Perú se enfrenta a un nuevo escenario electoral marcado por una configuración política inusual en su historia reciente. Tras años en los que la segunda vuelta enfrentaba invariablemente a la derecha de Keiko Fujimori contra un candidato de izquierda, el panorama actual sitúa a Fujimori frente a Rafael López Aliaga, un candidato identificado con el perfil de Donald Trump. Con la izquierda tradicional aparentemente desaparecida tras la experiencia de Pedro Castillo, la atención se centra ahora en si el próximo mandatario logrará evitar el destino judicial de sus predecesores.

La historia de la presidencia peruana desde 1990 es una crónica de procesos judiciales y condenas. La lista incluye a Alberto Fujimori, condenado por delitos de lesa humanidad; Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski, todos implicados en el caso Odebrecht y el lavado de activos; y Alan García, quien se quitó la vida antes de ser detenido. A ellos se suman Martín Vizcarra y Pedro Castillo, ambos condenados tras sus respectivos mandatos, este último tras un fallido intento de autogolpe de Estado.

Actualmente, la situación de la presidenta Dina Boluarte, investigada por posible tráfico de influencias, refuerza la pregunta central que plantea este análisis: ¿es el sistema judicial peruano excepcionalmente eficiente o es la corrupción una constante ineludible en el poder?. El gran reto para quien gane las próximas elecciones no será solo gobernar, sino romper definitivamente con una "racha" que ha convertido a casi todos los exmandatarios del país en delincuentes a ojos de la justicia.