Acaba de regresar de la Conferencia de Múnich, donde el fin de semana pasado se dio cita la flor y nada de la defensa y la seguridad global. Camille Grand es uno de los sabios europeos en cuestiones de geopolítica. Desde septiembre de 2025, es secretario general de ASD (Asociación de Industrias Aeroespaciales, de Defensa y Seguridad de Europa). Es miembro del Consejo del European Council on Foreign Relations (ECFR). Trabajó como secretario general adjunto para inversiones en defensa en la OTAN entre 2016 y 2022. Fue director de la Fondation pour la recherche stratégique (FRS), el think-tank francés de referencia en defensa y seguridad. En conversación con El Independiente, reflexiona sobre los cuatro años de guerra en Ucrania y los riesgos del afán belicista de la Rusia de Putin. Sostiene que no se vislumbra un alto el fuego porque ni Rusia ni Ucrania han llegado al límite. Si Rusia consigue más o menos lo que demanda, y los europeos no se refuerzan, Putin intentará romper la OTAN y la UE, o utilizar su ejército en otros escenarios.

Pregunta.- Entramos la semana próxima en el quinto año de guerra en Ucrania. ¿Cuánto tiempo durará aún? ¿De qué depende su final?

Respuesta.- Depende de Rusia, en primer lugar. Rusia puede detener esta guerra en cualquier momento. Si Rusia retira sus tropas o incluso acepta un alto el fuego, las hostilidades cesarán inmediatamente. Por lo tanto, eso es obviamente la clave de todo esto. Además, estamos en una guerra que podríamos llamar una guerra de desgaste, es decir, un conflicto en el que es difícil predecir cuál de los dos beligerantes se agotará primero. Ninguno de los dos ha llegado aún al límite.

Ese agotamiento puede darse en tres planos: el frente, la economía y la moral. Ninguno de los dos bandos ha llegado a ese extremo. En el plano militar Rusia aguanta porque está invirtiendo enormes recursos. Y en el de Ucrania porque el ejército ucraniano hasta el momento resiste. También puede ocurrir que la economía se derrumbe. Y no es el caso tampoco. Ucrania, gracias a la ayuda europea en particular, aguanta. Y la economía rusa, a pesar de las sanciones, se mantiene. Por último, la tercera causa de un posible colapso sería por el hundimiento de la moral de la población. Aquí vemos que la población ucraniana ha comprendido y asimilado perfectamente que esta guerra es una guerra por la supervivencia de Ucrania y, por lo tanto, no piden que las hostilidades cesen lo antes posible. Y por parte rusa, Vladimir Putin ha logrado, pagando muy bien a los soldados que van al frente y ofreciendo grandes compensaciones cuando los soldados mueren o resultan heridos, mantener hasta nuevo aviso la unidad de la población rusa a costa de un régimen que se ha vuelto mucho más severo y que impide que se manifieste cualquier voz disidente. La simple mención de la idea de la guerra puede acarrear la privación de libertad o problemas con la justicia rusa.

No sabemos cuándo cualquiera de las dos partes va a ceder en alguno de estos tres frentes. Es evidente que la población ucraniana, que ha sufrido enormemente este invierno, sobre todo por los ataques rusos a las infraestructuras energéticas, está quizás más dispuesta a llegar a un compromiso que hace uno o dos años. Y también vemos que la economía rusa está realmente en apuros. La situación es muy difícil: el rublo se mantiene a un precio de tipos de interés muy altos, el crecimiento es muy débil y solo se sustenta en el esfuerzo bélico, y las exportaciones de petróleo se han desplomado.

En conclusión, hay muchos elementos diferentes que hacen que hoy en día sea difícil predecir si uno de los dos países, insisto que no solo se trata de Ucrania, se vaya a cansar pronto. Hay que añadir un elemento complicado, que es la actitud de Estados Unidos, que ejerce más presión sobre Ucrania que sobre Rusia. Es un hecho lamentable. En teoría se han comprometido con una paz duradera en Ucrania, lo que es bueno para favorecer la búsqueda del fin del conflicto. Sin embargo, lo hacen de una manera un poco sorprendente en comparación con las tradiciones estadounidenses, ya que está bastante claro que los negociadores estadounidenses son más sensibles a la interpretación rusa del conflicto que a la interpretación ucraniana.

