Héctor Guerrero Flores, conocido en el crimen organizado como Niño Guerrero, fue una de las figuras más emblemáticas y temidas del crimen venezolano de la última década. Desde las profundidades del sistema penitenciario de Venezuela, pasó a dirigir el Tren de Aragua, una organización que mutó de ser una banda local en el estado Aragua a convertirse en una de las estructuras criminales más expansivas de América Latina.
Su ascenso se inscribe en el fenómeno de los prans, los reclusos que en Venezuela acumulan poder dentro de las cárceles y articulan redes ilegales desde el encierro. Como pran en la prisión de Tocorón, Niño Guerrero logró consolidar su autoridad, canalizar recursos y gestar una red que, bajo su mando, diversificaría sus actividades hacia la extorsión, el secuestro, la trata de personas, el narcotráfico y la minería ilegal.
La cárcel de Tocorón se convirtió, en los años de su liderazgo, en el corazón operativo del grupo. Desde allí, Niño Guerrero gobernó una organización que se expandió geográficamente, atravesando fronteras y colonizando territorios en Colombia, Perú, Brasil y Chile.
La prisión funcionaba como un centro de mando, pero también como símbolo de la debilidad institucional: un espacio donde el mando estatal era barrido por el poder de un recluso que operaba con una autonomía casi total. Héctor Guerrero Flores se hizo con el control total del penal. Bajo su mando, los miembros de la banda transformaron Tocorón en una de las cárceles más notorias del país: construyeron dentro del recinto un zoológico, un parque infantil y un club nocturno.
Desde ese “búnker” criminal, el Tren de Aragua comenzó su expansión por todo el territorio venezolano y, posteriormente, traspasó las fronteras nacionales. Entre 2018 y 2023 consolidaron su red criminal transnacional, desplegada en varios países de América Latina. A sus espellas dejaron una lista de delitos como secuestro, tortura, trata de personas y minería ilegal, actividades que hicieron sonar las alarmas en toda la región.
Trayectoria de un criminal
Durante años, Niño Guerrero logró permanecer prófugo, eludiendo a las fuerzas de seguridad. Su figura se asoció a la expansión del crimen organizado venezolano y a la progresiva desintegración de los controles fronterizos en la región. Mientras el Tren de Aragua se asentaba en múltiples países, su nombre se convirtió en sinónimo de una criminalidad que se desplegaba a escala regional con capacidad de adaptarse a los distintos países a los que llegaban.
- 2010: ingresa por primera vez al Centro Penitenciario de Aragua (Tocorón) por tráfico de drogas, homicidio y robo.
- 28 de agosto de 2012: se fuga de Tocorón con ayuda de su hermano, un cuñado y guardias pagados.
- 2013: es recapturado y vuelve a Tocorón.
- 2018: condenado a 17 años de cárcel por homicidio, tráfico de drogas, usurpación de identidad y ocultamiento de armas.
- 2023: desaparece de la prisión antes del operativo de desalojo del 20 de septiembre; desde entonces se lo consideraba prófugo.
Vínculos de la organización con Maduro
La Fiscalía chilena estableció que el asesinato del teniente Ronald Ojeda en 2024 fue ejecutado por miembros del Tren de Aragua bajo el encargo de Diosdado Cabello ministro de Interior de Venezuela.
El régimen de Maduro negó cualquier vínculo con la organización criminal, mientras que Estados Unidos, bajo el gobierno de Donald Trump, ha acusado a Maduro de enviar miembros del Tren de Aragua al país y lo ha designado como "organización terrorista global".
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