Aunque algunos enemigos de Raúl del Pozo le tachaban de "columnista navajero", lo que nadie le negará es que logró que sus columnas—capaces de abordar desde los asuntos más trascendentes de la vida política nacional hasta los más intrascendentes y frívolos—siempre dieran que hablar en el sector. Toda una medalla para los dedicados a la labor del juntaletras. Y eso también incluye unas cuantas controversias.

Un 'rojo' en el gallinero franquista de Emilio Romero

"¡¿Eres el José María García de verdad?!". El periodista levantó la mirada desde su mesa en Café Gijón y se encontró ante sí a un joven maestro de escuela de Cuenca llamado Raúl del Pozo que le anunciaba: "Quiero ser como tú".

Aún faltaban décadas para que García fuera ese monstruo de la radio conocido como 'Super García' por sus amigos o como 'el butano' por los no tan amigos, pero ya era una celebridad por sus artículos de información, análisis y opinión en el diario Pueblo. Aquel periódico, propiedad de los sindicatos verticales del franquismo, se transformó bajo la batuta del pícaro Emilio Romero en la escuela de periodismo de toda una generación.

García le encargó un reportaje —"Las ratas invaden el subsuelo de la ciudad"— y se lo presentó a Romero. El "Gallito", como se le conocía, quedó impresionado y Raúl del Pozo se convirtió en el primer periodista que, al fichar por Pueblo, pasaba a trabajar para la página 'Tercera'.

Era la más leída del periódico y, hasta la llegada de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966 —la llamada Ley Fraga—, también una de las pocas donde el régimen toleraba un mínimo de crítica. Ahí pudo coincidir con José Luis Balbín, Juan Luis Cebrián o tantos otros.

Al contrario que para Cebrián, Romero y tantos otros, para quienes sus inicios en la prensa franquista acabarían convirtiéndose en un lastre ante nuevas generaciones menos tolerantes con ciertas trayectorias, aquel maestro de escuela contaba con un escudo protector frente a ese tipo de reproches. Aunque no lo dijera en su presentación, tenía en el bolsillo un carnet de afiliado del Partido Comunista de España, entonces ilegal en un país sometido a una dictadura franquista y en el que esa simple militancia podía conducirte a los calabozos de la Puerta del Sol. Y él llegó hasta a escribir en la revista oficial del partido, Mundo Obrero.

Emilio Romero aseguraría años después que era plenamente consciente de la militancia de Del Pozo y que lo único que le importaba era el talento, independientemente de la ideología. Fuera verdad o no, lo cierto es que en las páginas de opinión de Pueblo convivían posturas ultras con otras claramente progresistas. Un día se aplaudía la clausura del Diario Madrid y al siguiente se condenaba el Golpe de Estado en Chile de 1973 encabezado por Augusto Pinochet, en abierta confrontación con cabeceras como ABC o El Alcázar, que sí lo respaldaron.

Este tipo de posiciones progresistas, defendidas por seudónimos como 'Ciudadano', se atribuían a la presencia en las páginas de opinión de firmas como la de Raúl del Pozo.

A diferencia de Cebrián, García o Romero, Del Pozo permaneció hasta el final en Pueblo (al margen de un viaje de ida y vuelta un tanto desafortunado al Informaciones con Martín Prieto), y fue el autor del principal artículo de despedida de aquel periódico del gallito, en su último número publicado el 17 de mayo de 1984 bajo el título "Las gafas".

"Periodismo gamberro" en el primer El Independiente

La muerte de Pueblo coincidió con el intento de un periodista todo terreno de la época, Pablo Sebastián, de convertir a la revista Interviú en el París Match español. Para ello, Sebastián confió en Raúl del Pozo como parte de su equipo. El proyecto fracasó, pero de aquella etapa ambos se llevaron dos cosas: una creciente animadversión hacia el gobierno felipista, al que buscaban criticar desde la izquierda, y una demanda de Charo López por unas imágenes publicadas por Sebastián y los comentarios que Del Pozo escribió sobre ellas. El columnista aseguraba que solo pretendía elogiarla, pero aquellas ‘alabanzas’ casi les llevan a prisión.

