José Luis Rodríguez Zapatero ha elegido a Víctor Moreno Catena para que le defienda en la investigación que tiene abierta en la Audiencia Nacional. Tenía mucho donde elegir, especialmente en el sector mediático, donde en las últimas 72 horas se ha visto a un ejército de defensores de ZP con el que no todos los imputados acostumbran a contar.
La estrategia de estos abogados mediáticos parece ser variable. La primera línea de defensa era la teoría de la conspiración lawfare, consistente en sostener que la justicia está controlada por una panda de neonazis ultras que siguen la consigna de Aznar de “el que pueda, que haga”. Entre los primeros letrados que apuntaron esta línea se encontraba Jordi Évole con un tuit, en el que advertía que “por primera vez se condena a un fiscal general del Estado” y “por primera vez se imputa a un expresidente del Gobierno”, y recordaba la frase del maligno mientras se lo imaginaba “fumándose un puro mientras escucha”. Puestos a recrear, podría imaginárselo acariciando a un gato blanco mientras toca la Tocata de Bach en el piano. El Plural y el tertuliano de TVE Hugo Pereira, valga la redundancia, lamentaban que un expresidente fuera imputado “por lo dicho en el programa de Iker Jiménez” (deberían revisar sus fuentes). Y el director de este digital, José María Garrido, afirmaba en TVE lo convencido que estaba del lawfare de manual y lo trágico que era que se investigara “al único presidente del Gobierno al que no le habían imputado a ministros” (¿para él qué eran Magdalena Álvarez o Manuel Chaves?). Ojalá se valoren su esfuerzo tanto como ellos desean.
La segunda línea de defensa era recurrir a la enfermedad. Sostener que Zapatero era víctima del “síndrome del expresidente lobista”. Sostener que Zapatero solo era culpable de haber hecho lo mismo que Felipe González yJosé María Aznar, pero que los tribunales solo iban a por él porque le tienen manía. Teoría expuesta por tuiteros como Vallín y por programas como El Intermedio o Mañaneros, de Javier Ruiz, con distinto grado de entusiasmo. Si los defensores de esta línea argumental consiguen acreditar que Aznar o González han asesorado a alguna empresa a la que luego el Consejo de Ministros ha regado con 50 millones, la comparación será más que pertinente y los que enarbolan esta consigna serán buenos abogados. Si, por el contrario, ese supuesto no se da, entonces habrá quien clasifique a estos aspirantes a abogados defensores como vulgares manipuladores.
Ignacio Escolar se lo curraba un poco más en busca de argumentos defensivos y exponía la teoría de que el culpable de todo era Julio Martínez, que era el que habría estado usando el sagrado nombre de Zapatero sin que este lo supiera. De ser así, solo haría falta entonces que Escolar explique el motivo de los abultados emolumentos que cobraban tanto Zapatero como sus hijas. Reconocerá que, como poco, son unas cifras un tanto rarillas para los servicios que se supone que prestaban.
Los abogados de Prado del Rey son, sin duda, los más baratos. Pero debería excluir de la alineación a quien, como Pérez Royo, con tanta 'fortuna' defendió a los acusados de los GAL o el Procés, todos condenados
Pero, de todos los letrados con los que ha contado Zapatero en las últimas tres jornadas, los mejores están en el despacho de Prado del Rey, con La Hora de La 1, Mañaneros, Malas Lenguas o La Noche en 24 Horas. Principalmente porque es el más barato, dado que lo paga el contribuyente. Y donde se sucedían los analistas independientes como Luis Arroyo o jueces sin sesgo alguno como Martín Pallín para defender el buen nombre de Zapatero. Algunos de estos abogados mostraban grandes cualidades, como la del reciclaje. Ernesto Ekaizer, sin ir más lejos, reciclaba argumentarios en el programa de Cintora al decir que Zapatero era víctima de “un golpe de Estado” (Malas Lenguas, 19-05-2026). El mismo discurso que el propio Ekaizer esgrimía en la misma cadena hace 20 años para referirse a la oposición que hacía el PP de Acebes y Rajoy, diciendo que eran “golpistas” (59 Segundos, 4-10-2006). Si un argumentario le gusta, ¿para qué renovarlo?
Pérez Royo sentencia a Zapatero
Pero si toda la lista de abogados defensores que se han ofrecido a Zapatero puede ser para él una señal de optimismo, mucho es de temer que también desde TVE se le ha lanzado el mayor jarro de agua fría posible en el actual contexto para el expresidente: y es que el catedrático Javier Pérez Royo ha aparecido a defenderle. El 19 de mayo estuvo en el programa de Cintora y el día 20 en el de Javier Ruiz para defender a Zapatero y despotricar contra lo vacío y carente de valor que era el auto del juez Calama.
Pocas cosas pueden simbolizar peor augurio que ser defendido por Pérez Royo. Se descubrió como tertuliano a principios de los noventa. Participaba en las tertulias de Jesús Hermida en Antena 3 o en las de la Cadena SER. Atornilló su rabadilla en los asientos de los opinadores profesionales y ahí sigue, treinta años después. Lo malo es que basta que defienda a alguien para gafarle.
