La política exterior es un instrumento al servicio de los intereses de un país sin perjuicio de la legalidad y de la justicia que, según quienes, se antepondrán o no. España intentó recuperar militarmente Gibraltar varias veces en el siglo XVIII, pero fracasó. Hoy en día nadie sensato pensaría en usar la fuerza para reintegrar Gibraltar a nuestra soberanía.  

El Peñón fue conquistado por los ingleses en 1704 durante la Guerra de Sucesión. Por el Tratado de Utrecht de 1713 entregamos Gibraltar “a perpetuidad”, si bien se condicionó a que, si los ingleses renuncian a su soberanía, la primera opción fuese española. Mientras España la mantenga, Gibraltar no podrá ser independiente, algo esencial. Muchos no se dan cuenta de ello.

Tras la 2GM Gibraltar ingresó en la lista de territorios por descolonizar de la ONU. Se aprobaron dos vías para ello. La de la autodeterminación y la de la reintegración territorial. En tiempos de la dictadura la diplomacia española consiguió impedir la autodeterminación y prevaleció en este caso la reintegración territorial, una “rara avis” en la descolonización. Las Resoluciones de la Asamblea General (1966 y 1967), que a diferencia de las del Consejo de Seguridad no son de obligado cumplimiento, animaron también a una negociación entre Madrid y Londres, respetando asimismo los “intereses” de la población local, un saco donde caben muchas cosas. En 1908 los británicos erigieron una verja para controlar el acceso a la colonia. Franco cometió el error de cerrar la puerta del lado español (1969) pensando aislar a Gibraltar y provocó en los gibraltareños un espíritu numantino que pervive.

Con la democracia se restableció en 1985 la plena comunicación (la peatonal en 1982) y una convivencia aceptable entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar. Siempre han sido mayoritariamente los del Campo los que van a trabajar al Peñón y no al revés. Es una cuestión que ha de tenerse en cuenta ya que el desarrollo económico al norte de la verja nunca ha sido suficiente. Acercar a los gibraltareños con los campogibraltareños es pan para mañana en ambos sentidos.

Por otra parte, hoy en día no es concebible entre naciones civilizadas una transferencia territorial sin el consentimiento de la población local. No se trata de que la autodeterminación se imponga ahora en Gibraltar sobre la reintegración territorial, pero de algún modo los gibraltareños habrán de consentir una recuperación española del Peñón si esta se produce.

Gritar “Gibraltar español” de un modo u otro no sirve de nada. Ya se sabe que la burra anda con un palo detrás y una zanahoria delante. Utrecht es el palo. La zanahoria debiera ser que a los gibraltareños les pueda interesar un día que Gibraltar vuelva a ser español. Hay que convencerles.

El reciente acuerdo entre la UE y el RU sobre el Peñón, previamente esbozado entre Madrid y Londres, es un buen paso hacia la recuperación de Gibraltar, algo hoy en día imposible. Al acercar el Peñón a la UE no deja de alejarlo del RU y eso es positivo para la reivindicación española.

Mientras España la mantenga, Gibraltar no podrá ser independiente, algo esencial. Muchos no se dan cuenta de ello.

Bien es cierto que el acuerdo puede merecer críticas en aspectos concretos como los fiscales que debieran haberse resuelto mejor y deberán tratarse en el marco europeo como ocurre con los países “Schengen” que no pertenecen a la UE. De todos modos, Gibraltar tendrá que incrementar su IVA lo que dificultará el contrabando.

Lo más criticable, sin embargo, es el oscurantismo gubernamental (como en la cuestión del Sahara Occidental). Aunque se ha trasladado en parte esta temática a la UE, lo que ocurriría plenamente si se llegase a una necesaria federalización de la Unión, no es aceptable actuar a espaldas de los ciudadanos, de la oposición y del Parlamento. Debe el gobierno llevar el acuerdo a las Cortes, explicarlo y defenderlo para votarlo, aunque sea simbólicamente, como en el parlamento gibraltareño donde actúan más democráticamente. En cuatro años este acuerdo habrá que revalidarlo y los partidos debieran calentar ya motores para ver si lo harán o preferirán que nos apeemos.

En política exterior hay que saber tener paciencia. La recuperación de la soberanía no es para hoy y no tenía por qué abordarse en este acuerdo si no se deseaba cerrar de nuevo la verja de hecho o con candado. Lo importante es mantener la reivindicación y la opción. ¡Ya quisieran ahora en Londres y en el Peñón que no fuera así! Lo importante es seguir impidiendo una independencia del Peñón que sería bajo tutela británica y eso está conseguido sin perjuicio de seguir siendo vigilantes. Los contenciosos locales debieran solucionarse con satisfacción para las partes involucradas y eso, de alguna manera, debiera afectar a la base británica en la colonia. España se opone a que en ella haya un Mando OTAN, pero no deja de estar a disposición de la Alianza a la que pertenecen España y el RU.

De cara al fututo, cuando sea, habrá que ver cómo la evolución de los acontecimientos puede favorecer nuestras tesis. Por ejemplo, imaginemos algo improbable, pero no imposible. Que la UE se convierta en un Estado Federal y que, en ese marco, Gibraltar quedase perjudicado ya que el RU no es miembro de la Unión. Podrían eventualmente tener en el Peñón interés en reincorporarse a España. ¿Quién sabe, por otra parte, si el RU quisiera volver a la UE algún día? Sería otra oportunidad de mejorar nuestra reivindicación.

Lo que debiera hacer Madrid es indicar alta, clara y públicamente que en el caso de que la colonia, que tiene mucha amplitud de decisión concedida desde Londres, fuese a incorporarse a nuestro país sería una Autonomía más respetando su legislación, sus costumbres y su idioma. Mientras tanto, lo inteligente para todas las partes concernidas es llevarse bien y en el marco español que los principales partidos se pongan de acuerdo.


Carlos Miranda, Embajador de España