Sobre Ucrania, por primera vez en la historia de la OTAN hay una verdadera divergencia entre europeos y estadounidenses sobre la seguridad europea"

P.- En Múnich escuchamos al secretario de Estado Marco Rubio dar un discurso en el que no mencionó a Ucrania. ¿Cree que Ucrania es la prueba decisiva para las relaciones entre Europa y Estados Unidos?

R.- Nos encontramos ante algo que es, sin duda, un verdadero problema para la relación entre Estados Unidos y Europa. En lo que respecta a de Ucrania, quizá por primera vez en la historia de la alianza transatlántica, es decir, desde hace 80 años, existe una verdadera divergencia entre europeos y estadounidenses sobre un tema que afecta a la seguridad europea. Todo el esfuerzo de los últimos seis meses ha consistido, por parte de los europeos, en intentar realinearse con los estadounidenses tras los compromisos con Putin o con la diplomacia rusa. En última instancia, Estados Unidos no está en sintonía con la percepción que tiene la gran mayoría de los europeos sobre la seguridad europea.

P.- ¿Por qué Trump sigue creyendo en Putin a pesar de que los hechos demuestran que no está interesado en una paz justa?

R.- Es difícil meterse en la cabeza de Donald Trump, pero creo que hay dos cuestiones que influyen. Una tiene que ver con su percepción de las relaciones entre las grandes potencias. Por razones que son discutibles está absolutamente convencido de que Rusia es una gran potencia. Quizás porque su visión del mundo se cristalizó a finales de los años 80, en la época de las superpotencias. Es decir, al final de la Guerra Fría. Por otra parte, creo que Trump siente una especie de respeto por los hombres fuertes y que, desde ese punto de vista, siempre ha tenido más simpatía por Putin que por Ucrania, y está convencido, en mi opinión erróneamente, de que Ucrania no puede ganar esta guerra. Eso le ha llevado a adoptar una postura un poco diferente a la de la administración Biden, aunque también hay puntos en común, como el temor a una escalada y la voluntad de no involucrar demasiado a EEUU en un conflicto europeo. Suelen tomarse las posturas rusas al pie de la letra: cuando Rusia dice que está ganando y que solo pide un tercio del territorio ucraniano, se dice que es una postura bastante razonable. Mientras que cuando Ucrania señala que está dispuesta a detener la guerra, pero quiere que se respete mi soberanía, se les responde que están exagerando mucho. Así que aquí hay un desfase que es problemático.

P.- Macron y Meloni están a favor de mantener conversaciones con Putin. ¿Cómo entiende usted esta postura? ¿Es una buena idea?

R.- Macron y Meloni, cada uno en su registro, que son diferentes, consideran que es importante que los europeos estén en la mesa de negociaciones. Y para estar en la mesa de negociaciones, habría que hablar directamente con Putin. De momento, Putin no ha dicho: "Genial, venid a verme a Moscú". Putin prefiere hablar con Trump, que está más atento a sus opiniones. Hay una cuestión táctica sobre los europeos porque hay matices. Hay quienes consideran que es demasiado pronto para hablar con Putin y los que, como Macron y Meloni, sostienen que hay que hablar con Putin tarde o temprano y que, si queremos formar parte de esta negociación, hay que estar preparados para hacerlo ahora mismo si no queremos que el futuro de Europa se decida únicamente entre Washington y Moscú. No sé cuál es el mejor enfoque. Lo que me parece importante es abordar a Putin sin ingenuidad y sin pensar que va a ser posible. Por cierto, lo interesante es que Putin no está muy interesado en estas conversaciones con los europeos porque, a diferencia de otras épocas, sabe muy bien que los europeos van a ser más firmes con él que la administración estadounidense.

Lo que es muy importante es que no haya una cesión formal de territorio, ya sea Crimea o Donbás. Es lo que pide Putin y creo que no hay que aceptarlo"

P.- ¿Y cómo se resolverá la cuestión de los territorios? ¿Es inevitable que Ucrania ceda parte de su territorio?

