Planteaba un periodista de eldiario.es una cuestión que resulta difícil de rebatir: algunos de quienes hace unas semanas jaleaban sus exclusivas sobre Francisco Salazar y no exigían más pruebas para pedir su cabeza que las denuncias internas que había recibido, se han mostrado indignados con la noticia difundida por ese mismo periódico sobre Julio Iglesias, que le atribuye una supuesta agresión sexual.
El ejemplo es perfecto para ilustrar sobre el doble rasero de cada uno de nosotros, que impulsa a juzgar los mismos hechos de forma diferente en función de quién los protagoniza. Si el qué importara más que el quién, habría menos arbitrariedad y muchos menos desengaños, pero no es así. Por eso hay quien consideró culpables o inocentes a Salazar o a Iglesias antes de terminar de leer los titulares de las noticias que los acusaban de abusadores.
¿Cometieron algún delito? Eso está por ver, aunque los prejuicios actúen con mayor intensidad sobre uno que sobre el otro. A fin de cuentas, la desgracia de unos nos genera más lástima que la de otros. Es puro tribalismo y es lo opuesto al Estado de derecho, que es lo que nos obliga a ser justos aunque nos fastidie.
Lo que sucede es que la cultura de la cancelación nunca espera a la sentencia judicial. ¿Para qué? La hoguera necesita leña y hay muchas personas que merecen ser sacrificadas por los actos que intuimos que cometieron. Todo esto tiene un nombre, y es el de barbarie. Es la manifestación contemporánea del ostracismo ateniense. Aquel mecanismo se implantó hace 26 siglos como modo de luchar contra la tiranía y terminó por expulsar de la ciudad a inocentes durante 10 años. El MeToo surgió como una forma de facilitar que las víctimas de abusos por parte de hombres poderosos rompieran su silencio... y terminará por destrozar la vida a algunos que no lo merecen.
El caso Salazar
Porque la justicia popular suele derivar en desastre, dado que está sometida a odios y a intereses ocultos. Tampoco quien la aviva para perjudicar al contrario la quiere para sí mismo. Eso explica que el PSOE no pusiera a disposición de la Fiscalía los hechos relacionados con Salazar. ¿Acaso alguien duda que los socialistas hubieran exigido la misma contundencia al PP ante una situación similar en sus filas?
Los socialistas se han comportado de forma ratonera en este caso y lo han hecho porque saben que su defensa del feminismo había quedado cuestionada por las denuncias a Salazar y por la forma en la que Koldo García y José Luis Ábalos aparecían en los informes de la UCO como seleccionadores de suripantas.
No es casualidad que varios medios de comunicación progubernamentales, con RTVE a la cabeza, hayan publicado entre el martes y el miércoles diversos contenidos que recordaban que Julio Iglesias ha sido siempre simpatizante del Partido Popular. "La voz del PP", ilustraba un grafismo, mostrado en La 1.
Elemental, querido Watson: si el cantante que ha sido acusado de abusar sexualmente de una empleada apoyó a José María Aznar en unas elecciones, eso quiere decir que la derecha es tolerante con los acosadores y, por tanto, no puede dar ni una lección sobre feminismo al PSOE. A Pedro. Así que quizás sea el momento de que vuelvan a apoyar a los socialistas todas esas féminas que se sintieron defraudadas tras la sucesión de escándalos uterino-gubernamentales de los últimos meses. Lo del PP es peor. Son "la voz de Julio Iglesias" e incluso reivindican la figura de Adolfo Suarez. ¿No lo ve usted?
Medidas cautelares
Sorprende la rapidez con la que ha reaccionado la tropa mediática sanchista en este caso. Tan sólo ha necesitado unas pocas horas para atar cabos y transmitir que, en realidad, la derecha no hace ascos a los hombres como Iglesias, que tradicionalmente son así con las mujeres, no como los socialistas, que han padecido a algunos elementos indeseables, pero que los han purgado rápidamente.
Es evidente que la coordinación no es casual: esto le conviene al PSOE, como en su día vino bien sacrificar a Íñigo Errejón, cuando se dedujo que había que arrancar el tapón de la botella... porque tocaba. A Carlos Vermut le hicieron algo parecido: tres testimonios anónimos sirvieron para desencadenar una cacería que se inició el mismo día en que se entregaban unos premios cinematográficos, en los que Yolanda Díaz y Ernest Urtasun anunciaron medidas para evitar abusos en los rodajes. Pollo que vuela, a la cazuela.
Resulta osado determinar si los testimonios recopilados por eldiario.es --ya a disposición de la Audiencia Nacional-- derivarán en una condena a Julio Iglesias o en todo lo contrario, pero, de momento, ya hay quien ha aprovechado la situación para reivindicarse frente a los enemigos de las mujeres. Hay quien no tiene ninguna duda porque Iglesias es mujeriego, señoro, facha, sicalíptico y truhán, del mismo modo que hay quien observó el fenotipo de Paco Salazar y concluyó que era guarrete, sin más pruebas. Y hay quien, como Isabel Díaz Ayuso, ha defendido al cantante con una comparación un tanto fantasmagórica. "Las mujeres violadas y atacadas están en Irán con el silencio cómplice de la ultraizquierda", ha escrito.
Es lo que tiene la defensa de los juicios populares y las autocríticas, que al final cada cual los utiliza para su propio fin y los promueve según le convenga, algo especialmente peligroso en un país al que le tiembla el pulso, por ansioso... y por zumbado. Podíamos reivindicar el imperio de la ley y de los códigos, pero, ¿para qué? Así cazamos mucho mejor a quien nos conviene.
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