Tras las primeras citas democráticas sin cara a cara presidenciales entre 1977 y 1986, el gran hito llegó en 1993 con los dos debates entablados entre José María Aznar y Felipe González. La derrota de Aznar en el segundo encuentro emitido en Telecinco supuso un impacto psicológico en las filas populares, motivo por el cual el líder del PP rechazó nuevos debates cara a cara cuando encabezaba las encuestas en 1996 y 2000, una estrategia de rechazo que mantendría Mariano Rajoy en 2004.

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La postura del Partido Popular mutó hacia la exigencia de debates al pasar a la oposición, celebrándose los duelos ante José Luis Rodríguez Zapatero en 2008 y Alfredo Pérez Rubalcaba en 2011. Con la irrupción de la "nueva política" en 2015, los formatos se diversificaron: Rajoy declinó participar en el debate multipartidista delegando en Soraya Sáenz de Santamaría, aunque en la repetición de 2016 sí aceptó medirse a cuatro bandas. Más tarde, las elecciones de 2019 estuvieron marcadas por complejas disputas organizativas entre cadenas de televisión y la Junta Electoral para la fijación de los debates entre los candidatos a la presidencia.

En las generales de 2023 la dinámica volvió a reproducirse cuando Pedro Sánchez propuso múltiples citas televisivas mientras Alberto Núñez Feijóo aceptó solo un cara a cara y rechazó acudir al debate a cuatro. La ausencia del candidato del PP frente a los líderes de PSOE, Vox y Sumar fue señalada posteriormente como un elemento determinante en el desenlace electoral de los populares. De cara a los próximos comicios, la configuración final de los debates volverá a estar condicionada por la capacidad del PP para superar sus tradicionales reservas ante este formato.