Seguida por las cámaras, la interminable caminata de Delcy en el hemiciclo se pareció a una peregrinación. Paso a paso para besar la mano de Pedro Sánchez, un jefe de gobierno devaluado (su pull-aside más relevante fue con el alcalde de Nueva York), quien intentó ignorarla y deshacerse de su cordial saludo velozmente. No obstante, el objetivo estaba logrado: incomodarle.
Delcy comenzó pisando fuerte en el gran escenario. Tal vez se sentía como Barbra Streisand interpretando a Fanny Brice en Funny Girl. Es la historia de una chica sin belleza ni talento, pero con comicidad, que logra triunfar en Broadway gracias a su perseverancia. La historia narra su romance con Nick Arnstein, un apostador profesional con varias condenas por defraudación y estafa. Cualquier semejanza con la realidad es pura casualidad.
Así fue que Delcy tomó el podio del gran escenario como protagonista de una historia casi mágica. Tan sorprendente ha sido todo desde aquel 3 de enero, que ahora se animó con una disertación sobre teoría democrática. Aseguró de forma categórica que en Venezuela "habrá elecciones" y que su gobierno abrió un "diálogo con sectores de la oposición". Afirmó que una elección debe ser "una solución" y no un motivo de "conflictos irreconciliables", y que la democracia "no se mide por la existencia de elecciones", sino por "la calidad de la competencia". Streisand obtuvo un Oscar por su actuación, Delcy debería postularse.
El príncipe Zapatero, como ella solía llamarlo, debe haber sufrido al escucharla. Es que resulta improbable que Delcy asimilara conceptos tan precisos leyendo a Locke y a Montesquieu, más bien escuchando el verbo exuberante de Zapatero. "Qué ingratitud", debe de haber pensado el príncipe mientras inventariaba las joyas, "ni siquiera me cita al hablar de diálogo". Yo, por mi parte, pensaba en Hanna Arendt: "Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que nadie crea en nada".
Es que se hace difícil creer en algo cuando la ejecutora de los crímenes de Maduro, una de las jefas del Cartel de los Soles, funcionaria de alta jerarquía en la cadena de mando de la represión y responsable por innumerables fraudes electorales, ahora nos imparte una clase de democracia, desde el podio y en las Naciones Unidas, nada menos. Además, con el auspicio del presidente de Estados Unidos. Trump y Rubio también aseguraron que habrá elecciones. Al igual que Delcy Rodríguez, tampoco indicaron fecha alguna.
La mutación de Trump es posterior al 3 de enero. Ese día capturó a Maduro y lo recluyó en Nueva York a la espera de su proceso judicial, pero manteniendo al régimen chavista intacto y construyendo una relación con Delcy Rodríguez basada en petróleo, seguridad, inteligencia y deportaciones. La reciente Asamblea General de la ONU sirvió para exhibir ante el mundo una suerte de normalización de una relación que transcurre en términos transaccionales. La democracia y el Estado de derecho no son parte de dicha ecuación de poder.
Difícilmente alcance para legitimar esa relación. Ocurre que, al mismo tiempo, se informa que María Corina Machado ya lleva siete intentos de regresar a Venezuela desde Panamá, por aire, tierra y mar. La administración Trump sostiene que Machado puede regresar cuando quiera, pero los obstáculos que ha encontrado para concretar su viaje sugieren un sabotaje de la Casa Blanca. Es que la sola presencia de Machado en Venezuela aumentaría la presión para las elecciones, interfiriendo en la relación de Estados Unidos con Delcy Rodríguez. Sería un verdadero wild card. La noticia de su frustrado intento de regresar ya ha provocado manifestaciones populares en Venezuela.
Como cualquier déspota del planeta, Delcy puede prescindir de elecciones, separación y equilibrio de poderes, pero Estados Unidos funciona con ellos"
Trump y Rubio no propusieron fecha alguna para las elecciones, pero el senador Bernie Moreno, republicano por Ohio, sí lo hizo: julio de 2027. No es el único legislador republicano, en ambas cámaras, que rechaza el acuerdo con Delcy Rodríguez, apoya el regreso de María Corina y subraya la necesidad de avanzar a pie firme hacia la transición democrática.
La administración Trump diseña su estrategia ignorando la restricción institucional más sólida que enfrenta: el calendario. En Florida, sin ir más lejos, hogar de muchos venezolanos, el apoyo a Delcy puede ser un bumerán el próximo noviembre. Un mal resultado también podría afectar las chances de Rubio de lograr su nominación para 2028. Los demócratas, por su parte, exigen elecciones en Venezuela y prometen investigar los acuerdos petroleros si ganan la Cámara de Representantes.
Se llama elecciones libres, separación y equilibrio de poderes; o sea, democraciaefe . Como cualquier déspota del planeta, Delcy puede prescindir de dichos obstáculos, pero Estados Unidos funciona con ellos. Sabemos que Trump será el inquilino de la Casa Blanca hasta el 20 de enero de 2029. Lo que no sabemos es si el próximo noviembre será un presidente más fuerte o más débil que hoy. Es decir, no sabemos si tendrá más o menos autoridad para impulsar su agenda, la de Venezuela incluida. La política es siempre un juego de final abierto.
Héctor Schamis es investigador y profesor de economía política y democracia de Latinoamérica y países post socialistas en Georgetown University. @hectorschamis
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