"Acá está tu tigre, que ruge y muerde". Es el mantra, a semejanza del León argentino, que ha repetido en sus mítines el abogado millonario Abelardo de la Espriella. Es el candidato revelación de las elecciones presidenciales colombianas. Sin haber ocupado antes un cargo electo, De la Espriella ha conseguido más de diez millones de votos. Enfila la segunda vuelta como claro favorito. El 21 de junio se enfrenta al senador comunista Iván Cepeda, fiel al presidente Gustavo Petro.

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Abelardo de la Espriella es un outsider, como lo era Donald Trump. O Javier Milei. Es derecha pero no es establishment, como su competidora en primer vuelta la senadora Paloma Valencia. El ex presidente Álvaro Uribe se decantó por Paloma Valencia aunque tiene buena relación personal con De la Espriella. En segunda vuelta tanto Valencia como Uribe han pedido el voto para De la Espriella.

Como Trump, De la Espriella sabe que ahora la política va de crear una marca personal. Es lo que ha hecho este abogado penalista en su peculiar campaña electoral. Vestido con la camiseta de la selección colombiana, protegido por numerosos guardaespaldas y con chaleco antibalas, ha dado mítines breves y efectistas, donde planteaba a sus seguidores preguntas para ellos retóricas: "¿Quieres que bajen los impuestos? ¿Reducir el Estado? ¿Defender a Dios?". Dice que lo suyo no es una candidatura sino "un movimiento popular".

"De la Espriella es un personaje a lo Trump. Los dos son muy histriónicos. Ha cambiado radicalmente: de ateo a creyente, era machista y ahora defiende a la mujer… El problema de De la Espriella es que ha defendido a mafiosos y criminales. Ha hecho una gran fortuna. Es una figura populista, pero promete algo que a la derecha colombiana le fascina. Mano dura", afirma el escritor y periodista colombiano Juan Carlos Botero. "Es antiestablishment, como lo es Cepeda. Esa es la línea divisoria ahora, más que derecha o izquierda".

La politóloga colombiana Sandra Borda lo califica como "una rueda suelta". "Con un discurso similar al de Bukele, Milei y Trump, representa a la derecha populista. Está incómodo con las normas del juego democrático". De hecho, ha reconocido que en sus primeros 100 días, aprobará 90 decretos. Su fuerza política, Defensores de la Patria, apenas tiene representación parlamentaria.

Vocación de millonario desde niño

Cuando era niño, Abelardo de la Espriella prometió a su abuela que algún día tendría su propio avión, según relata el digital colombiano La Silla Vacía. Su padre, Abelardo de la Espriella Juris, considera que aquello fue una profecía cumplida. El abogado posee efectivamente un avión privado. Ha hecho muchísimo dinero como penalista. Entre sus clientes más conocidos está Alex Saab, el que fuera testaferro de Maduro, ahora extraditado en Estados Unidos.

Su familia era adinerada, pero no tenía la fortuna que él posee ahora. Su patrimonio procede del sector ganadero en la provincia. Sus padres defienden valores conservadores tradicionales.

Nacido en Bogotá, se crió en Sahagún y Montería. En su casa había gran interés por la política. A Ángel Becassino le contó en su biografía, La Pasión del Defensor, que ya con cuatro años recitaba discursos de Luis Carlos Galán delante de la familia con un claro afán protagonista.

Su padre fue diputado del Partido Liberal, el partido más antiguo de Colombia, de centro. En 2001, cuando Álvaro Uribe era precandidato presidencial, el padre de Abelardo de la Espriella fue uno de los primeros en promover su campaña en Córdoba. De esa época viene la amistad entre las dos familias. Aún se mantiene la buena relación: en el último cumpleaños de Abelardo padre estuvo el expresidente.

Curiosamente, Uribe es uno de los perdedores de la primera vuelta, ya que su apadrinada, Paloma Valencia, apenas ha llegado al 7% de los votos. Muchos uribistas se han inclinado por De la Espriella. Por un lado, hay un claro machismo. Nunca una mujer ha sido presidenta de Colombia. A su vez, De la Espriella apela a las emociones y Valencia era una candidata mucho más racional y, sobre todo, establishment.

Estudió Derecho por recomendación paterna, aunque a Abelardo junior le atraían más la música y el periodismo. Lo que se le daba bien desde jovencito era ganar dinero. Compraba ropa y perfumes en Panamá y luego los vendía a sus colegas. También lo hacía con whisky. Flirteó con la política municipal pero la dejó cuando perdió en su primer intento. También participó en tertulias radiofónicas con éxito por su afán polemista.

Ahora promete mano de hierro contra los criminales. Incluso ha copiado la propuesta de Bukele con sus macrocárceles. Como abogado, en sus inicios, defendió a los excomandantes paramilitares, y promovió un referendo contra la extradición de paramilitares y guerrilleros. Entonces lideraba una ONG llamada Fundación Iniciativas por la Paz. Entre sus muchos giros, está su opinión sobre los paramilitares: antes los justificaba, hoy reconoce que muchos cometieron "atrocidades".

Defensor de causas polémicas, dijo a la revista Semana que aceptaba las causas que le despiertan "interés y vértigo". Sin aludir a ningún tipo de limitación ética. A Álex Saab lo presentó como "amigo personal". Cuando le reprochan que ha defendido a criminales, asegura que algunos de sus clientes le engañaron.

Amante del lujo y familiar

Le encantan los trajes de Ermenegildo Zegna, ha reconocido sus implantes capilares y es un consumado bailarín. Tiene varios inmuebles en Colombia y una villa en Italia. Está casado desde hace 18 años con Ana Lucía Pineda, con quien tiene cuatro hijos.

Una de las grandes meteduras de pata de su campaña fueron las declaraciones de Ana Lucía, quien aseguraba que no le preocupaba si perdía su marido porque ellos podían seguir su vida, ya fuera dentro o fuera de Colombia.

El candidato tuvo que salir del paso y asegurar que si resulta derrotado se quedará y ejercerá en la oposición. Pero ni por un minuto se ve como perdedor. No entra en sus coordenadas.