Desde la década de los 90, las tertulias españolas han contado con figuras que defienden la gestión gubernamental de turno "hasta lo indefendible", un rol que han desempeñado diversos nombres durante las etapas de González, Aznar, Zapatero y Rajoy. En la actualidad, este papel de defensa férrea del Ejecutivo de Pedro Sánchez lo encarna Sarah Santaolalla. Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, que solían ser ignorados por los medios de la competencia, Santaolalla se ha convertido en el centro de una agresiva campaña mediática que trasciende lo ideológico.
La polémica alcanzó su punto álgido tras las declaraciones de la tertuliana calificando de "traidor" a Felipe González por sus críticas al actual secretario general del PSOE. La respuesta llegó desde programas de máxima audiencia como El Hormiguero, donde se utilizó una referencia televisiva "mitad tonta, mitad tetas" para descalificarla. Santaolalla ha denunciado este episodio como un ataque "sucio, ruin y machista" que no solo cuestiona su capacidad intelectual, sino que se ensaña despectivamente con su aspecto físico.
Este escenario sugiere que se ha abierto una "veda" contra la colaboradora basada en su juventud y género, factores que no suelen aparecer en las críticas a otros polemistas varones de mayor edad. Aunque Santaolalla ha respondido con dureza llamando "ratas" a sus críticos, la situación evidencia una deriva en la que el insulto personal y el acoso en redes desplazan al debate político. El análisis de los hechos invita a recuperar la bronca ideológica entre oponentes, alejando a los medios de las descalificaciones físicas que desvirtúan la labor periodística.
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