Martin József Péter (Budapest, 1050) es una de las personas que mejor conoce el entramado de corrupción promovido por el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Desde 2013 es director ejecutivo de Transparencia Internacional Hungría. Comenzó como periodista económico y fue redactor jefe del semanario Figyelő. Es coautor del libro Dream Crash. En 2025, fue condecorado con la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. En conversación con El Independiente, asegura que "la corrupción es sistemática en Hungría" y así el país no saldrá del estancamiento, pero esta situación ha sido consentida por la Unión Europea mucho tiempo: "Las empresas automovilísticas alemanas ganaban enormes cantidades de dinero con las inversiones en Hungría y no querían estropearlo".
Pregunta.- La corrupción es un cáncer que, en mayor o menor medida, carcome a todos los países. ¿Es el caso de la Hungría de Viktor Orbán un caso especial?
Respuesta.- Por cuarto año consecutivo, Hungría encabeza el ranking de corrupción de Transparencia Internacional en la Unión Europea. Esto ocurre porque la corrupción se ha convertido aquí en un fenómeno sistémico, es decir, el Estado es su rehén. Esto significa que la mayoría de las instituciones públicas ya no actúan por el bien común, sino que se dedican a transferir enormes cantidades de dinero a un grupo reducido de personas vinculadas a Viktor Orbán, y también al propio primer ministro. La ley también está a su servicio. El portal de noticias independiente Direkt36 ha intentado explicar este mecanismo en el documental Dinastía.
P.- ¿Se puede calcular cuánto ha ganado de esta forma el grupo que ostenta el poder?
R.- Es más fácil calcularlo en el caso de la República Checa y del primer ministro Andrej Babiš. En Hungría, este mecanismo es mucho más complejo. El propio Orbán, en teoría, no posee una gran fortuna. Son, sobre todo, los miembros de su familia quienes se han enriquecido de forma increíble. Me refiero, en particular, a su padre, Győző, y a su yerno, Istvan Tiborcz. Pero también disponemos de muchos datos relativos a los aliados cercanos del primer ministro. El más rico de ellos es el exalcalde de Felcsút, el pueblo de donde procede Orbán, Lőrinc Mészáros. Solo él, en los últimos tres años, se ha adjudicado el 9% de todas las licitaciones públicas en Hungría. Y si a esto le sumamos otros tres oligarcas vinculados al poder, llegamos en total al 25% de esas licitaciones. Sin embargo, este es solo uno de los muchos canales de enriquecimiento de este grupo a través de la corrupción. Otro son los fondos de capital que adquieren acciones de empresas públicas. Sabemos que, de esta manera, el entorno de Orbán ha ganado recientemente al menos el equivalente a 3.500 millones de euros. Y estos son algunos ejemplos. La magnitud de esta práctica es mucho mayor.
Lőrinc Mészáros, amigo de Orbán, en los últimos tres años, se ha adjudicado el 9% de todas las licitaciones públicas en Hungría"
P.- Hungría sigue formando parte de la Unión Europea y debe cumplir las normas de la UE. ¿Cómo se han podido entonces amañar estas licitaciones?
R.- Excluyen no solo a las empresas extranjeras, sino también a las empresas húngaras que no están vinculadas al poder. En teoría, es cierto que se aplica la legislación europea, pero aprovechan sus lagunas. Y luego está la cuestión de cómo se aplica. Una de las formas de eludir estas regulaciones es crear una competencia ficticia, una especie de cártel. Las empresas vinculadas al poder compiten entre sí en teoría, pero en realidad acuerdan de antemano cuál de ellas ganará esta vez y cuál la siguiente. Otra solución es establecer las condiciones de la licitación de tal manera que solo una empresa concreta pueda cumplirlas. Otro truco al que recurren consiste en aprovecharse de que la legislación húngara establece que el poder puede invitar a participar en una licitación solo a tres o cuatro empresas, y no a todos los interesados.
P.- Péter Magyar, líder del partido opositor Tisza, era el marido de la exministra de Justicia Judit Varga. Por lo tanto, formaba parte del establishment. ¿Está limpio?
R.- Sí, está limpio. Es cierto que hace dos años trabajaba en empresas estatales, donde tenía un buen sueldo. Pero eran ingresos legales.
P.- ¿Por qué Orbán no se ha forjado una fortuna personal?