La siguiente aventura mediática de Pablo Sebastián y Raúl del Pozo fue la creación de una publicación progresista que aspiraba a ser la alternativa a El País: El Independiente, el mismo nombre de esta cabecera. Corría el año 1987. Allí Del Pozo publicaba entrevistas y participaba en una firma viperina llamada 'Aurora Pavón', integrado por figuras progresistas pero muy críticas con el socialismo felipista: Fernando G. Delgado, Raúl del Pozo, César Alonso de los Ríos y Pablo Sebastián. Salvo Delgado, que acabaría fichando por el felipismo como presentador en TVE, los demás miembros del colectivo Pavón acabarían acercando posturas al Partido Popular como alternativa al felipismo (Alonso de los Ríos pasó de ser comunista a ser tachado de 'extrema derecha' por sus denostadores).

El mayor escándalo llegó en 1988 con una controvertida entrevista al veterano diputado del PSOE por Badajoz, Pablo Castellano, entonces vocal del CGPJ a propuesta del PSOE. Castellano, dispuesto a criticar a sus compañeros de partido, acordó tomar unas copas con Del Pozo y rajó de lo lindo: acusó a dirigentes felipistas de enriquecerse e insinuó chanchullos del mandamás guerrista Txiki Benegas. En ese momento Castellano se quedaría a gusto, pero le debió cambiar la cara cuando al día siguiente su conversación apareció íntegra en El Independiente como si fuera una entrevista firmada por Del Pozo.

Las versiones de los protagonistas de aquella publicación difieren: Castellano denunció que había sido engañado; Pablo Sebastián aseguró que el político era plenamente consciente de que le estaban grabando; y Raúl del Pozo afirmó que era antes periodista que colega. Lo que Castellano no podía hacer era negar que había dicho lo que dijo; por lo que el resultado fue su expulsión del PSOE por bocazas, mientras que, desde el diario El País, Juan Luis Cebrián acusaba a Del Pozo de ejercer un 'periodismo gamberro'.

El extraño duelo con Martín Prieto

El Independiente no sobrevivió al año 1991. Algunos dirán que fue por un complot felipista; otros, por una delirante gestión empresarial y administrativa de su capital. En realidad, ambas opciones son compatibles. Ese diciembre, Raúl del Pozo cambió de escudería y pasó a ser contratado por Diario16 como uno de sus columnistas diarios.

Por entonces, Diario16 ya estaba seriamente debilitado: Pedro J. Ramírez acababa de fundar El Mundo y se había llevado consigo a Francisco Umbral, la firma estrella del periódico del Grupo16. Para contrarrestar esa pérdida, los directivos de Diario16, Justino Sinova y José Luis Gutiérrez, apostaron primero por Martín Prieto ("MP") y luego por Raúl del Pozo, programando una original página final donde aparecían ambas columnas juntas, con idéntico tamaño e importancia.

En ese momento, las columnas de Del Pozo ya comenzaban a ser conocidas por sus detractores como "anti-socialistas" e "insultantes". Uno de los que ya se quedó por aquella época era José Félix Tezanos, a quien en 1991 Del Pozo tachó de "especie de Suslov de Ferraz, sociólogo gris, que no cerebro gris", todavía veinte años antes de que Tezanos se hiciera con el CIS.

Otra célebre columna fue en la que insultó a los trabajadores de los Comités de Empresa, a quienes acusaba de estar vendidos a las direcciones de sus compañías y de tener "espinazo de japonés", provocando una fuerte réplica del periódico Ya, que por entonces estaba regido, precisamente, por un Comité de Empresa.

Pero el episodio más sorprendente de esa etapa fue la bronca con Martín Prieto. En mayo de 1993, Del Pozo publicó un feroz artículo contra su compañero de periódico MP. Acusándole de lindezas, de ser un rencoroso social y de haber tenido conductas de acoso sexual en la redacción ("Martín Prieto, estate quieto", se titulaba el texto). La respuesta de Prieto fue otra columna de similar furia tachando a Raúl del Pozo de mal amigo, mal compañero y miserable, asegurando que en el PCE le habían formado en el odio al PSOE y que le tenía envidia. No es habitual un nivel de agresividad así entre colegas del mismo periódico.

La permisividad del entonces director José Luis Gutiérrez se limitó a señalar en un artículo que había quedado con ambos para poner fin a la contienda. Unas semanas después, Prieto abandonó Diario16 y se incorporó a El Mundo de Pedro J. Ramírez; seis meses después, Del Pozo seguiría sus pasos. Era lógico, dado que el Grupo16 se estaba desmoronando. Ambos periodistas volvieron a coincidir en un mismo periódico, aunque no en la misma página y sin volver a confrontar.

