El reciente especial doble del programa de Jordi Évole se ha erigido como una férrea defensa del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Presentándolo como la víctima principal de una supuesta cacería política y judicial. Durante la emisión, el presentador articuló un relato que enmarca el proceso legal contra García Ortiz como un entramado diseñado exclusivamente para tapar el presunto fraude fiscal de Alberto González Amador. Para reforzar esta postura, el programa cargó duramente contra los magistrados del Tribunal Supremo que le condenaron. Llegándolos incluso a calificar de tribunal "tabernario" y de extrema derecha.

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Sin embargo, el espacio televisivo destacó por sus notables omisiones y contradicciones a la hora de abordar la filtración de los correos confidenciales. El programa evitó mostrar los mensajes en los que García Ortiz presionaba a la fiscal madrileña Almudena Lastra urgiéndola a publicar la polémica nota de prensa para no "perder el relato". Asimismo, pasó por alto el hecho de que la Cadena SER supo que la Fiscalía iba a emitir dicho comunicado en el mismo momento en que publicaba la filtración e intentó justificar torpemente que el fiscal general borrara todo el contenido de su teléfono móvil el mismo día que fue imputado.

La estrategia del formato se centró en victimizar al fiscal general. Évole sugirió que fue "matado públicamente" y utilizó la supuesta crispación de la sociedad madrileña como telón de fondo. En su afán por deslegitimar el proceso legal, tachó a todas las acusaciones populares de formar parte de una movilización de la ultraderecha metiendo en el mismo saco al Colegio de Abogados de Madrid. Curiosamente, al intentar desvincular a la Fiscalía del poder político, la entrevista ignoró por completo que la antecesora de García Ortiz, de la cual él era el número dos, fue ministra de Justicia del Gobierno socialista, dejando clara la línea editorial y exculpatoria del programa.