R.- Cuando hablamos de esta cuestión del territorio, creo que estamos mezclando un poco cosas diferentes. Decir que el alto el fuego no se va a producir dentro de las fronteras internacionalmente reconocidas de Ucrania me parece una realidad. No se ve en qué condiciones Ucrania podría reconquistar hoy los territorios perdidos, que representan aproximadamente el 20 % de su territorio, contando lo que fue conquistado en 2014 con Crimea y la parte del Donbás que ya estaba controlada por Rusia. Pero decir eso no significa que Ucrania deba ceder territorios. Y eso creo que es muy importante como cuestión de principio. Los europeos han de insistir en que en el mundo actual no se consiguen cambios de fronteras por la fuerza. Quizá la situación se mantenga congelada durante cinco o diez años, o quizá más tiempo. El conflicto entre las dos Coreas dura desde 1953 y no hay ningún acuerdo de paz que reconozca la existencia de dos Coreas. Alemania estuvo dividida 40 años pero ya lleva más tiempo unida que estuvo separada. Hay cosas que creemos inmutables y que quizá cambien mañana con otro régimen en Rusia. Lo que es muy importante es que no haya una cesión formal de territorio, ya sea Crimea o Donbás, porque eso supondría renunciar a todos los principios que hay. Eso es lo que pide Vladimir Putin, que todo el mundo reconozca que esa es la nueva frontera entre Rusia y Ucrania. Y creo que eso no hay que aceptarlo. Después, en un alto el fuego, puede ocurrir que se reconozca que hay una línea de alto el fuego que no es la frontera reconocida por todos o reconocida por todas las partes.

P.- La otra cuestión clave son las garantías de seguridad.

R.- Las garantías de seguridad son esenciales para los ucranianos. Están muy preocupados por la idea de que la guerra pueda volver a estallar poco después. Creen que Rusia puede esperar un año o dos para volver a intentar derrocar al gobierno de Ucrania, o tomar más territorio. Es lo que pasó en 2014. Es una demanda muy legítima por parte de los ucranianos. Estas garantías de seguridad pueden adoptar muchas formas diferentes. Se podría decir que solo tienen que entrar en la Unión Europea y en la OTAN en un plazo razonable para que Rusia no les ataque más. Ese es un modelo, diría que clásico, desde el punto de vista jurídico. Es lo que ocurrió con Alemania en 1955, cuando la Alemania federal se unió mucho después de la creación de la Alianza. Otra opción serán compromisos sobre un papel pero los ucranianos lo rechazan porque tienen malas experiencias con el Memorándum de Budapest o los compromisos de Minsk. Otra idea sería que las garantías de seguridad se tradujeran en una presencia física in situ y promesas de apoyo si los rusos reanudan las hostilidades. Y ahí vemos que se perfilan tres modalidades: envío de soldados tras el alto el fuego en Ucrania para garantizar la seguridad del país; el segundo tipo es la famosa coalición de voluntarios, dispuestos a apoyar con medios logísticos, aéreos, o entrenamiento al ejército ucraniano; y el tercero se refiere al apoyo, en caso necesario, de EEUU. Para muchos europeos, y para los ucranianos, es fundamental este compromiso de EEUU.
Es muy importante, desde el punto de vista de Ucrania, garantizar que no se trate de una pausa en una guerra que ya comenzó hace 12 años en realidad. Ahora bien, ¿será suficiente para disuadir a los rusos? No lo sé. Es un asunto entre los europeos, los estadounidenses y Ucrania. Pero, ¿van a exigir los rusos que no haya tropas en Ucrania? Eso forma parte de la negociación, en cierto modo. Hay muchas cuestiones por definir.

Al contrario de lo que cree Donald Trump, es Europa la que mantiene a flote a Ucrania y no EEUU"

P.- ¿Y si Trump finalmente se harta de no poder presumir de otra guerra terminada gracias a su gestión y deja a europeos y ucranianos solos?

