Lei Jun es uno de los empresarios tecnológicos más influyentes de China y el rostro visible de Xiaomi, la compañía que fundó en 2010 y que hoy dirige como presidente y CEO. Su figura vuelve a estar en el foco por la visita de Pedro Sánchez a la sede de Xiaomi en Pekín. Allí, el presidente español se reunió con él para explorar nuevas inversiones y proyectos de cooperación tecnológica entre España y China.

Quién es Lei Jun

Lei Jun nació en diciembre de 1969 en Xiantao, una ciudad de la provincia china de Hubei, en un momento en que China todavía estaba muy lejos de convertirse en la potencia tecnológica que es hoy. Se formó en Ciencias de la Computación en la Universidad de Wuhan. Su base académica le dio una ventaja decisiva en un país que empezaba a abrirse al desarrollo del software, la electrónica y los negocios digitales.

No es solo el fundador visible de Xiaomi, sino un empresario que ha ido acumulando experiencia durante décadas en distintos escalones del sector tecnológico chino. Antes de crear su propia gran marca, trabajó durante años en Kingsoft, una empresa de software en la que entró en 1992 y en la que fue ascendiendo hasta ocupar puestos de máxima responsabilidad. Ese recorrido le permitió entender desde dentro cómo se construye una compañía tecnológica, cómo se organizan los equipos, cómo se compite en un mercado muy agresivo y cómo se escala un producto en un entorno tan grande y cambiante como el chino.

Además de su papel en Kingsoft, Lei Jun también fundó Joyo.com, una plataforma de comercio electrónico que terminó siendo comprada por Amazon en 2004. Esa operación fue importante porque le dio experiencia directa en internet, consumo digital y expansión comercial, tres áreas que después serían esenciales en el modelo de Xiaomi. A eso se suma su faceta como inversor en empresas emergentes, lo que le permitió estar en contacto con nuevas ideas, nuevos modelos de negocio y una generación de emprendedores que estaban transformando el ecosistema tecnológico del país.

Cómo llegó hasta ahí

El ascenso de Lei Jun no se entiende solo por haber creado una marca de móviles populares, sino por haber sabido leer el momento exacto en el que China estaba preparada para dar un salto tecnológico. Su carrera previa en Kingsoft fue clave porque le dio una visión profunda del negocio del software y de la gestión corporativa. Allí aprendió a dirigir equipos, a tomar decisiones estratégicas y a competir en un entorno donde la innovación no era una opción, sino una necesidad.

Lei Jun entendió pronto que en China no bastaba con copiar modelos extranjeros. Había que adaptar el producto, el precio, la distribución y la comunicación al comportamiento real del consumidor local. Esa intuición acabaría siendo una de las señas de identidad de Xiaomi, una compañía que rompió con la lógica tradicional de la industria móvil al apostar por precios ajustados, venta directa por internet y una relación muy intensa con la comunidad de usuarios.

Vida personal

Sobre su vida personal, la información pública es más limitada que sobre su carrera, algo bastante habitual en grandes empresarios chinos. Algunas fuentes señalan que está casado con Zhang Tong y que tiene dos hijos, aunque su entorno familiar se mantiene en un perfil bajo. Esa discreción encaja con una imagen pública más técnica y empresarial que mediática. En ocasiones se le compara con Steve Jobs por su estilo de liderazgo y por el papel central que ha tenido en la construcción de Xiaomi.

Se le describe a menudo como humilde, ambicioso y muy orientado al trabajo. Se dice incluso que puede dedicar más de 80 horas semanales a la empresa. Esta es una cifra que, sea literal o no, sirve para retratar el nivel de intensidad con el que se le asocia. Esa ética laboral encaja con su papel dentro de Xiaomi, donde no ha sido solo fundador nominal. Es también una figura profundamente implicada en la estrategia y en la identidad de la compañía.

La historia de Xiaomi

Xiaomi nació en abril de 2010 como una empresa enfocada en smartphones y otros productos electrónicos de consumo. Su gran ruptura con el modelo tradicional fue vender por internet, con márgenes muy ajustados. Con ello evita gran parte del coste de la distribución física y de la publicidad masiva. Esa estrategia le permitió ofrecer teléfonos de altas prestaciones a precios mucho más bajos que los de Samsung o Apple mientras monetizaba servicios y software asociados al ecosistema.

Xiaomi creció rápido porque combinó precio, comunidad y velocidad. No solo vendía hardware barato; también construyó una relación muy directa con sus usuarios, usando redes sociales y lanzamientos muy seguidos para generar expectación. Esa fórmula convirtió a la compañía en una de las grandes sorpresas de la industria. Esto es así hasta el punto de que ya en 2014 su valoración la situó entre las startups tecnológicas más valiosas del mundo.

Hoy Xiaomi es mucho más que un fabricante de teléfonos. La compañía ha ampliado su negocio a relojes, dispositivos del hogar conectado, inteligencia doméstica y, más recientemente, automoción eléctrica. En la visita de Sánchez, precisamente, la sede mostró vehículos eléctricos, una vivienda inteligente y componentes de automoción, una puesta en escena que resume bien la ambición actual del grupo.

Uno de los grandes giros de Lei Jun ha sido entrar en el negocio del vehículo eléctrico. Esta fue una apuesta que anunció personalmente y que él mismo supervisa de cerca. Xiaomi entregó 135.000 vehículos eléctricos en 2024 y marcó 300.000 como objetivo para 2025.

Su reunión con Pedro Sánchez

La reunión con Sánchez cobra aún más sentido si se observa el actual enfoque de la Unión Europea por reforzar su soberanía estratégica en sectores clave. Estos son los semiconductores, la inteligencia artificial, la movilidad eléctrica y la ciberseguridad.

En ese escenario, la figura de Lei Jun y el expansión de Xiaomi más allá del smartphone lo convierten en un actor atractivo para alianzas público‑privadas en España. Un eventual acuerdo no solo podría traducirse en nuevas fábricas, centros de I+D o acuerdos con startups tecnológicas locales, sino también en un refuerzo simbólico de la apuesta europea por atraer gigantes tecnológicos sin perder autonomía frente a potencias como EEUU o China.