A Ákos Szilágyi le gusta lucirse. Lleva manga corta cuando la mayoría aún no se han desembarazado del chaquetón, a pesar de que la primavera ya se deja ver en Budapest. Está plantado frente al escenario en el Parque Millenáris donde van pasando los líderes de los Patriotas por Europa. Rinden homenaje a su líder, Viktor Orbán, el primer ministro húngaro. Orbán aspira a su quinto mandato consecutivo. Por primera vez en 16 años los sondeos anticipan su derrota frente al opositor Péter Magyar, líder de Tisza. "Es un traidor", sentencia Ákos, un tipo grandote con pinta de rockero sesentón. Es diseñador y presume de haber creado su camiseta en la que se ve a Orbán intentando contener la presión de una oleada incontenible hacia la Tercera Guerra Mundial.
Al rescate de Orbán, líder de Fidesz, han acudido a Budapest los principales dirigentes de la ultraderecha europea. Primero participaron el sábado en la Conferencia de Acción Política (CPAC), donde a los europeos se sumó el presidente argentino, Javier Milei, y uno de los hijos de Bolsonaro, Eduardo. Donald Trump participó con un mensaje grabado para decepción de Orbán, que tampoco pudo contar con el vicepresidente JD Vance. Hubo rumores los días previos sobre el viaje de Vance. Y el lunes han sido los Patriotas por Europa, que preside el español Santiago Abascal, quienes han participado en un mitin para ensalzar a su referente, Viktor Orbán.
Una carrera de obstáculos
Para llegar al Parque Millenáris de Budapest hay que pasar varias barreras. El público tiene que haberse registrado previamente. O esperar la cola para hacerlo in situ. Hay, sobre todo, gente mayor, de más de 60 años. Apenas se ven jóvenes. Los periodistas acceden, por así decirlo, por otra entrada.
La organización insta a los medios a cubrir el evento desde una tienda donde está instalado el centro de prensa. "Ahí se puede ver a través de una pantalla con traducción", comentan. ¿Y cómo hablamos con la gente? Silencio. Es rara esa afición del periodista a la vieja usanza de querer mezclarse con la audiencia y escuchar en directo a los líderes. "Está todo lleno", se excusan. Luego comprobamos que no era así. Al contrario.
Finalmente, es posible contemplar el acto desde un reducto destinado a cámaras y fotógrafos. Acotado y vigilado como si fuera una reserva de especies en peligro de extinción. Desde ahí hacemos señales al dueño de la camiseta que rinde homenaje a Orbán para que se acerque. Poco antes escuchamos al representante de Estonia hablar de cómo Hungría es "una isla de libertad" en Europa. En la reserva destinada a los medios nos sentimos aislados pero no libres.
Una derrota improbable
La suerte es que a Ákos le gustan los medios y se maneja en inglés así que se acerca para que podamos hablar con él sobre la cita electoral del 12 de abril. No puede imaginarse que Orbán pierda las elecciones. "Si perdiera, aunque no es un escenario que considere probable, las principales compañías del país, de gas, eléctricas, se venderían. También el nuevo gobierno firmaría el pacto migratorio y permitiría la llegada de inmigrantes ilegales", señala. En todo caso, asegura que Hungría ha sobrevivido a amenazas anteriormente y seguirá haciéndolo.
Orbán no tiene problemas en mostrar su cercanía con Putin, incluso después de la guerra en Ucrania. Asume el discurso de Putin y culpa a Ucrania y a Bruselas de que Hungría pueda verse arrastrada a la guerra. Así se presenta como el pacificador, frente a los que defienden la ayuda a Kiev. Ákos está de acuerdo con Orbán. "Putin solo defiende los intereses de Rusia", indica. El Kremlin ha dejado clara su apuesta por el primer ministro húngaro. Según The Washington Post, los servicios de Inteligencia rusos recomendaron que se simulara un atentado fallido para revertir la tendencia que se aprecia en los sondeos.
"Ucrania está persiguiendo a la minoría rusa desde hace años. La historia no empieza con la guerra de 2022, sino mucho antes. Quizá Putin debería haber atacado antes Ucrania", añade. Al artista no le gusta la guerra que libra EEUU e Israel contra Irán. "No me gusta pero a veces hay que hacer algo que no gusta para evitar algo peor. De todas formas, no estoy seguro de que haya sido idea de Trump".
Hungría va bien, digan lo que digan los datos
Como otros seguidores de Orbán, o de líderes ultranacionalistas, los datos que ponen en duda lo que trasladan sus referentes pasan a ser opiniones. El FMI coloca a Hungría por debajo de Rumanía en PIB per cápita, pero Ákos no se fía de la institución internacional. "Son datos, pero hay muchos datos en el mundo. Ahora el nivel de vida es mucho mejor en Hungría. Todo es mejor: hay más ingresos, más beneficios para los jóvenes, para las madres... Nuestra vida es mejor que hace diez años", sentencia sin ápice de duda.
La inflación es la mayor de la Unión Europea: la inflación acumulada desde 2020 llega al 50%. La economía lleva tres años estancada. Y el florín ronda los 400 por un euro, lo que supone una depreciación del 30% en seis años. No hay más que darse una vuelta por los restaurantes de la capital donde una sopa de goulash no baja de los 10 euros y resulta difícil comer por menos de 20 euros. Con sueldos medios mileuristas.
Para Ákos, el opositor Péter Magyar está al servicio de los burócratas de Bruselas. Es el mensaje que traslada Orbán en la cartelería que se ve por la ciudad donde aparece Magyar junto al presidente ucraniano Zelenski y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.
Una nueva mentalidad en Europa
No sabe decir si algún líder de los Patriotas está a la altura de Orbán, pero ve fundamental que los Patriotas se unan para "salvar Europa". "Hay que parar la Europa federal. Los Patriotas tienen que ser cada vez más grandes. Solo así Europa estará a salvo", indica. "Me gustaría que Europa cambiara de líderes y de mentalidad. Creo que la Unión Europea se ha alejado de la idea original".
En la marcha por la paz, Ákos desfiló con la camiseta que luce este lunes y cree que en esa ocasión Orbán pudo verle. No la ha comercializado. "O eres artista o eres comerciante. Yo soy artista", remarca.
Ya de salida encontramos a Giorgios Kotlidos, de 30 años, con una gorra azul que dice "Make Europe Great Again". Para Giorgios, Europa está en una crisis de civilización. "Hemos de volver a nuestros valores tradicionales para recuperar nuestra fortaleza", señala Giorgios. "Y Viktor Orbán encarna esos valores", concluye.
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