R.- Evidentemente, es un reto. Pero hay que señalar en primer lugar que desde que Trump volvió a la Casa Blanca, la ayuda a Ucrania es en un 98% europea. Los estadounidenses siguen proporcionando información, y venden a Europa equipos que se entregan a Ucrania. Mientras que al principio del conflicto la ayuda estadounidense era muy dominante, hoy en día, la ayuda a Ucrania es en gran medida europea. Aportan también Japón, Australia o Canadá, y muy poco EEUU. Recordemos que los europeos han prometido 90.000 millones de euros de ayuda este año a Ucrania en forma de préstamos a muy largo plazo. Los estadounidenses no han prometido nada más que no detener el flujo de información, lo cual es importante, pero no es decisivo. Al contrario de lo que cree Donald Trump, es Europa la que mantiene a flote a Ucrania, y no Estados Unidos. No cambiaría mucho con respecto a la situación actual si dejaran de ayudar completamente. Pero es una ventaja contar con ellos. Si se desentendieran, ese escenario probablemente incitaría a Vladimir Putin a plantear demandas aún más maximalistas, ya que creería que sus posibilidades de ganar serían mayores. Lo más importante es que ayudan con inteligencia, que proporcionan armas que compran los europeos y que mantienen las sanciones. Pero no creo que hoy en día se pueda decir que Estados Unidos tenga todas las cartas en la mano en lo que respecta al futuro de Ucrania.

P.- Pero las armas y la munición que compran los europeos a EEUU sí son necesarios. ¿Qué pasaría si tampoco las vendieran?

R.- Hay una buena parte de la munición de artillería que viene de Europa y los sistemas de defensa aérea también. Hay algunas armas muy específicas como los Patriots, los misiles AIM-Mars, que son estadounidenses y que son muy importantes, como la Inteligencia. Una vez dicho esto, Estados Unidos puede decidir renunciar a 10.000 millones en contratos para Ucrania. Será un problema para Ucrania, pero también para las empresas estadounidenses. Para mí, la pregunta es: ¿en qué condiciones Estados Unidos, que hoy en día está menos centralizado en la ayuda a Ucrania, podría retirarse por completo? ¿Qué interés tendrían en retirarse por completo? Hoy en día, EEUU se beneficia por completo. Están en el centro del juego político. Esto representa el peso de Estados Unidos y su capacidad de influencia sobre Rusia y Ucrania. Pero no solo eso, sino que también ganan mucho dinero con los envíos de armas que los europeos no pueden hacer, por lo que estamos ante una situación en la que todos ganan, así que me sorprendería que abandonaran por completo esta postura que les resulta tan ventajosa.

EEUU se beneficia si sigue implicado con Ucrania: están en el centro del juego político, y ganan mucho dinero con los envíos de armas"

P.- Como dijo en Múnich la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, los ucranianos llevan desde el principio luchando con las manos atadas por las limitaciones en los envíos de armamento y en su uso. ¿Hay que dar nuevos pasos dado que Putin sigue atacando infraestructuras básicas o ciudades?

R.- Siempre hubo debate entre los europeos, y entre europeos y estadounidenses, sobre cuál era el nivel adecuado de ayuda a Ucrania, por miedo a agravar el conflicto con Rusia. Rusia nos explicó que si entregábamos tanques, sería la Tercera Guerra Mundial, y no fue así; si enviábamos misiles, sería la Tercera Guerra Mundial, tampoco; si enviábamos aviones, sería la Tercera Guerra Mundial, y no pasó. Así que hoy en día, casi todo el equipamiento se entrega a Ucrania, a veces con ciertas restricciones de uso. Pero ya son mínimas. La pregunta sería si hay que ir más allá. ¿Debe Ucrania recibir misiles Tomahawk con un alcance de varios miles de kilómetros para poder atacar los depósitos de armas de Rusia, las concentraciones de fuerzas y los sistemas de mando? Los estadounidenses, en particular, dudan en entregar a Ucrania armas de gran alcance. Es un debate que no me parece ilegítimo, pero de nuevo dejamos a Ucrania combatiendo con una mano a la espalda. Y si se proporcionara a Ucrania cierto tipo de equipamiento los rusos serían conscientes de que la conquista del país vecino es imposible y que el coste por intentarlo es demasiado alto.

P.- Si Rusia logra imponer su paz en Ucrania, ¿cuál será su próximo objetivo?

