Las ondas de choque que han recorrido el mundo a raíz de los acontecimientos relacionados con la postura de la actual Administración estadounidense hacia sus países vecinos y aliados europeos indican claramente un cambio en el sistema de relaciones internacionales que ha perdurado durante décadas. La posibilidad de que Estados Unidos reduzca su apoyo militar, o incluso se retire por completo de la OTAN ante la agresión rusa, plantea un desafío crítico para la seguridad europea. Este escenario, antes impensable, está cobrando fuerza debido al cambio en las prioridades de la política exterior estadounidense.
En caso de una invasión rusa del territorio de la OTAN, la ausencia de apoyo militar estadounidense pondría al descubierto la vulnerabilidad militar de Europa. Las naciones europeas carecen de la preparación necesaria para hacer frente a una ofensiva rusa a gran escala sin el respaldo de Estados Unidos. Esta situación subraya la urgente necesidad de que Europa alcance la autonomía estratégica. La falta de unidad entre los miembros europeos de la OTAN compromete gravemente la defensa colectiva en virtud del artículo 5. Moscú es muy consciente de estas vulnerabilidades y es probable que las aproveche si Europa no actúa con rapidez y decisión. Por lo tanto, Europa debe esforzarse por alcanzar la plena independencia estratégica tanto de EEUU como de los aliados europeos poco fiables. Parece haber un reconocimiento creciente de esta necesidad entre los líderes políticos europeos, aunque este proceso es bastante lento.
En consecuencia, Europa debe diseñar y aplicar urgentemente estrategias eficaces para alcanzar este objetivo. A la hora de formular dichas estrategias, deben tenerse en cuenta varios factores clave. En primer lugar, las naciones europeas deben reconocer el papel crucial que Ucrania puede y debe desempeñar en la configuración de la autonomía estratégica de Europa.
Europa debe esforzarse por alcanzar la plena independencia estratégica tanto de EEUU como de los aliados europeos poco fiables"
Hay varias razones para ello. Las fuerzas militares de Ucrania han adquirido una experiencia inestimable defendiéndose de la agresión rusa durante más de cuatro años. Han demostrado su resiliencia y su capacidad de resistir. Además, Ucrania ha desarrollado una gama de tecnologías militares avanzadas, superando a muchas naciones occidentales, incluidos Estados Unidos y Europa. El país se ha convertido en líder mundial en tecnología de drones, con numerosas empresas ucranianas que diseñan, prueban sobre el terreno y producen en masa rápidamente una amplia gama de drones que han demostrado cambiar las reglas del juego en el campo de batalla. La importancia de los drones en la guerra moderna ha quedado demostrada de forma inequívoca, y se espera que esta tendencia crezca.
En 2024, las empresas ucranianas diseñaron una amplia variedad de tipos de drones y produjeron más de 1,5 millones de unidades; en 2025, la producción había aumentado a 2,2 millones de drones. Ucrania es también una de las pocas naciones de Europa capaces de producir sus propios misiles de crucero y balísticos. El misil de crucero Long Neptune, con un alcance de 1.000 km y una ojiva de 350 kg, junto con el misil de crucero Flamingo, equipado con una ojiva de 1.100 kg y un alcance de 3.000 km, así como el misil balístico Grim-2, que ofrece un alcance de 700 km y una ojiva de 500 kg, son solo algunos ejemplos de las avanzadas capacidades tecnológicas de Ucrania.
A pesar de estos logros, el complejo militar-industrial de Ucrania opera a menos del 40% de su potencial debido a la falta de inversión. Dadas estas circunstancias, Ucrania tiene la capacidad de convertirse en una potencia militar-industrial. Podría desempeñar un papel fundamental en el rearme de Europa mediante el suministro de equipamiento militar esencial. Cabe destacar que el coste de producción en Ucrania es sustancialmente más bajo, entre tres y cinco veces, o incluso más, en comparación con Europa y Estados Unidos. En consecuencia, invertir en la industria de defensa de Ucrania supone una solución rentable, eficiente y fiable para reforzar la autonomía estratégica de Europa, al tiempo que se garantizan la seguridad a largo plazo y las capacidades de defensa en todo el continente.