Lo más curioso llegó años después. En noviembre de 1996, MP insinuó en El Mundo que aquella gresca pudo haber sido simulada. Algo similar afirmaría Del Pozo en 2019, ya fallecido Prieto, asegurando que en realidad cada uno había escrito su propio artículo insultándose a sí mismos y luego intercambiaron las firmas. Todo colegueo, pues. Será verdad, pero entenderán que es un tanto rarillo hacer una cosa así, sin no es un 28 de diciembre y sin aclararlo hasta años después en otro periódico, y si no se anuncia al día siguiente la clave de la artimaña.

¿Un duelo de tamaña ferocidad, tachándose de fracasados, resentidos y acosadores sexuales, y sin aclararlo hasta largos años después y en otro periódico? Es un nivel de excentricidad que supera los límites de lo sensato. A la muerte de Umbral sería Del Pozo (y no MP) el elegido por Ramírez para sucederle como comentarista estrella del diario.

El Mundo : censuras, tertulias y cloacas.

Se ha reconocido poco, pero seguramente fue Raúl del Pozo el auténtico 'padre' de El Sindicato del Crimen, aquella Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI) que se reunía en Marbella para explicar a los españoles cómo combatían contra el felipismo, y que fue disuelta discretamente al llegar al aznarato, en una historia no muy comentada por sus protagonistas.

Como soldado de la AEPI, Del Pozo combatió contra PRISA, desde donde Javier Pradera llegó a calificarle de 'mercenario de la pluma' y Fernando Savater a asegurar que en dos átomos de Felipe González sumarían más que las "toneladas de honradez" en Raúl del Pozo y sus compañeros.

Igual de contundente contra el felipismo lo fue contra el rajoyismo, donde Del Pozo jugó un papel estelar al ser una de las figuras periodísticas que logró mayor cercanía con Luis Bárcenas y su familia al estallar todo el escándalo de corrupción de los sobresueldos y la Caja B de los genoveses. Jugó un papel clave en el destape de aquel asunto, aunque también por hacerlo recayeron sobre él todo tipo de insinuaciones en el gremio.

Un 'maestro' que vio morir cabeceras periodísticas en las que creció y a las que engrandeció

En las actas de la comisión de investigación del 'caso Bárcenas' figura alusiones desde que supuestamente habría cobrado de la familia Bárcenas (sesión del 22 de abril de 2021), hasta que se le acusó de haber espiado a los Bárcenas, al servicio de Sanz Roldán (sesión del 27 de mayo de 2021). Lo único que Del Pozo sí llegó a reconocer es haber escrito artículos por encargo del PP, concretamente a través de Enrique Beotas, pero limitándolo a una única ocasión y asegurando haber desconocido en ese momento que el pago provenía de los de la gaviota.

Simultaneó sus columnas con las tertulias. Estuvo en las de María Teresa Campos y Susanna Griso, aunque quizás donde más dio que hablar fue con Luis del Olmo, que le llegó a despedir hasta en tres ocasiones, en una de ellas por burlarse en antena del presidente de la cadena de radio desde la que hablaba, Javier Gimeno. Pasaron unos meses fuera del aire hasta que el mismo Del Olmo le "indultaba". "Toda mi vida comunista para acabar siendo de derechas y del Real Madrid", dijo en célebre entrevista el veterano columnista.

Lo cierto es que, como tertuliano, nunca quedó encuadrado en un bando, y 'la derecha' nunca dejó de ser blanco de sus navajazos aunque supiera que, en gran medida, gran parte de su público estaba encuadrado en ella. Pedro J. Ramírez llegó a levantarle un artículo en 1999 por comparar a Aznar con Franco, y por esas fechas participó en un anuncio electoral de Izquierda Unida. Del Pozo parecía auto-reprocharse haber hecho carrera en periódicos "del sistema", como el Pueblo franquista o El Mundo aznarista, pero, incluso con eso, nunca dejó de parecer un periodista que, en su escala, tenía la correa suficientemente larga como para ser un columnista desenfadado que escribía y comentaba aquello que le daba la gana.

Un 'maestro' que vio morir cabeceras periodísticas en las que creció y a las que engrandeció (Pueblo, Informaciones, Interviú, El Independiente, Diario16) y donde se engrandeció, la última de ellas, la única que le ha sobrevivido, y donde queda una gran colección de artículos de referencia.