El viernes por la mañana, una tertuliana de un programa de televisión escuchaba con el ceño fruncido los argumentos de un compañero de mesa. Algo debió chirriarle, dado que agarró su teléfono móvil, encendió la pantalla, la prestó atención durante cinco segundos y recitó una frase casi textual del argumentario que había remitido el Gobierno a sus antenas mediáticas en los días pasados, titulado Desinformación y bulos sobre la situación ferroviaria.

¿Qué buscaba esa tertuliana? Podríamos considerar que ese vistazo y la posterior coincidencia numérico-opinativa fue una sorprendente casualidad... o podríamos pensar que tuvo la poca vergüenza de engañar a la audiencia, que a lo mejor llegó a pensar que estaba sentada junto a esa mesa por el valor de sus opiniones.

Esa colaboradora madruga, al igual que los ciudadanos que utilizan Rodalies, Cercanías o la alta velocidad, que son los mismos que durante los últimos años han observado la evidente degradación del servicio, que se ha representado en retrasos frecuentes, en parones de varios minutos en mitad del trayecto o en frecuencias cada vez más largas entre trenes. A lo mejor uno de esos viajeros sintonizó ese canal para informarse sobre la actualidad el viernes; o quizás optó por hacerlo a través de su emisora de siempre, centradísima esta vez... sospechosamente centradísima. Lo más lógico es que haya pensado que le han tomado por tonto y no vuelva a elegir esos medios para enterarse de lo que sucede a su alrededor. Es normal.

Las verdades del barquero

Frente al mensaje mediático controlado e interesado, hay creadores de contenido que han comenzado a cuestionar 'lo establecido', a veces con despiste, pero otras por acierto. No son especialistas en casi nada de lo que hablan, pero digamos que son hijos de su época, donde a los tertulianos y a los columnistas tampoco se les exige conocimientos técnicos; y donde hay referentes que hablan más de sus gustos personales, musicales y cinematográficos, que del precio de la cesta de la compra.

Uno de los streamers más populares es El Xokas, quien el pasado jueves fue invitado a El hormiguero y obtuvo una de las mejores audiencias de la temporada. El chaval es deslenguado e impreciso. Una metralleta verbal incontenible, pero que muchas veces lanza proyectiles que aciertan en el centro de la diana, la que muchos analistas perdieron de vista hace un tiempo y los Pedrodistas no se atreven ni a mirar.

Durante el programa, aseguró: “¿Pero por qué Hacienda te tiene que quitar el 30% de lo que ganas?”. Vino a decir: “Si eres una persona que crea una empresa, genera empleo y varias familias comen gracias a ti, deberías tener apoyo del Estado, pero aquí sucede todo lo contrario. Aquí el Estado sólo genera crispación, problemas y dolor”.

Y añadió: “No puede ser que la gente esté totalmente sometida al Estado” y a su Hacienda pública (…). Una de las cosas más bonitas que tiene un hombre es crear su propio trabajo. ¿Por qué no podría hacerlo? Cada cual tiene derecho a soñar”.

El chaval que sigue a este streamer lo hace porque juega a los mismos videojuegos, porque es polémico, pero también porque habla su mismo idioma y porque considera que cuenta se corresponde con lo que ve a pie de calle, en su trabajo o en sus relaciones sociales. Sabe que es exagerado y maximalista — “soy un océano de conocimiento con 1 centímetro de profundidad”, reconoce —, pero a la vez que su actitud es la correcta. Se cabrea al hablar de Hacienda, de la moralina woke y de la mediocridad de una ciudadanía que parece haber perdido la energía. ¿Acaso no tiene razón?

Un éxito

El Xokas no engaña a nadie, como tampoco Pablo Motos, quien en mitad de la crisis más grande de la historia de los medios de comunicación se ha hecho millonario con su circo televisivo. Su entrevistado del jueves también ha hecho dinero. En sus vídeos reconoce que el camino hacia su vida actual no fue sencillo, pero apela a su audiencia a aprender a recomponerse después de cada fracaso, dado que eso es lo que diferencia a quienes triunfan de a quienes no.

La tertuliana de las mañanas sabe que el pago de su hipoteca depende de un periódico en dificultades. También es consciente de que su permanencia en el magacín mañanero en el que participa está supeditada al cumplimiento de ciertos parámetros argumentales. Quizás si asegurara que es una tomadura de pelo la estrategia de Óscar Puente, que consiste en ocultar la realidad tras una lluvia gruesa de datos descontextualizados, y cuidadosamente seleccionados, no le volverían a llamar para ese programa.

Está atrapada en un callejón sin salida. Después de tantos años de besos, sorbidas y deudas contraídas con la audiencia, a la que ha estafado cada día, no le queda otra que seguir enganchada a esa dinámica: la de recibir el argumentario y recitarlo, mientras recibe un aspaviento craneal afirmativo de la conductora del programa, que también sabe que, si cambia el Gobierno, va a ser despedida. Así que la una recita y, la otra, asiente, mientras le cuentan al espectador que se han difundido muchos bulos sobre el ferrocarril en los últimos días, pero que la realidad es que, aunque su tren cada vez tiemble más y llegue con más retraso, Adif ha invertido 24.100 millones de euros en los últimos cinco años.

Por eso los periodistas están amenazados con el hambre mientras El Xokas tiene mucho dinero. Uno no oculta lo que es, mientras que los otros hacen gala de una dignidad que nunca tuvieron. Adivinen a quién le han acusado de tener un discurso fascista...