En su juventud admiraba a Viktor Orbán por su papel en los primeros años tras la caída del comunismo. Como adulto formó parte de la élite del Fidesz y estuvo casado con la ministra favorita del líder húngaro. Pero hace dos años rompió con su antiguo referente, con su César, y se lanzó en una carrera incierta para acabar con su poder. Péter Magyar (Budapest, 1981) ha logrado una gesta política memorable: ha vencido a Viktor Orbán en las urnas, a pesar del sistema que había construido durante 16 años para perpetuarle en el poder.
La bomba comenzó a activarse en la primavera de 2024. "Nosotros, el pueblo húngaro, somos la bomba nuclear", decía hace dos años cuando logró convocar a cientos de miles de húngaros en nombre del cambio. La primera manifestación fue el 15 de marzo. Dos años después se ha impuesto en las urnas de forma clara. Curioso que quien haya vencido finalmente a Orbán se apellido Magyar, que quiere decir húngaro.
A partir de esas movilizaciones dio forma a un insólito movimiento de oposición. "A partir de ahora, nada será igual", clamaba entonces Magyar. Frente al euroescepticismo de Orbán, abogaba por una Hungría meritocrática y europeísta. "Ha empezado el cambio, un cambio que no se puede detener", insistía. Magyar acusaba a la Fiscalía y a los medios de no ser independientes y a la élite política, de la que había formado parte, de corrupción.
El fin de un matrimonio 'modelo'
Magyar se había dado a conocer en 2023 por unas grabaciones en las que su entonces esposa, Judit Varga, ministra de Justicia, desvelaba casos de corrupción del entorno del primer ministro. Varga se refería al poderoso jefe del Gabinete de Orbán, Antal Rogán, de quien decía que había manipulado documentos relacionados con una disputa por corrupción en la que estaba implicado Pál Völner, ex secretario de Estado del Ministerio de Justicia cuando Varga era ministra. Völner dimitió en 2021 después de que los fiscales le acusaran de aceptar sobornos.
Varga aseguraba que su ex marido obtuvo ese testimonio con presiones y amenazas. Mantiene que fue víctima de un chantaje de un esposo que antes se antojaba perfecto y luego se convirtió en un maltratador, según su testimonio.
Judit Varga había dejado el gobierno en el verano de 2023 porque iba a encabezar las listas del Fidesz a las elecciones europeas, pero tuvo que renunciar en febrero a este propósito y a su escaño al revelarse que estaba al tanto de un indulto de la presidenta, Katalin Novak, a un condenado en un caso de pederastia. La presidenta Novak también tuvo que dimitir.
Hasta este escándalo la pareja parecía ejemplar en las revistas de la prensa rosa húngara. Tienen tres hijos en común. Magyar, que formó parte de consejos de administración del Estado y desempeñó diversas funciones ligadas al gobierno, como director del Centro de Préstamos a estudiantes, llegó a plantearse dejar su carrera para ocuparse de los niños y que Varga pudiera dedicarse por completo a la política. Dijo que antes de romper con su ex le planteó que fueran juntos a la Fiscalía a denunciar la trama de corrupción.
Pero todo saltó por los aires en febrero de 2024 cuando Magyar dimitió del MBH Bank y acusó a Orbán de esconderse detrás de las faldas de dos mujeres, en alusión a Judit Varga y a la presidenta. Magyar estalló y ahí empezó su meteórica carrera política. Asegura que, lejos de ser un traidor, era de los que defendían los valores con los que se fundó el Fidesz, ajenos a la corrupción rampante de la última época.
Orígenes familiares
Magyar creció en una familia donde la política estaba muy presente. Su padre era abogado y su madre, funcionaria del Tribunal Supremo. Entre sus parientes se encontraban Ferenc Mádl, que ocupó la presidencia entre 2000 y 2005. Desde muy temprana edad se vio inmerso en la élite intelectual poscomunista y demócrata-cristiana del país, un entorno que moldeó su ambición por la vida pública.
Al madurar, Magyar se unió al partido gobernante de Orbán, el Fidesz, y se convirtió en un miembro influyente y bien relacionado. Trató con Gergely Gulyás, jefe de gabinete de Orbán, durante sus años de estudiante en Alemania. Estaba tan metido en los círculos del Fidesz que cuando quiso impulsar su partido en la oposición apenas tenía números en la agenda de gente ajena a la formación de Orbán.
La ruptura con el Fidesz
Magyar decía que la visión de una Hungría cívica, soberana y conservadora propagada por Orbán y el Fidesz son un "producto político, una capa de azúcar que sólo sirve para dos cosas: encubrir el funcionamiento de la fábrica de poder y la cantidad inexplicable de adquisición de riqueza", según Kester Eddy, periodista basado en Budapest, decía en Politico.
Magyar acusó de corrupción al yerno de Orbán, István Tiborcz, que ha adquirido participaciones en hoteles, bancos y otros muchos negocios, así como al propio Orbán, que no tiene pudor a la hora de gastar el dinero del contribuyente en dar caprichos a sus hijos.
Un maratón electoral
Con estos mimbres, Magyar lanzó Tisza (Respeto y Libertad), el partido político con el que se presentó a las europeas. "Nosotros, los húngaros, nos unimos", dijo a la multitud, pidiendo a los húngaros de derechas, izquierdas y liberales que trabajen juntos para sustituir a la actual élite política. Su objetivo era atraer a los descontentos con Orbán y su élite, y también a quienes están decepcionados con la oposición.
En estos dos años ha librado una batalla contra el tiempo. Sabía que su gran oportunidad eran las legislativas de este domingo 12 de abril. Ha recorrido el país, con especial atención a las zonas rurales, donde el Fidesz había logrado echar raíces, en gran parte gracias a su red de corruptelas. Sabía bien cuáles eran las piezas que tenía que tocar para vencer a su antiguo partido. Ha combinado cercanía con el votante con una disciplina férrea dentro de la formación, que está ligada a su figura. No despierta simpatías en muchos por su prepotencia, pero ha sabido convencer a la mayoría de que solo él podría acabar con la sucesión de mandatos de Orbán.
"En las elecciones está en juego la propia supervivencia del país. Decidimos si seguimos en la Unión Europea y en la OTAN o si nos convertimos en un Estado títere de Rusia", decía en cada intervención. "Ahora o nunca", decía su eslogan electoral, y tachaba la palabra nunca. Así ha sido.
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