En la prórroga de la final de la Copa del Mundo de 2006, después de que le mencionaran a su hermana, Zinedine Zidane (ZZ) le propinó un cabezazo en el esternón a Marco Materazzi (MM). El capitán francés fue expulsado, su equipo perdió el Mundial a los penaltis y la carrera del caballero blanco del fútbol tuvo el peor cierre posible. Entonces todo el mundo condenó el gesto de Zidane, pero todo el mundo tuvo también claro que el villano de aquella triste historia no era él sino el marrullero defensa italiano.

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Rosa Belmonte es una Zidane de los periódicos, porque escribe elegantemente, mucho y bien –es probablemente la columnista más productiva de la prensa española, con entregas diversas que se reproducen diariamente en todas las cabeceras del grupo Vocento–. Todo lo que lee y lo que ve lo metaboliza en sus textos, siempre aprovechables y que habría que maquetar de abajo arriba porque son textos trepadores, concatenaciones de ideas, de epigramas, de ocurrencias donde lo culto se enreda con lo más popular, incluida la última tontería viral. No en vano, la primera vez que supimos de esta abogada metida a escritora de periódicos fue leyéndole sobre televisión. Durante un tiempo, poco, incluso se asomó al plató de Sálvame para hacerles la crítica en directo, suponemos que porque a Jorge Javier, que es mucho mejor lector que escritor, le gustaba el ingenio y la brillantez de sus columnas.

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Pero Rosa Belmonte es Zidane por el cabezazo figurado que el martes, sin mencionarla, le propinó a Sarah Santaolalla (SS) en El Hormiguero. “¿Esa es la que la mitad es tonta y la mitad tetas?”. Una ingeniosidad privada y de mal gusto pronunciada en el lugar más público de España, el programa más visto de la televisión –el peligro de las tertulias de amiguetes emitidas en prime time–. Cuando quiso explicar lo de la señora Maisel ya nadie estaba escuchando. SS, polemista estrella del infoentretenimiento de la televisión pública, no ha desaprovechado la oportunidad de hacer minutos con el exabrupto de Belmonte, incluso rechazando su disculpa pública, mientras era jaleada por el oficialismo político y mediático. Lo peor del caso SS es que ha servido para reforzar la presencia de la controvertida opinadora en los espacios de propaganda de RTVE.

A todo el mundo, a casi todo el mundo le ha parecido mal el comentario de Rosa Belmonte sobre SS en El Hormiguero. Pero casi todo el que sabe quién es la una y la otra tiene claro de qué lado están el decoro y la inteligencia, más allá del lamentable error de la noche del martes, más lamentable en tanto que le ha dado combustible a un personaje indeseable. Es verdad que SS no provocó a Rosa Belmonte como hizo MM con ZZ, pero su presencia en la televisión pública es una provocación constante al espectador y el contribuyente que en estas circunstancias, y a la espera de elecciones, lo único que pueden hacer es apagar el televisor y comprar el ABC para leer a Belmonte.

Ayer, tras un par de días de mutis, la columnista volvía a la contra de su periódico, hablando de libros, de manuales del Renacimiento para navegar tiempos oscuros, cuando "un mundo caracterizado por la fe humanista en la fuerza de la razón" entra en crisis, y reconociéndose en el error fatal de la Celestina, tal y como lo cuenta Rosa Navarro Durán en El festín de la palabra (Ariel): "Ella tan astuta, tan hechicera, tan vieja alcahueta, no supo frenar su lengua y remató su perdición con una palabra: rufianes. Llamó a los criados rufianes y se sentenció". Mientras Rosa Belmonte se comía un Colajet releyendo La Celestina, SS seguía chillando en alguna televisión.