En pleno siglo XXI, mientras celebramos avances extraordinarios que prometen alargar y mejorar la vida humana, como la inteligencia artificial aplicada a la medicina, las vacunas desarrolladas en tiempo récord, o los cultivos resistentes al cambio climático, millones de personas continúan sufriendo una de las formas más primitivas de violencia: el hambre utilizada como arma de guerra. No es una metáfora. Es una estrategia deliberada que condena a comunidades enteras a la miseria y la muerte.

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A pesar de todos los esfuerzos por contenerlos, los conflictos armados se multiplican y se prolongan y, en consecuencia, el hambre se agrava.  Según datos recientes, el hambre aguda afecta a cerca de 300 millones de personas, siendo el conflicto armado la principal causa. Esta cifra no es un número, son personas: madres que se saltan comidas para que sus hijos puedan comer, agricultores que ven sus tierras convertidas en campos minados, y niños y niñas cuyo futuro queda condicionado por la falta de alimentos, educación y seguridad. En Ucrania, Sudán, Gaza, Yemen… el hambre no es solo una consecuencia del conflicto: es un arma. Esta realidad no solo amenaza la supervivencia de millones de personas, sino que socava cualquier posibilidad de paz sostenible.

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La evidencia demuestra que la relación entre hambre y conflicto es bidireccional: la violencia destruye cultivos e infraestructuras, desplaza comunidades y compromete los medios de subsistencia de las familias; al mismo tiempo, la inseguridad alimentaria puede aumentar tensiones y convertirse en detonante de nuevas violencias. Por ello, la Resolución 2417 del Consejo de Seguridad de la ONU, que condena el uso del hambre como arma de guerra, no es solo un pronunciamiento jurídico: es un llamado a la acción. Porque no basta con condenarlo, necesitamos actuar. Y actuar significa entender que la seguridad alimentaria es un derecho humano fundamental, y que su garantía es un camino hacia la paz. Acceder a los alimentos salva vidas hoy; reforzar los medios de vida es una alternativa a la violencia de mañana; y crear espacios de cooperación en torno a la alimentación puede ser la semilla para un futuro en paz.

Porque donde hay comida, hay esperanza. Donde hay medios de vida, hay futuro. Y donde hay diálogo, hay paz

El informe de Acción contra el Hambre lo deja claro: debemos apostar por una estrategia que conecte la ayuda humanitaria, el desarrollo y la construcción de paz. La seguridad alimentaria no es solo un objetivo en sí mismo, sino un puente entre estos tres campos. Porque la paz no se logra solo con acuerdos de paz: se construye con responsabilidad y acción política, recursos, comida en el plato, mercados abiertos, y comunidades que recuperan su dignidad.

Esto exige valentía política, cooperación internacional y una visión integral. No podemos seguir respondiendo con parches a crisis que son estructurales. Necesitamos anticipar, prevenir, mitigar y reconstruir. Necesitamos invertir en resiliencia, en sistemas alimentarios sostenibles, en medios de vida que permitan a las personas desarrollarse plenamente y permanecer en sus tierras sin miedo.

Romper el círculo vicioso entre hambre y conflicto no es imposible. Pero requiere que gobiernos, organizaciones y ciudadanía entiendan que la lucha contra el hambre es un movimiento por la paz. Porque donde hay comida, hay esperanza. Donde hay medios de vida, hay futuro. Y donde hay diálogo, hay paz.

Invertir en seguridad alimentaria no es solo un imperativo humanitario: es una estrategia de paz. Allí donde se garantiza la alimentación y se protegen los medios de vida, se reduce la vulnerabilidad y se amplían las capacidades para resistir la violencia. Para lograrlo, necesitamos voluntad política, alianzas sólidas y cooperación que ponga en el centro la humanidad y la dignidad.

Porque la pregunta es: ¿estamos dispuestos a asumir que la lucha contra el hambre es también la lucha por la paz? Si la respuesta es sí, entonces debemos actuar ya.


Cristina Fernández de Simón es técnica de Incidencia y Relaciones Institucionales de Acción contra el Hambre