcionar generadores eléctricos para las instalaciones deportivas ucranianas que sufren bombardeos diarios.