Todavía viene Tezanos de vez en cuando, como el chalado del parque, con un palomar en el sombrero y barba de miga de pan, a traernos una encuesta como un tesoro de basura y serrín entre sus mitones. Lo del CIS de Tezanos no es sociología ni estadística ni ciencia, sino una especie de venganza contra la realidad ejecutada a través de la fantasía, como los frikis, o a través del delirio, como los dementes. A Tezanos quizá no es que le hablen desde la Moncloa, sino que le hablan, como desde un bosque mágico, los pájaros, el viento y hasta hadas amapoladas como esas ministras amapoladas nuestras (las mentiras ya son tan evidentes que hasta las ministras se ruborizan y el golpe de sangre incluso les parte la sonrisa, como un trombo o como un carmín mal puesto). Me pregunto si a Tezanos le hablan los mismos seres luminosos, con gorro de seta y faldita de pétalos, que le hablaban a Yolanda Díaz, a la que, por cierto, no vamos a echar de menos porque Ada Colau va a heredar la casita de la pradera y el idioma de las ardillitas. La verdad es que uno no cree que el CIS sirva de propaganda, porque cuando sale es un día de cachondeo nacional, con inocentada en el Telediario como antes, con Romay a caballo y cosas así. Lo de Tezanos tiene que ser más bien una escapatoria o un diagnóstico psicológicos, como hablar con el loro o con los desconchones, o escuchar el clamor popular horadándote la cabeza con sonido de chorrito.
El CIS de Tezanos, que no sabemos si lo han traído los pajarillos, como una colada de Blancanieves, o el poniente, como unas cabañuelas de agosto, o lo han traído los monstruos del armario, con sombra de gabardina y dientes de cremallera (como los dientes de las sonrisas de nuestras ministras), o lo han traído pastillas bajo la terrible luz blanca de la realidad o quizá la irrealidad; el CIS de Tezanos, en fin, gloria de la inventiva, pseudociencia de pastores, trombo en el occipucio o colocón natural o sintético, le da 12 puntos de ventaja al PSOE sobre el PP, ahí es nada. Esto significa invertir todas las demás encuestas, pero esto no es nada una vez que uno ha confiado en la magia, o en tu sueño lúcido y lúbrico, o en lo que te dicen los animalillos y las flores (como en la Tercera de Mahler), o en la pura química. Invertirlo todo, los porcentajes, las tendencias, las dimensiones, los mismos ejes de la realidad, parece algo del mundo de Alicia y a lo mejor lo es. Pero es que nuestra política ya no se sustenta en la realidad, de hecho ya no existe realidad, sólo relato. La exageración del CIS quizá no intenta mostrarnos una realidad enferma o tergiversada, sino darnos motivos para dudar de la realidad. Al menos, de la ciencia que intenta explicar esa realidad. Quizá la misión del CIS es mostrar, con su ciencia ambigua o manipulada, que toda la ciencia es ambigua y manipulada. Que todas las encuestas pueden ser falsas, o tener dueño, como ocurre con las del CIS. Y esto a lo mejor ya es suficiente para la esperanza de los desesperados.
Tezanos quizá no es un zumbado con acordeón y casita de pájaros, sino, más bien, como ese magufo, conspiranoico o estafador que parece usar la ciencia para negar la ciencia. Esa gente que coge cualquier aspecto de la ciencia “establecida” y te dice que eso “sólo es una teoría”, para enseguida sacarte la suya, que es mucho más evidente y sencilla, entre otras cosas porque no pretende convencer a la comunidad científica sino sólo al colega de forocoches, que aún sospecha o se acojona ante los eclipses. Así, los marcianos con ojazos, los fantasmas con sonajero y la Tierra con forma de tapacubos pueden tener tanta verosimilitud, o más, que el Tensor de Einstein. En realidad, lo de Tezanos encaja a la perfección en la lógica del sanchismo: Tezanos intenta usar la ciencia para negar la ciencia igual que el sanchismo intenta usar la política para negar la política. La tarea global es la destrucción de la realidad, y ahí entra muy bien Tezanos, que hasta parece de verdad un ebanista inverso, un Gepetto dedicado a reducir a virutas los muebles de madera y hasta los niños de madera. Sánchez pretende que dudemos de lo que hemos visto, de lo que hemos oído, de lo que él ha dicho y hecho delante de nosotros, y con mucha más razón va a pretender que no nos creamos ninguna encuesta, ni siquiera las del CIS, que por eso salen tan locas.
Quizá la misión del CIS es mostrar que todas las encuestas pueden ser falsas, o tener dueño. Y esto a lo mejor ya es suficiente para la esperanza de los desesperados
Todavía viene Tezanos de vez en cuando, con el sombrero destapado como una lata de alubias, con la mano también abierta, llena de plumas y bichos, como un nido, a traernos una encuesta famélica o ya muerta, como una lagartija muerta, que no quiere nadie ni falta que hace. Asumimos ya, ante la lagartija muerta y ante la realidad, que las encuestas de verdad dicen lo contrario que Tezanos. O sea, que la izquierda se hunde porque no se puede hacer política contra la realidad todo el tiempo, por mucho que sonrían las ministras, como marionetas con sonrisa, por mucho que Ada Colau se vista de seda o de pañolón (es como la Doña Rogelia de la izquierda), y por mucho que Sánchez crea que la gente va a olvidar su inolvidable carrerón apenas se abra la chaqueta, como si fuera Hugh Grant. También dicen las encuestas que suben la derecha y la ultraderecha (hasta en Cataluña el principito Puigdemont puede quedar detrás de esa Aliança Catalana que hace que Junts parezca Alicia del Río, la sargento de hierro de Sol). Suben, claro, por el pendulazo histórico y sociológico que llega cada vez que las izquierdas fracasan, que es siempre, pendulazo que dura hasta el siguiente olvido. Pero las encuestas nunca son el futuro, sino la foto del presente. Y ni siquiera es una foto nítida.
Las encuestas fallan, por el voto oculto, por muestras mal diseñadas, por la misma volatilidad de la política o de la psicología, o, a veces, porque van con cocinero, como las estrellas de rock. Tenemos cierta superstición aquí con las encuestas, hay quien quiere ganarlas, hay quien prefiere perderlas; hay, como ocurre con Sánchez, quien quiere que no nos creamos ninguna porque el milagro es lo contrario de la ciencia; y hay quien no quiere saber nada de ellas, que les da como mal fario. Las empresas demoscópicas, mientras, siguen viviendo de no fallar, aunque no descarta uno que alguna viva precisamente de fallar, que sean de la escuela de Tezanos o vivan en el mismo bosque encantado. A veces el negocio no es tanto adivinar el futuro sino, como hacían los antiguos astrólogos con estrellas en el capirote, provocarlo o al menos propiciarlo. De todas formas, lo importante no es adivinar el futuro sino tenerlo planificado. Y no es acertar lo que se nos viene sino ser consciente de lo que nos ha pasado. Lo demás son horóscopos de colegiala boba o cabañuelas de viejo loco.
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