En la primavera de 2023, Finlandia puso fin a décadas de estricta neutralidad diplomática y geopolítica con respecto a Moscú al ingresar en la OTAN junto con su vecina Suecia. La invasión de Ucrania dejó claro a Helsinki que compartir 1.340 kilómetros de frontera con Rusia continua siendo un riesgo para su integridad territorial. Desde entonces, el gobierno finlandés ha redoblado sus esfuerzos defensivos. Elevó el gasto militar hacia el objetivo del 3% del PIB y anunció su intención de retirarse de la Convención de Ottawa sobre minas antipersona para poder fortificar su territorio.
Esta política ha tenido su reflejo más visible a principios de septiembre de 2026. En la ciudad de Kuopio, el país ha llevado a cabo el mayor ejercicio de defensa civil de Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Sirenas y minutos para esconderse bajo tierra
El simulacro ha movilizado a más de 2.000 personas, integrando en una misma cadena de mando a personal de emergencia, autoridades municipales, estudiantes y cientos de voluntarios. Antes que ensayar una maniobra militar convencional de respuesta, el foco del ejercicio ha estado en la supervivencia de la población ante un ataque combinado.
Durante el ejercicio se han ensayado respuestas a escala real frente a impactos de misiles de largo alcance, apagones eléctricos prolongados en pleno invierno, interrupciones de la red de agua potable y ciberataques masivos contra la infraestructura energética crítica.
Basándose en las lecciones de la guerra en Ucrania, los organizadores , entre los que figura el coronel retirado Asko Muhonen, han hecho hincapié en la importancia de la velocidad de reacción. Si bien Kuopio cuenta con grandes refugios subterráneos (algunos con capacidad para 7.000 personas), los simulacros demostraron que la población solo dispone de unos pocos minutos tras el aviso de alarma para evacuar a garajes subterráneos o estaciones de metro habilitadas.
Las maniobras han sido coordinadas junto a la Academia de Servicios de Rescate de Finlandia (Pelastusopisto), la institución estatal encargada de auditar y perfeccionar estas dinámicas de respuesta, como se aprecia en sus registros de despliegue:
La primera línea de defensa es un ciudadano preparado
El pilar sobre el que se sostiene todo este despliegue no es solo la infraestructura militar, sino lo que en el país se conoce como "Maanpuolustustahto" (la voluntad de defensa nacional). Un estudio de 2004 analiza el por qué se ha mantenido tan elevada el espíritu de sus ciudadanos por defender Finlandia y revela que esta mentalidad de resistencia colectiva está profundamente arraigada desde los años de la posguerra europea. Según datos oficiales del Consejo Consultivo de Información sobre Defensa Nacional (MTS) (órgano adscrito al Ministerio de Defensa finlandés), más del 80% de los ciudadanos afirma estar dispuesto a participar personalmente en tareas de defensa nacional si el país fuera atacado, cifra que incrementa cada año.
Por ello, Finlandia no solo apuesta por sus fuerzas armadas para su defensa, sino también por la "mentalidad" de resiliencia de los ciudadanos de a pie. Es así como las autoridades finlandesas instan a la población a saber cómo autoabastecerse de manera independiente durante al menos 72 horas. La estrategia es simple: conseguir que sus ciudadanos puedan hacer frente a una crisis sin depender completamente del gobierno.
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