R.- Ganar es un término bastante impreciso, ya que se podría decir que, en cierto modo, ya han perdido. Ucrania seguirá siendo un país independiente. Han perdido un millón de hombres. Suecia y Finlandia han entrado en la OTAN. Quiero decir que hay muchas cosas que apuntan más bien a una derrota por estas razones. Pero supongamos que Rusia consigue más o menos lo que pide. Es decir, el control de una parte significativa del territorio ucraniano y la bendición de Estados Unidos para ese control, al tiempo que se relajan las sanciones, etcétera. Lo que me preocupa no es tanto la invasión de Europa, porque ya vemos claramente en Ucrania que el ejército ruso es incapaz de invadir Europa, sino que es muy posible que intente ejercer algún tipo de presión sobre un país frágil o más pequeño y fronterizo, como un país báltico, o en el Mar Negro, con la esperanza, en realidad, de romper la OTAN o la Unión Europea. Al ejercer presión sobre un país báltico, los estadounidenses dirían: "No queremos involucrarnos en este asunto". Y así se debilitaría el artículo 5 de la OTAN. Y los europeos, al menos algunos de ellos, empezarían a debatir si tal vez fueron los bálticos los que provocaron, exageraron, etcétera. Ese sería el escenario de crisis preocupante. Es decir, una Rusia que una vez liberada de la guerra en Ucrania, moviliza importantes recursos a lo largo de la frontera de alguno de los países bálticos y que la OTAN, Europa y los estadounidenses no estén a la altura de esta crisis y, por lo tanto, dejen que Rusia imponga, tal vez no una ocupación, sino un control político y presión sobre sus vecinos inmediatos. Es más difícil que ocurra si nos tomamos en serio la defensa. Si los estadounidenses se marchan y los europeos no se lo toman en serio, entonces aumentan considerablemente las posibilidades de que Putin intente hacerlo.

Y otra cosa que me preocupa es que Putin ha militarizado tanto la sociedad rusa que volver a un modelo de desarrollo de una sociedad menos centrado en el imperialismo militar va a ser complicado. Por lo tanto, Putin podría verse tentado, me atrevería a decir, a utilizar su ejército, que ha sido entrenado y financiado enormemente en otros escenarios. Eso es lo que hay que evitar siendo nosotros muy serios y, por lo tanto, logrando convencerlo de que renuncie a sus veleidades sobre los países de la Unión Europea y la OTAN, incluso si Estados Unidos no está en primera línea, o no se muestra dispuesto a impedirlo.

Es importante que todos los europeos, incluida España, hagan un esfuerzo en defensa porque no es seguro que EEUU nos vaya a apoyar en todas las circunstancias"

P.- ¿Cómo será la arquitectura de seguridad europea después de la guerra? ¿Hemos re replantearnos los europeos la cuestión nuclear? ¿Podemos confiar en EEUU?

R.- No se trata tanto de Ucrania, sino de la actitud general de la administración Trump. Nos ha sorprendido el asunto de Groenlandia, el hecho de que la administración Trump imponga más aranceles a sus aliados que a sus adversarios, esos discursos de Vance y Rubio contra las democracias liberales... Todo esto en conjunto hace que los europeos, hayan optado por ser más autónomos, por reducir su dependencia de Estados Unidos, algo que es perfectamente posible. Cuesta dinero, pero somos potencias económicas avanzadas y potencias tecnológicas avanzadas que tienen opciones para reducir su dependencia de Estados Unidos. La gran mayoría de los europeos ha integrado este riesgo de una América que estaría menos presente o que ya no estaría presente. Ya se está invirtiendo en soluciones para saber actuar sin América si es necesario.

P.- El Gobierno español sería una excepción.

R.- El Gobierno español es un poco atípico, porque hay resistencia a realizar un nivel de gasto militar suficiente. Me parece una pena, porque España es un país importante tanto desde el punto de vista estratégico como industrial y económico, y por eso es malo tener una España que está un poco con un pie dentro y otro fuera. En Europa hay toda una gama de posiciones al respecto con países que gastan incluso más de lo que se pide en este momento. Hay matices de gris en Europa sobre estos compromisos. Yo estoy convencido de que es importante que los europeos, y todos los europeos, incluida España, hagan un esfuerzo en materia de defensa, inviertan en su tecnología de defensa, en su industria de defensa porque no es seguro que Estados Unidos garantice nuestra defensa en todas las circunstancias. No es solo una cuestión ideológica y política con Trump, sino también porque tienen otras prioridades. Europa ya no es su primera prioridad. Y eso es difícil de admitir, pero es la realidad.