R.- Por dos razones. En primer lugar, se asegura por si pierde el poder. Así será más difícil demostrar que ha cometido fraudes. Quiere evitar la cárcel. En segundo lugar, a diferencia de lo que ocurre en la República Checa, el sistema húngaro no tiene carácter oligárquico. A Orbán le importa que, a los ojos de su electorado, se le considere un hombre modesto, "uno de los nuestros". Así que, cuando le preguntan por sus vínculos empresariales, siempre da la misma respuesta: no entiendo de eso.
P.- ¿Su amigo Lőrinc Mészáros no es un oligarca?
R.- Es solo una marioneta. No tiene capacidad para tomar decisiones por su cuenta. Si Orbán le llama en plena noche y le ordena transferir unos cuantos miles de millones de euros, él lo hará. Existen fuertes sospechas de que el patrimonio de Mészáros pertenece en realidad al primer ministro, aunque esto no se pueda demostrar. De este modo, este régimen parece mucho menos susceptible al soborno de lo que realmente es. Aquí todo está más oculto, es difícil de demostrar.
Estoy profundamente convencido de que Tisza y el propio Magyar quieren restablecer el Estado de derecho y acabar con la corrupción"
P.- En caso de victoria de Tisza, ¿no será fácil entonces desentrañar este sistema, hacer que rinda cuentas?
R.- Estoy profundamente convencido de que Tisza y el propio Magyar quieren restablecer el Estado de derecho y acabar con la corrupción. ¿Por qué lo creo así? Hablamos de una formación que, es cierto, es muy conservadora. Sin embargo, con la esperanza de derrocar a Orbán, se han unido a Magyar personas muy diferentes. Quizá el 30 % sean conservadores, pero el 70 % son liberales, ecologistas, izquierdistas y muchos otros. No le darán tregua a Magyar, no permitirán que Orbán se salga con la suya.
P.- Pero, ¿cómo hacerlo?
R.- La clave está en el sistema judicial. Si bien en los tribunales de primera instancia aún quedan muchas personas íntegras, las cortes de apelación ya están controladas por jueces leales al Fidesz. Todo depende de cuán amplia sea la posible victoria de Tisza en las elecciones del 12 de abril. Si resulta ser relativamente escasa, esos tribunales bloquearán cualquier proceso de rendición de cuentas. Pero si la oposición consigue la mayoría constitucional, entonces las cosas se enderezarán. Se podrá reconstruir por completo un poder judicial independiente. Pero también hay una tercera opción. Si el equipo de Magyar obtiene, digamos, el 60 % de los votos, la presión para que se produzcan cambios será tan enorme que algunos de los vinculados a Orbán, los ajenos al sistema de corrupción, se pasarán al otro bando y los cambios reales serán posibles. El mensaje a los fiscales será, en tal caso, sencillo: o empezáis a trabajar como defensores normales del interés público, o seréis sustituidos por personas que estén dispuestas a hacerlo. Sin embargo, esto no será más que el comienzo de los cambios.
Hay empresas que han tomado el control de sectores enteros de la economía y, si esto no cambia, el país no saldrá del estancamiento"
P.- ¿Por qué?
R.- Porque, además del aspecto jurídico, existe también el aspecto económico del necesario proceso de desmantelamiento del sistema que ha construido Orbán. Al fin y al cabo, tenemos empresas que han tomado el control de sectores enteros de la economía y, si esto no cambia, el país no saldrá del estancamiento. Está, por ejemplo, el grupo 4iG, que domina el sector armamentístico. El banco MBH (Magyar Bank Holding), controlado por Lőrinc Mészáros, tiene en sus manos una parte significativa de las empresas estratégicas. Pero, por supuesto, llevarlo a la quiebra no es fácil, ya que eso podría acarrear la caída de muchas empresas. Mészáros y otra persona de confianza del régimen tienen, a su vez, una concesión para obtener beneficios durante 35 años de la explotación de autopistas y la recogida de basuras. En cuanto a los medios de comunicación tradicionales están controlados por el entorno de Orbán, salvo la cadena alemana RTL. Mészáros también posee importantes participaciones en el sector energético. Orbán y su entorno no han logrado hacerse con el control del sector de la distribución. Aquí son las grandes empresas occidentales las que llevan la batuta. Pero la situación es muy diferente en el sector turístico, incluidos los hoteles, que han caído casi en su totalidad bajo el control del sistema corrupto. Lo mismo ocurre con todo lo relacionado con las campañas de marketing y la comunicación en sentido amplio.
