Podemos, los de aquel asalto al Cielo, parece que piden asilo en Andalucía, que ahora, en Semana Santa, es precisamente un Cielo con reja. Al otro lado de la reja, en el Cielo barroco y de forja, están los cristos de carbón encendido, las vírgenes versallescas y quizá no tanto la derecha triunfante en su palco de tapetillo sino el andaluz decepcionado con la aciaga izquierda señorita o poética. Podemos quiere unirse a Sumar y a IU para las elecciones andaluzas, después de haberse declarado la izquierda pura, negra y luminosa, carbonífera como los cristos, y estar desapareciendo como una tribu de andrajos y cerbatanas. La cosa está difícil para el asalto, para la superioridad y hasta para dar pena, pero yo creo que ya no buscan los Cielos, ese palacio de invierno, ni la pureza, sino sólo la supervivencia. Está difícil la cosa ahora, ya digo, entre dioses de minué, guardias macarenos, pijerío de rizo y plata, como querubines, un Juanma Moreno que al final acabó con la derechona negra mejor que Alfonso Guerra, y, claro, la izquierda señorita, poética o sólo arriera, con hocino afilado y mohoso de siglos y reyertas. Pero quizá han pensado que tienen más posibilidades con las dolorosas de costurerito que con Rufián de mediador.
Podemos está dispuesto ahora a un pacto de coalición “sin condiciones” con Sumar e IU, al menos en Andalucía, que les debe de parecer una tierra de expiación y de milagro (existe incluso el milagro del cofrade de izquierdas, capaz de negar a la vez toda la tradición de la izquierda y la derecha históricas de la tierra por no quedarse sin varita, sin madrugá, sin llorera y sin qué hacer en el pueblo). Pablo Fernández, el portavoz de Podemos (yo creo que tienen más portavoces y tertulianos que electos y hasta que votantes, que son como ángeles sin pastorcillos); Pablo Fernández, decía, parece más evangélico que nunca, con su melena de sermón de la montaña, o de María Magdalena con paño de lágrimas, redorada como por celajes de Espíritu Santo o resol de corneta de la banda. Y es que de verdad parece un milagro o una conversión eso de estar dispuestos a perdonar al enemigo, al hijo pródigo o incluso al padre pródigo, olvidar los agravios, olvidar quizá sin más, y volver a abrazar no ya a Maíllo, que es un hombre doctrinario pero achuchable, sino a la propia Yolanda Díaz, que traicionó a su mentor (Pablo Iglesias), traicionó a la izquierda verdadera haciéndose la mejor sanchista, y traicionó hasta a las vocecillas que le hablaban en el desierto o en los prados en nombre del pueblo o sólo de los alacranes.
La izquierda que Podemos representó y la izquierda a la que Podemos despreció comparten la misma decadencia y desesperación
Podemos parece que también busca su milagro, y lo hace en Andalucía, entre las flores de sangre, la carne de madera y las sombras de hierro. Podemos aún cree, ya ven. Y quizá cree incluso más que Sánchez, a quien le hemos visto en el escritorio un como tríptico de su propio milagro, unas viñetas que en realidad sólo describen un batacazo sin gloria y con cachondeo que más que en resurrección diría que termina en urgencias. Pero la esperanza es lo último que se pierde y ahora parece que los caídos y menesterosos de la izquierda no se acuerdan de sus guerrilleros ni de sus teóricos sino de las Bienaventuranzas (las Bienaventuranzas sirven como cristianas o como izquierdistas porque son la santificación de la resignación). Así que Podemos va a salir de procesión en Andalucía, que tienen ellos también vírgenes con puñales y perlas, y mesías con el pelo salomónico y flamígero en melena o en coleta, y toda clase de figuras llagadas, apaleadas, cenadoras, jardineras, sermoneantes, sedentes, yacentes, volantes, muertas, vivas, enterradas, ascendidas, a veces todo a la vez. Y tienen romanos de lata y fariseos de escayola, y bandas de música desaliñadamente marciales haciendo por los medios un apocalipsis de tubas y niños con tambor, y tienen penitentes de pies quemados, y martirios y venidas, y Cielos que no llegan y santos que se van, y creyentes, mirones o profesionales más o menos en ese mismo plan.
Podemos ya no asalta los Cielos, menos en Andalucía, donde ahora hay arcángeles de la moderación, como arcángeles de trompeta con sordina, o santos municipales con perejil que parece que lo hacen mejor, o por lo menos igual, que la izquierda que rajaba de los señoritos sólo para sustituirlos, o a la que se le olvidaba toda la doctrina cuando le daban una consejería de Turismo. Podemos ya sólo aspira a asaltar los bordillos a pie de calle, como los niños que esperan hacer la bola con la cera de los cirios, con algo de bolo alimenticio del espíritu o al menos del folclore. Podemos hace su procesión, hace su penitencia, lucirá sus llagas joyeras y sus lutos también joyeros en Andalucía, pero lo tiene difícil. En la izquierda no hay mucho sitio, es como una varga estrechita en la que apenas cabe el milagro y casi ni la fe. La izquierda tiene muchas advocaciones (en Andalucía, por ejemplo, está también Teresa Rodríguez, que sigue haciendo andalucismo aceitunero con manos de terrón), pero hay que recordar que con todas ellas rompió Podemos.
Lo tiene difícil Podemos, que no ve el Cielo ni asomándose desde las farolas ni asomándose desde los maderos. La izquierda que Podemos representó y la izquierda a la que Podemos despreció comparten la misma decadencia y desesperación, así que, olvidando otra vez su historia y sus dogmas, quizá se unan, en Andalucía o en España, con Yolanda, con Rufián o seguramente con otro, por disimular siquiera. Por otra parte, ya nadie le teme a la derecha. La derecha, incluso antes de Sánchez, ya no se veía en Andalucía como tabú sino como liberación. O, al menos, como descanso. Al andaluz le dijeron que si llegaba la derecha le iban a quitar todo, pero resulta que los que le quitaron todo, o casi todo, durante 40 años, fueron los otros. El escarmiento de la izquierda que en Andalucía se llamó Chaves, o Susana, o los ERE, en España se llama Sánchez, o Yolanda, o Podemos. De todas formas, siguen los mesías muriendo por lo mismo, entre las llamas del pueblo, y sigue la gente pidiendo por lo mismo, entre las mentiras de los dioses. Sigue la misma procesión en las almas y sigue la misma procesión en la izquierda.
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