La relación entre la Unión Europea y Canadá está en fase de enamoramiento. Al primer ministro de Canadá, Mark Carney, le han tendido la alfombra roja en Estrasburgo. La presidenta de la Comisión Europea anunció el miércoles que Canadá sería miembro asociado de la Unión Europea, un estatus que no se sabe bien qué significa. Carney se ha erigido en un auténtico líder de Occidente, en un momento de total falta de referentes. "Los ideales no se defienden solos. La libertad y la vida han de ganarlas día a día. Todos los días", ha arrancado el primer ministro canadiense. Es la única persona que ha estado al mando del Banco de Inglaterra y el de Canadá. Ha sentado las bases de la alianza para el futuro entre Canadá y la Unión Europea, que será "un faro para otras democracias".
Carney se ha referido que Canadá y Europa se unen por una afinidad electiva (die Wahlverwandtschaften, de Goethe). Las preocupaciones son comunes: las crisis por el cambio climático, la debilidad de las instituciones, el uso de los aranceles como un medio de ejercer presión, la tecnología al servicio de la guerra... "En medio de esa tormenta, un árbol solitario puede caer, pero un bosque no va a caer", ha dicho. "Juntas Canadá y la UE pueden proveer a los ciudadanos prosperidad", ha remarcado. "Canadá y Europa son fuertes, pero juntas son más fuertes... El objetivo es la resiliencia colectiva".
Valores compartidos
"No perseguimos acuerdos de suma cero. Nuestra defensa firme de la libertad individual y de la democracia se basan en el mismo compromiso. Compartimos valores comunes. Una economía fuerte no es un fin en sí mismo sino un medio para crear una sociedad justa", ha señalado Carney. "Canadá y la Unión Europea pueden afianzar nuestra posición para defender nuestros valores, al tiempo que crean un paraguas protector bajo el cual nuestros ciudadanos puedan prosperar", ha dicho. "Se trata de la soberanía, de nuestra capacidad para vivir como deseamos. Se trata de las libertades por las que debemos luchar cada día, porque la soberanía requiere resiliencia, la capacidad de resistir los golpes".
En su relación, Europa "aporta poder de mercado, profundidad en la investigación, fabricación avanzada, la capacidad y la voluntad de establecer normas que el mundo suele adoptar y una base industrial de defensa que se está reconstruyendo a gran velocidad", mientras que "Canadá aporta energía a gran escala y en todas las formas que requiere la transición".
Carney ha remarcado cómo Canadá cuenta "con una de las mayores reservas mundiales de minerales críticos, así como con una gran capacidad en los ámbitos espacial, de la inteligencia artificial y de la cuántica. Además, tenemos uno de los sistemas bancarios más sólidos y el capital de pensiones más especializado. Disponemos de una geografía ártica única y de un acceso privilegiado a las redes tanto del Atlántico como del Pacífico. Allí donde nuestras fortalezas difieren, se complementan cuando se solapan. Crean escala. Debemos aprovechar las fortalezas de cada uno de forma deliberada, sistemática y rápida".
Pataleta de Trump
Carney ha aceptado la invitación de Von der Leyen para ser miembro asociado de la UE. Von der Leyen dijo que este vínculo entre la UE y Canadá no nace contra nadie, pero a Donald Trump no le ha hecho ninguna gracia. Por un lado, le pareció "ridícula" la oferta pero a la vez amenazó con "detener el comercio" con la UE. "Si es con buena intención, bien; si es con mala intención, impondremos aranceles muy elevados a Europa".
El primer ministro de Canadá ha dicho que no se trata de poder para imponerse a otros, sino de forjar una alianza que sea "un faro para otras democracias". Sería una alianza que "construye resiliencia" y "tan fuerte que nadie pueda imponerse".
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