Los homenajes por el centenario del nacimiento de Cayetana Fitz-James, la inolvidable duquesa de Alba, han culminado con unas sorprendentes e íntimas declaraciones de su viudo, Alfonso Díez. Rompiendo el silencio y la discreción que siempre le han caracterizado, Díez ha recordado con cariño los "celos" de doña Cayetana durante su matrimonio. Con un tono relajado y bromista, confesó una anécdota que no ha dejado a nadie indiferente al hablar sobre cómo ella organizaba los eventos sociales. "Si la cena era muy protocolar si podía me sentaba a la más fea que podía. Si estaba en su mano, la más fea". El viudo ha asegurado emocionado que, a pesar de estas divertidas precauciones, él estaba tan enamorado que no habría tenido ojos para nadie más.

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Estas revelaciones han tenido lugar durante un coloquio celebrado en el Teatro Cajasol de Sevilla. En un evento que ha servido como broche de oro a las semanas de exposiciones, charlas y espectáculos flamencos conmemorativos. La cita ha reunido a familiares y allegados en un ambiente muy cercano, destacando la presencia de sus hijos Cayetano y Fernando Martínez de Irujo, íntimos amigos como Carmen Tello, y personalidades como Curro Romero. El duque de Arjona, Cayetano, no pudo contener las lágrimas al presentar a Alfonso, agradeciendo su papel en la Casa de Alba, "¿qué voy a decir de Alfonso? Una de las mejores cosas que nos han pasado en los últimos cien años en la casa de Alba es la verdad de Alfonso".

Durante su intervención, Díez compartió cómo fue ese impactante primer encuentro con la mujer que poseía más títulos nobiliarios de España. Recordó la escena con gran sentido del humor, explicando que iba con unos amigos y su madre en una situación "todo rarísimo" y se quedó "de piedra" porque solo la conocía por haberla visto en el NODO. "Bueno, no lo puedes imaginar, yo me quedé así como viendo visiones", relató, añadiendo un peculiar detalle sobre la forma en que ella se fijó en él. "Lo que sí que noté es que me miró como... ¿tú sabes cómo es cuando un águila, se supone, mira a un conejo? así me miró".

El viudo también ha querido destacar el fuerte temperamento y el genio inconfundible de doña Cayetana a través de anécdotas cotidianas. Recordó la vez que los médicos le prohibieron el alcohol porque era incompatible con su medicación. Cuando llegó un barril de cerveza sin alcohol al palacio de las Dueñas, la duquesa no dudó en probarla y mostrar su rechazo tajante exclamando entre risas "¡oigan! Esta cerveza se la dan a mi marido a mí traíganme la mía!". Era, según Díez, una mujer "enormemente amena, divertida" que convertía cualquier situación en una anécdota memorable.

Ese espíritu aventurero y vitalidad inagotable quedaron patentes en los viajes que compartieron alrededor del mundo. Alfonso rememoró su exótico viaje a Tailandia a principios de 2013, una "especie de luna de miel tardía", que contaba con un "protocolo enorme" para cenar con la reina Siriquí y su marido, un plan que finalmente se suspendió por la enfermedad del monarca. Asimismo, relató sus peripecias en los controles de los aeropuertos, donde ella gritaba exigiendo "no me toquen", y su disposición a seguirle en cualquier locura, incluso cuando él bromeaba con montarse en un globo en Capadocia a pesar de su vértigo. "Si yo decía que me iba a montar en globo, ella dice pues yo también", recordó con nostalgia, destacando lo bien que se lo pasaba con ella.

A pesar de la diversión y el profundo amor que compartían, los inicios de la relación no estuvieron exentos de miedo y controversia social. Alfonso desveló por primera vez cómo la duquesa dio el paso de proponerle matrimonio, diciéndole "Alfonso, yo no sigo para estar como estamos". Él confesó haber estado asustado y sin necesidad de casarse, "Dios mío de mi vida, la que me va a caer". Además, aprovechó para zanjar definitivamente las críticas de la época sobre un posible interés económico, asegurando que él ya tenía su vida resuelta. "Yo no tengo ninguna pretensión económica ni de ningún tipo, yo te quiero. Yo tenía todo pagadito, yo tenía mis ingresos, todo muy normal y estaba en otra guerra distinta".

Finalmente, Alfonso abordó uno de los temas más delicados y escrutados por la prensa de la época, su relación con la descendencia de la aristócrata. Admitió que, en un principio, algunos de los hermanos "fueron muy, muy duros conmigo", tanto por teléfono como en persona. Sin embargo, destacó que fue precisamente Cayetano el primero en acogerle "al ver que aquello no era lo que se presumía". Hoy en día, la situación se ha normalizado y el viudo mantiene un profundo aprecio por todos ellos, "les tengo muchísimo respeto porque son hijos de ella. Y aunque fueran lo que fueran, para mí son, primero, hijos de Cayetana".