Viktor Orbán, el mejor aliado de Vladimir Putin en la Unión Europea, sigue en guerra abierta contra Ucrania. En plena campaña electoral en Hungría, el primer ministro de Hungría ha anunciado que cerrará progresivamente el grifo del gas al Gobierno de Kiev. Su excusa es la rotura del oleoducto de Druzhba por donde fluye el petróleo ruso hacia Hungría vía Ucrania. Por esa misma razón bloqueó la ayuda de 90.000 millones de euros a Ucrania en el último Consejo Europeo. Rompió la palabra dada en diciembre.
"Estamos interrumpiendo gradualmente los suministros de gas de Hungría a Ucrania y almacenaremos el gas que nos queda en Hungría", ha dicho Orbán en un vídeo publicado en Facebook. El paso siguiente sería cortar también el suministro de electricidad.
A falta de 18 días para las legislativas en las que se juega su continuidad en el poder, Orbán ha apostado por crear un enemigo exterior. Ha elegido Ucrania porque de paso hace el juego a su amigo Vladimir Putin. Un país agredido que resiste después de más de cuatro años solo puede ser el blanco de un político que reacciona a la desesperada.
Las encuestas vaticinan la victoria de su contrincante, Péter Magyar. De ahí que Orbán recurra al temor a la guerra, como ya lo hizo en 2022, y a culpar a Ucrania de la subida de precios de los combustibles. No se atreve a apuntar al verdadero causante, Donald Trump, y su enloquecida operación contra Irán.
Precios al alza por Irán, no por Ucrania
Con una economía maltrecha por el mal desempeño del equipo de Orbán, una subida de precios es el peor de los escenarios. A pesar de que el primer ministro quiere distraer la atención culpando a Ucrania y a la UE de las dificultades económicas, el coste de la vida se ha deteriorado mucho más que en otras capitales europeas.
El caso del oleoducto Druzhba, que abastece a las refinerías de Hungría de petróleo ruso, ha dado una excusa a Orbán para actuar contra Ucrania. Kiev afirma que el oleoducto resultó dañado por un ataque con drones rusos a finales de enero y que lo está reparando lo más rápido posible.
"Si el primer ministro Orbán interrumpe la importación de gas, creemos que la única consecuencia será privar a la economía húngara y a los húngaros de más de 1000 millones de dólares, que Hungría recibió, por ejemplo, el año pasado", ha indicado Heorhii Tykhy, portavoz del Ministerio ucraniano de Exteriores. Para marzo, Ucrania contrató 180 millones de metros cúbicos de gas de Hungría, lo que supone el 28% de su total, según informó una fuente del sector a la agencia Reuters.
Orbán ha recurrido a una campaña agresiva contra Zelenski y contra la UE para frenar el avance de la oposición liberal que representa Péter Magyar. El primer ministro de Hungría, que aspira a su quinto mandato consecutivo, culpa a Ucrania de querer provocar una crisis energética en Hungría. Ha llegado a desplegar tropas para proteger ciertas infraestructuras energéticas clave, con la excusa de amenazas de Kiev.
El 'Rusiagate'
A su vez, en Hungría ha estallado el Rusiagate, que implica al ministro de Exteriores, Péter Szijjárto. El jefe de la diplomacia húngara tenía al tanto al Kremlin de las reuniones del Consejo de la UE. Szijjárto hablaba en las pausas de los encuentros con sus colegas europeos con el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov.
El propio Szijjárto se ha justificado diciendo que hablar con los representantes de otros países es una práctica diplomática. Sin embargo, si se proporciona información a una potencia que supone una amenaza se está espiando a su favor. Bruselas ha de lidiar con la Hungría de Orbán, al servicio de Putin, si no hay un cambio de gobierno el 12 de abril.
En las calles de Budapest los carteles de Fidesz presentan al opositor Magyar flanqueado por Zelenski y Von der Leyen. "Este es el riesgo", puede leerse. La campaña contraria debería colocar a Orbán al lado de Putin, y vincularle a la guerra de agresión que libra en Ucrania. Es el verdadero riesgo al que se enfrentan los húngaros el 12 de abril.
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