Las empresas vinculadas al régimen obtienen entre un 30% y un 35 % más por los servicios prestados o los bienes producidos"
P.- ¿Cómo afecta esto a la eficacia de la economía húngara? Según el FMI, la renta per cápita, teniendo en cuenta el poder adquisitivo real de las monedas nacionales, Hungría está por debajo de Rumanía y de Rusia…
R.- Estimamos que, de media, las empresas vinculadas al régimen obtienen entre un 30% y un 35 % más por los servicios prestados o los bienes producidos de lo que lograrían en un sistema abierto y honesto. Al mismo tiempo, la calidad de sus ofertas es mucho peor. Esto hace que la economía húngara no pueda ser competitiva. Hungría registró por última vez un crecimiento económico en 2022; desde entonces, se encuentra básicamente en recesión. Desde la pandemia, hemos tenido la inflación más alta de la Europa unida. Lo que es especialmente significativo es que estamos asistiendo a un desplome de la inversión extranjera de alrededor de un tercio. No se había producido una caída así desde el fin del comunismo. Hasta más o menos 2021, los húngaros no se preocupaban especialmente por el sistema de corrupción porque, a pesar de todo, el desarrollo del país no era malo. Por ejemplo, los salarios durante los ocho años anteriores, es decir, desde 2013, aumentaron un 44%. Pero eso ya es cosa del pasado. La gente vive cada vez peor y empieza a relacionarlo con la corrupción del poder. De repente ven cómo los que están vinculados al poder se desplazan en helicópteros, tienen palacios y se relajan en yates.
P.- Sin embargo, Orbán lleva gobernando ininterrumpidamente desde hace 16 años. ¿Por qué ha tardado tanto la gente en reaccionar?
R.- Hay tres razones para ello. En primer lugar, la propaganda nacionalista gigantesca y agresiva que ha lavado el cerebro a los húngaros. En segundo lugar, que la oposición ha estado dividida durante todos estos años. Y, por supuesto, el crecimiento económico hasta 2021.
P.- Este último punto es especialmente interesante. El país, carcomido por la corrupción, sigue creciendo, al menos durante un tiempo.
R.- Hungría no es el único ejemplo. Mucho más importante es el caso de China. En parte, esto se debe a la trampa de las estadísticas. Si, por ejemplo, una empresa vinculada al poder construye, digamos, un estadio que debería costar 100 millones de euros por 130 millones de euros, esos 30 millones de euros, la llamada renta de la corrupción, se incluyen, sin embargo, en la renta nacional. Así que, sobre el papel, todo parece estupendo hasta que todo el sistema se derrumba. Durante un tiempo, funciona por inercia.
Las empresas automovilísticas alemanas ganaban enormes cantidades de dinero con las inversiones en Hungría y no querían estropearlo"
P.- Solo que este sistema de corrupción también abarcaba los fondos de la UE. ¿Por qué tardó Bruselas tanto en ponerle fin?
R.- Básicamente, hasta 2022 la UE no reaccionó ante ello. Los intereses empresariales desempeñaron aquí un papel fundamental. Las multinacionales extranjeras, en particular las empresas automovilísticas alemanas, ganaban enormes cantidades de dinero con las inversiones en Hungría. No querían estropearlo, lo que se reflejaba en la postura de Alemania al respecto. El segundo factor fue la actitud general hacia Orbán. En Bruselas se consideró que, dado que los húngaros habían elegido a alguien así, tenían derecho a hacerlo y no convenía intervenir demasiado. Por último, durante mucho tiempo la Unión no dispuso de mecanismos que le permitieran actuar con eficacia, en particular el mecanismo de condicionalidad, gracias al cual pudo finalmente suspender el pago de las subvenciones de la Unión hasta que se restableciera el Estado de derecho. Ahora eso ha cambiado. La Unión Europea quiere poner fin de una vez por todas al sistema corrupto de Orbán. Pero ya es muy tarde y no se puede hacer sin un cambio de poder en Hungría. El equipo actual no pondrá en práctica los 27 hitos que exige la Unión para liberar los fondos, ya que eso significaría que Orbán perdería de facto el poder incluso sin elecciones.
P.- En caso de victoria de la oposición democrática el 12 de abril, ¿acabará Viktor Orbán en la cárcel?
R.- En teoría, es posible. Pero en la práctica es poco probable. Eso nunca ha ocurrido en este país. Nunca se ha privado de libertad a un líder por prácticas corruptas.
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