Además de aprovechar el potencial militar-industrial de Ucrania, las industrias de defensa europeas deben experimentar una expansión significativa para satisfacer las demandas de todas las naciones europeas interesadas. Alcanzar este objetivo requiere un aumento rápido y sostenido del gasto en defensa en todo el continente. En la actualidad, el gasto en defensa de la OTAN sigue estando distribuido de forma desigual, con Polonia y los Estados bálticos destinando entre el 3,4 % y el 4,5 % del PIB. Por el contrario, varios miembros de Europa Occidental, sobre todo Bélgica, Luxemburgo y España, mantienen niveles de gasto significativamente más bajos, con presupuestos de defensa que oscilan entre aproximadamente el 1,2 % y el 2 % del PIB.
Los miembros de la OTAN en el flanco oriental de la alianza han sido especialmente conscientes de la necesidad de aumentar el gasto debido a su proximidad geográfica a Rusia, pero las implicaciones no se limitan a la región. En caso de un ataque ruso contra la OTAN, las consecuencias se extenderían a toda la alianza. Dado el alcance de los sistemas de misiles rusos, distancias como los aproximadamente 1.400 km hasta París o los 2.700 km hasta Madrid ofrecen poca protección estratégica, lo que subraya que ningún país europeo puede considerarse fuera del alcance de un posible conflicto.
Europa solo puede alcanzar la paridad militar con Rusia si integra sus fuerzas con las de Ucrania"
Las guerras en Ucrania e Irán han puesto de relieve una transformación fundamental en la dinámica militar. Las tecnologías económicas y escalables, como los drones interceptores fabricados en serie, están emergiendo como una fuerza decisiva que cambia las reglas del juego. Cabe destacar que estas nuevas tecnologías son capaces de compensar a los sistemas convencionales, mucho más caros, por lo que el enfoque principal debería centrarse en aumentar drásticamente su desarrollo y producción. Es fundamental que los Estados miembros de la OTAN coordinen sus esfuerzos en el ámbito militar-industrial para mejorar la eficiencia, minimizar la duplicación y acelerar la producción. Además, las naciones europeas deben formar una coalición de Estados comprometidos con el desarrollo de capacidades de defensa sólidas. Si bien se han dado los primeros pasos hacia dicha colaboración, el proceso debe acelerarse significativamente.
Esta coalición no debería limitarse a los miembros de la UE o de la OTAN, sino que también debería incluir a aliados no pertenecientes a la OTAN, como Ucrania. En conjunto, Europa solo puede alcanzar la paridad militar con Rusia integrando sus fuerzas con las de Ucrania. Una coalición unificada podría proporcionar un mecanismo de defensa colectiva si la OTAN no lograra ofrecer una protección adecuada. Además, la disuasión nuclear proporcionada por Francia y el Reino Unido podría contrarrestar las amenazas nucleares de Rusia. La coalición también debe establecer estructuras institucionales independientes capaces de sustituir a las instituciones de la OTAN si fuera necesario.
Los Estados bálticos, los países nórdicos, Polonia y Ucrania podrían liderar la formación de esta alianza, a la que se unirían posteriormente otras naciones. Cuanto antes se materialice esta iniciativa, mejor, ya que Europa está en una carrera contra el tiempo. El Kremlin se atrevió a invadir Ucrania partiendo de la suposición de que tanto Ucrania como sus socios internacionales eran débiles e indecisos. Por el contrario, una Europa cohesionada, bien armada y decidida posee la capacidad de disuadir y, si fuera necesario, derrotar a Rusia si Putin decidiera invadir. Aunque Ucrania sigue sufriendo importantes pérdidas humanas y materiales, ha mantenido su postura defensiva, ganando tiempo de manera efectiva para toda comunidad europea.
Oleg Chupryna es profesor de Políticas y Relaciones Internacionales y doctorando del Centro de Estudios Europeos y Euroasiáticos de la Universidad de Maynooth (Irlanda).
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