Harper Lee y Truman Capote fueron dos de los grandes autores de la literatura estadounidense. Sus raíces, momentos de juego y problemas familiares compartidos hicieron que ambos se convirtieran en buenos amigos. Sin embargo, su amistad no duró para siempre ni fue para nada perfecta.
Harper Lee —cuyo nombre completo era Nelle Harper Lee— nació hace hoy cien años, el 28 de abril de 1926, en Monroeville (Alabama), al sur de Estados Unidos. La célebre autora creció siendo la menor de cuatro hijos en una familia sureña convencional de finales de los años 20, al cuidado de su madre, Frances Culligham, y su padre, Amasa Coleman Lee, abogado y legislador estatal.
Aunque inicialmente pareció interesada en seguir los pasos de su progenitor estudiando Derecho en la Universidad de Alabama, meses antes de graduarse abandonó los estudios. En 1949, con 23 años, se mudó a Nueva York, donde trabajó como recepcionista mientras dedicaba sus noches a la escritura.
Fue durante el ajetreo de la 'Gran Manzana' donde volvió a juntar su camino con Truman Capote, con quien ya había compartido tardes de juegos y visitas a los juzgados de Monroeville. Fue precisamente uno de los casos que llevó su padre, el que le serviría como inspiración para su célebre novela Matar a un ruiseñor (1960) ganadora del Pulitzer en 1961 y adaptada al cine años después. Su amistad fue una relación tan fructífera —sirviendo uno de inspiración para las novelas del otro— como destructiva a la hora de afrontar su éxito profesional.
El papel clave de Harper Lee en 'A sangre fría'
En 1959, atraído por el asesinato de una familia en Holcomb (Kansas), Truman Capote reclutó a Lee para investigar lo que acabaría siendo su libro más conocido, A sangre fría. La participación de la autora fue decisiva: mientras Capote generaba rechazo por su personalidad extravagante, la empatía de Lee logró que los desconfiados vecinos se abrieran. "Truman no encajaba, y nadie hablaba con él. Pero Nelle salió y estableció la relación con la gente. Logró los contactos con los habitantes del lugar y pudo introducir a Truman", confesaba años después Harold Nye, uno de los detectives del caso.
Recién entregado el manuscrito de su novela, Lee volcó su curiosidad y conocimientos de derecho penal en redactar innumerables y detalladas notas de campo —incluyendo desde el tamaño y color del mobiliario hasta el programa de televisión que sonaba de fondo durante las entrevistas a las fuentes— y que fueron lo que más tarde haría triunfar al libro.
Su lealtad fue tal que incluso publicó un artículo anónimo en 1960 para promocionar el trabajo de Capote y proteger la reputación de los detectives que llevaban el caso, un secreto que no se reveló hasta 2016. Años después, Holcomb aún recordaba a Lee con afecto, mientras mantenía la distancia con un Capote que se llevó todo el crédito.
Celos y envidia, los motivos de su distanciamiento
A pesar de su constante apoyo, Capote no pudo evitar tener celos del gran éxito que tuvo la obra de su buena amiga y compañera de profesión. Matar a un ruiseñor destacó rápidamente y alcanzó a vender más de 30 millones de ejemplares, manteniendo la relevancia del tema y la popularidad de su autora hasta día de hoy.
Fue precisamente esto lo que generó mucha envidia y celos en Capote, quien llegó a extender el rumor de que había sido él quien escribió el libro. Algo de lo que la propia autora era consciente y contaría más tarde en una de las pocas entrevistas que dio a los medios: "Fuimos amigos durante mucho tiempo, pero hice algo que Truman no podía perdonar: escribir una novela exitosa. Me tuvo envidia durante 20 años".
Aunque estaban distanciados, Lee siguió ayudando a Capote en la investigación que llevó cinco años hasta su publicación en la revista y posteriormente en un libro, bajo el título que lo haría pasar a la historia, A sangre fría (1966). Una obra que le valió el título de 'Padre del Nuevo Periodismo', siendo pionero en el género de la narrativa de no ficción.
A pesar de la implicación máxima durante años y el apoyo público, Capote no reconoció nunca oficialmente la contribución de Lee a la investigación. Por el contrario, le dio una escueta mención junto a su amante, un gesto que molestó profundamente a la escritora y que acabó en un distanciamiento final entre ambos autores.
De su larga amistad solo queda la huella que ambos dejaron en las obras del otro: en la célebre novela de Lee, Matar a un Ruiseñor, Capote aparecía representado en Dill, un niño que, a sus 7 años, era pequeño para su edad. En la obra de Capote también quedaron trazos de la que fue su amiga, pues el personaje de Idabel de Otras voces, otros ámbitos lo basó en ella.
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