José Luis Ábalos hizo buenas migas desde muy pronto con algunos periodistas y con presentadores de televisión que tienen muy claras sus prioridades, pese a que parezca, por sus gafas oscuras, que su visión es peor. Hubo unos cuantos gorriones que siempre sobrevolaron alrededor del gran pájaro, incluido alguno que siente que le traicionó, dado que en pocos días pasó de despreciar las exclusivas periodísticas que hablaban sobre las corruptelas del ministro a ponerse a la cabeza del periodismo de investigación.
El sanchismo provoca ceguera selectiva porque ha repartido mucho dinero entre los medios de comunicación y ya se sabe que el papel moneda agrava la miopía. Mientras el Ministerio de Transportes pagaba, hubo quien aplaudía en primera fila en los actos del presidente y echaba pestes sobre las informaciones del 'caso mascarillas'. Hay quien tiene mil caras, ninguna buena y ninguna medianamente creíble a estas alturas. Hay quien superaría a Nosferatu y se bebería su propia sangre.
Para eso hemos quedado. Pese a los discursos que aluden a la audacia periodística y a la prensa indomable, al final todo es más sencillo de entender de lo que parece: los medios son empresas, ante todo, y tienen que cuadrar su balance. Por eso hubo quien hizo de ave picabueyes para Ábalos e incluso, por el dinero de las campañas y los eventos, clavó su pico rojo en la piel de la prensa que publicaba sobre el Delcygate o el 'caso mascarillas'.
Cómplices de la corrupción
No incluyo aquí a los medios de izquierdas, sino a algunos de 'los otros', que hoy piden apoyo a sus lectores para investigar la corrupción de la que fueron cómplices. A periodistas muy bien encaminados, les sacaron cantares. No son ni eran tontos. Lo de Ábalos y Koldo apestaba desde el primer día. Tan sólo hacía falta echar un vistazo a los contratos de material sanitario; o simplemente hacer alguna sencilla deducción lógica acerca del porqué un hombre con el pasado del escolta pudo llegar a consejero de una empresa pública participada. Cuando mis antiguos compañeros, Gonzalo Araluce y Alberto Sanz, comenzaron a buscar entre los contratos de Soluciones de Gestión y Apoyo a Empresas, sospecharon desde un primer momento. Desde la primera página. Entonces, algún impresentable todavía se carcajeaba con el relato, cierto, del Delcygate. Cuando el ministro fue cesado, todo lo vieron más claro.
Lo de los contratos de la pandemia olía a lo de toda la vida: a empresa instrumental y a algún acuerdo para el desvío de algún porcentaje al que todavía hay que etiquetar como 'presunto', pero que la UCO ve claro. Lo de después, también es muy simple: a los corruptos más básicos siempre les atraen las comidas, las copas, los barcos, las joyas, las casas, los viajes y las putas. De todo eso hablan todos los protagonistas de los respectivos informes de la Guardia Civil. Son rufianes muy pedestres. Aves autóctonas. Del club Pigmalión, donde paraba Correa, a la agenda digital de "Ariarna, España, Asturias" y "la cubanita" de estos otros hay tan sólo un salto tecnológico. El producto es el mismo.
El caso de Ábalos tiene algo de teatral y cercano. De vecino divorciado al que la señora del cuarto sube un tupper de vez en cuando porque le preocupan sus deshoras. De culebrón de Televisa, en el que, al final, el equivocado se arrepiente y vuelve a casa, tras recorrer el camino del antihéroe.
La escena de su exnovia, Andrea, llevándole suministros a prisión este jueves provoca cierta condescendencia sobre ese hombre, que está claro que hace tiempo perdió el control de su vida, aunque eso no convierte los delitos que se le imputan en algo más ligero, como pretendieron, hasta que les convino algunos periodistas y editores. Y algún presentador de televisión todavía le rinde lealtad; y que quizás, entre la oscuridad de sus gafas, no fue capaz de distinguir lo ruin que eran sus burlas y desprecios a los periodistas que contaban la verdad, con mucha más talla y menos dinero que él.
La prensa del régimen
Todo esto, reitero, en lo que respecta a la prensa no alineada. El bloque sanchista merece un análisis aparte, aunque tampoco anduvo especialmente avispado cuando se tragó la idea de la 'regeneración democrática' de Pedro, que, casualmente, lanzó cuando le empezaban a asfixiar las corruptelas cometidas en su entorno. A pocos centímetros de su cara incluso. Hay que ser muy inocente para pensar que tampoco sabía nada. Tanto, como para atribuir al sanchismo un carácter reformista.
Era sencillo deducir que su cambio de discurso lo único que perseguía era atribuir la culpa a la contraparte. ¿Para qué? Para desviar el foco de la crítica, mantenerse en el poder y debilitar a sus contrapesos. También estoy seguro de que los medios afines lo saben desde el principio. Su actitud también fue muy simple: hacerse los tontos para seguir enganchados a la manguera que mueve Pedro, que es la del BOE.
Todos los comportamientos son muy sencillos de interpretar, en realidad, cuando un país decae y se entrega a la mediocridad. A falta de brillo, destaca la malicia en el paisaje. No es el peor el que hoy duerme en Soto del Real.
Te puede interesar