Zapatero, con joyas de muerta, con anillos de sacerdotisa, con pesados collares como anclas o aldabas, igual que una Dama de Elche de aparadorcito. Zapatero, con brillo líquido y mineral, con encaje de luz, piedra y hojas lanceoladas, como una fuente antigua, como la cascada sobre un jardín de pavos reales. Zapatero, con terciopelos negros cristalizados en dagas, con sangre negra aperlada en racimos, con escarabajos negros encarcelados en vidrio, con alacranes negros anidados en la garganta como en un sarcófago entornado. Zapatero, socialismo de gran duquesa congelada, de diosa putrefacta del cine, de fantasma de bisabuela en mecedora, de reina bruja pillada en sus fantasías de espejito y alcoba. Hemos encontrado a Zapatero estrellado contra una vitrina de joyas, como un godo con ajuar godo o como un alunicero de ojos de gato. O lo hemos encontrado acostado en la extensa tumba de una antepasada como la extensa tumba del Titanic, habitada por larvas, maderas, marfiles y alhajas. Pero yo diría que todo el entramado de empresas pantalla y negocios arborescentes son nada al lado de este tesoro precolombino o abulense, obsceno o sagrado, regio o mercante, que extendido es como un gran árbol gemológico, el árbol de la vida de Zapatero, con toda la superstición, la suntuosidad, la estafa y la baratija de lo suyo colgando no ya como gemas sino como bellotas.
Zapatero, enjoyado como una santa de Franco, o la santa esposa de Franco, o al menos de un ministro de Franco, con todo ese joyonerío de la época entre el flamígero y la empanada, entre la confitería y la herrería, entre el luto y el esplendor. Zapatero, cubierto de joyas como de escamas, de piedras preciosas como de ojos, de obscenidad como de sanguijuelas. Zapatero, con todos sus tesoros encima como una folclórica huyendo con todo el baúl puesto. Sí, ya hemos visto los memes, pero no hay que imaginarse ese tesoro de reina mora o de Sara Montiel desplegado o arrojado sobre su cuerpo como diamantes de Marilyn o como oro de pirata o de odalisca o de novia de gánster. La verdad es que yo me lo imagino más dentro de su cuerpo, como un sistema linfático abollonado de pedruscos, o incluso como un circuito circulatorio o de savia entre su cuerpo y otra cosa u otro ente, como el repugnante micelio que conectara, igual que telarañas, sus cofres y sus venas, sus sedas y su garganta, su corazón socialista con algún organismo o colmena. Pero no, yo creo que no hay que imaginarse ese tesoro así, vistiendo o enraizando a un sultán o a una momia. Hay que imaginarse este tesoro sobre su figura simbólica y pedagógica de pobre con cestillo, de santo con saco, de socialista con bicicleta, de estadista mundial con la solapa llena de cagaditas de paloma de la paz como cagaditas de Miró.
“Un socialista es alguien que tiene poco y está dispuesto a dar mucho”, según versículo de Zapatero que habría que decir persignándose o, para los más entregados y entrenados monaguillos del PSOE, con cadencia de amén o plagal (del grado IV al grado I). A este Zapatero desnudo o casi desnudo, en camisón socialista o de novicia o de don Quijote, o sea al profeta con palomas sobre los ojos y celaje celestial en la sonrisa, es al que hay que ponerle el tesoro como a un santo dos pistolas, para que no lo veamos como a una virgen enjoyada sino como al ladrón del templo. Yo creo que el socialista puede perdonar lo del dinero, que hasta el cura pide dinero y los socialistas también lo han pedido y manejado mucho, para sus misiones, para sus criaturitas, para la salvación del mundo o para la dignidad de esa sagrada encomienda suya en la que a veces se pierden miguitas o pepitas. Pero lo que revienta el relato y la fe socialistas es la hipocresía, la del faquir que luego se viste de conde veneciano, la del pobre de espíritu que luego se revuelca en oro, como Tío Gilito, y se complace en la acumulación y en la contemplación privada más que en la ostentación. Hay a quien le gusta tanto el lujo que no puede ni andar de todo el que lleva encima, como un elefante o como M.A. Pero eso no es tan inmoral como andar sermoneando al personal mientras piensas en todo lo que tienes guardado para cuando quieras sentirte Cleopatra o quizá sólo sicario.
No se puede dudar de que este tesoro le corresponda a Zapatero, o a todo el PSOE de Sánchez, como herencia o como botín
Zapatero, con joyas de esposa, con manos de obispo, con el lujo o el pecado vitrificados en reliquia, como una regenta o una madame. Zapatero, con pagodas en el cuello, con pendientes de arcón, con acero de plata, con cachas de oro, como una princesa china o una hacendada venezolana. Este tesoro, a medio enterrar o a medio desenterrar, a medio disolver o a medio regurgitar, como un tesoro de vampiro, no es desde luego tan inmoral como traficar con la pobreza, con los opositores, con las dictaduras o con los muertos. Pero este tesoro, arqueológico y mortuorio, que parece el ajuar de todo un entierro de infanta o de toda una boda en un cementerio, yo creo que tiene una homogeneidad simbólica y maldita, por su origen o por su destino. Es como si hubieran sabido desde el principio que todo aquello iba a terminar en una cripta, en un naufragio o en un manicomio. No se puede dudar de que este tesoro le corresponda a Zapatero, o a todo el PSOE de Sánchez, como herencia o como botín.
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