En el periodo 1993-1996 era el defensor número 1 del Gobierno de Felipe González. Aseguraba que pedir la dimisión de un presidente por casos de corrupción era antidemocrático. Que todo lo que no fuera presentar una moción de censura era golpismo. Y, lo más importante, se erigió en defensor acérrimo de la inocencia de los acusados por el caso GAL. Según aquel Javier Pérez Royo, el único problema que tenían José Barrionuevo y Rafael Vera es que eran víctimas de una conspiración de resentidos como Pedro J. Ramírez y Garzón. Según sostenía entonces el siempre certero Pérez Royo, “no había pruebas” para condenar ni a Barrionuevo ni a Vera. El problema es que su criterio no fue compartido por el Tribunal Supremo, que condenó a ambos políticos a 10 años de prisión. Pérez Royo dijo entonces que se debía a que los magistrados habían sentenciado bajo criterios políticos y no jurídicos, siempre la conspiración (El País, 6-08-1998).
En las elecciones de 2000, los de Informativos Telecinco pidieron a los partidos dos figuras mediáticas para que ejercieran de ‘abogados’ de los dos principales candidatos a presidente del Gobierno. El encargado de defender al candidato del PP, José María Aznar, fue Federico Jiménez Losantos, y el encargado de defender al candidato del PSOE, Joaquín Almunia, fue Javier Pérez Royo. No dio mucha suerte a aquella candidatura. Aznar sacó mayoría absoluta y Almunia tuvo que dimitir la misma noche electoral tras su fracaso. No faltaron desaprensivos que pensaron que el apoyo de Pérez Royo le había gafado.
El mediático catedrático siguió en la órbita del PSOE y el PSC, y fue uno de los redactores de ese exitoso proyecto que fue el Estatut de Catalunya del año 2006, que tantos problemas, se suponía, iba a solucionar y tan compatible, se aseguraba, era con la Constitución española. El TC tuvo algunas reservas a ese respecto y no parece que ni los mismos inspiradores de aquel Estatuto quedaran demasiado satisfechos. Cuando estalló el caso de los ERE en Andalucía, hubo medios que airearon lo repetitivo que era ver a Javier Pérez Royo por Canal Sur, y que creían ver en sus intervenciones una defensa acérrima de los socialistas investigados y una crítica feroz a los jueces que los investigaban, como la juez Alaya. Tampoco entonces tuvo demasiada suerte, dado que la cúpula socialista andaluza acabó procesada y sentenciada tanto por la Audiencia, en primera instancia, como por el Supremo, en sentencia firme. Solo Conde-Pumpido pudo salvar a Griñán de la trena.
En noviembre de 2015, cuando parecía que se iba a producir un sorpasso en la izquierda y que Podemos iba a reemplazar al PSOE como primer partido de este espacio político, Javier Pérez Royo se apresuró a saltar a sus filas. Y el día 9, Pablo Iglesias anunciaba orgulloso “el lujo” que suponía contar con Pérez Royo y anunció que sería su número 3 por Sevilla. Aquella aventura no superó los 10 días y, al final, el catedrático quedó fuera de las listas de Podemos. Se abrieron las especulaciones sobre si su exclusión se debía a que Luis Carlos Rejón y otros habían malmetido contra él alegando que su pasado como defensor de los de los GAL y los de los ERE no era la mejor carta de presentación para la “nueva política”. O quizá es que Iglesias y Errejón fueron conocedores de su fama de gafe.
Entonces Javier Pérez Royo decidió prestar sus servicios al independentismo catalán. Y en pleno 2017, el año del procés, empezó a aparecer por tertulias de TV3, Catalunya Ràdio y el periódico Ara para defender la actitud de los independentistas “ante el golpe de Estado” que el PP estaba dando contra los catalanes a través del Tribunal Constitucional. No parece que aquella jugarreta de la DUI les saliera demasiado bien. Pérez Royo no dudó en defender la fuga de Puigdemont diciendo que “se iba ejerciendo el libre derecho de salir del Estado y fijar su residencia donde quisiera”, y, durante el juicio, apareció en todos los medios que le invitaban para asegurar que los tribunales españoles estaban cometiendo “monstruosidades” y que Oriol Junqueras no podía ser considerado promotor de rebelión alguna. Tampoco entonces los jueces compartieron su criterio y Junqueras fue condenado a 13 años de prisión. La defensa de Pérez Royo parecía ser garantía de condena.
Álvaro García Ortiz sería otra de las víctimas de Pérez Royo. Cuando comenzaba su juicio por posible filtración de mails, cuando aún en sectores mediáticos y jurídicos había dudas de si este sería condenado o no, basto que irrumpieran en escena las tribunas de Javier Pérez Royo en ElDiario.es en su defensa y sus participaciones tertulias asegurando que no había prueba alguna contra él y lo claro que estaba que era inocente, para que muchos entendieran, tras escucharle, que el santo varón que es García Ortiz, después de eso, iba a ser condenado. Tipo al que defendía, tipo al que gafaba.
Ahora Javier Pérez Royo ha salido en defensa de Rodríguez Zapatero asegurando lo claro que está para él que el auto del juez Calama no valía un pimiento. Verle poner el mismo énfasis en la defensa de la inocencia de ZP que el que años atrás ponía para defender la inocencia de Barrionuevo, de Manuel Chaves, de Junqueras o de García Ortiz, todos condenados, permite suponer la magnitud del mal de ojo al que se enfrenta Zapatero. Que todos sus abogados, los de la toga y los de los medios, le presten su apoyo. Tras el varapalo que le acaba de dar Pérez Royo, le hará falta.
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